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Ocupaciones nocturnas
y masivas de las comunidades por parte de policías fuertemente
armados, golpizas, allanamientos, baleos y detenciones arbitrarias
constituyen una constante de un gobierno que, increíblemente,
postula a un puesto en el Consejo de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas. |
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Por Tito TRICOT*
I
Viernes 12 de Octubre de 2007 |
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Acá en
Chile, ni el gobierno ni el parlamento reconocen a los
pueblos indígenas como pueblos distintos con pleno
derecho a la auto determinación. Por el contrario, las
comunidades mapuche sufren constantemente la represión
policial. |
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Antes,
en los amaneceres violeta del mundo primero, los pueblos antiguos
pintaban tucanes para regalarle sonrisas a sus niños. Y así, en las
profundidades de la selva, en las alturas altiplánicas o en la ternura
oceánica, pasaban sus días. Hasta que una noche cualquiera, desde el
fondo del mar, irrumpió el conquistador hispano. Y lo hizo con tal furia
que hizo temblar el corazón indígena entre el fuego y las alabardas que
imponían un Dios desconocido para robar el oro y el alma de los
amerindios. Que nunca fueron indios y que no vivían en América, sino que
en Abya Yala, la tierra viva, fértil y, por sobre todo, libre. Pero los
europeos solo entendían de violencia, por lo que 60 millones de
indígenas perdieron la vida: asesinados, debido a enfermedades portadas
por los conquistadores, o como consecuencia de las inhumanas condiciones
de vida impuestas por la colonización.
Un etnocidio mayor que no termina con la independencia de América
Latina, puesto que todas las nacientes repúblicas proceden a la
asimilación o destrucción, tanto física como cultural, de los pueblos
originarios. Así, en la noche llegó el conquistador y al amanecer de la
independencia, llegaron con igual desprecio las elites chilenas,
peruanas, argentinas - entre otras - que marginaron al indígena hasta el
día de hoy. Lo mataron, lo encarcelaron, lo torturaron, lo cazaron como
animal, lo arrinconaron, lo forzaron a abandonar su idioma, sus
costumbres, su cosmovisión. Hasta el día de hoy. Pero, por entre las
grietas de la noche asomó una y otra vez la resistencia indígena preñada
de porfiada dignidad. Como acaeció en la comuna de Lumako, en el sur de
Chile, hace exactamente 10 años cuando los mapuche, cansados de que les
usurparan su tierra, se levantaron contra el Estado y las empresas
forestales.
Fue un nuevo grito de libertad, un soplo de ira antigua que recorrió los
bosques y montes del sur en octubre de 1997 para decir basta: basta a la
pobreza, la discriminación, la exclusión. Fue para decir inequívocamente
que el 12 de octubre los pueblos originarios no tienen nada que
celebrar, porque es el Día de la Raza, sí, pero de la blanca. Es el Día
del Racismo donde se congratulan mutuamente los conquistadores de ayer y
los ricos de hoy, mientras los indígenas se mueren de hambre. Sin
embargo, poco a poco, las cosas comienzan a cambiar y los pueblos
originarios se hacen respetar y, como sucedió en Bolivia, llegan al
poder por primera vez en 500 años. Acá en Chile, ni el gobierno ni el
parlamento reconocen a los pueblos indígenas como pueblos distintos con
pleno derecho a la autodeterminación. Por el contrario, las comunidades
mapuche sufren constantemente la represión policial y el acoso
permanente de las autoridades. Ocupaciones nocturnas y masivas de las
comunidades por parte de policías fuertemente armados, golpizas,
allanamientos, baleos y detenciones arbitrarias constituyen una
constante de un gobierno que, increíblemente, postula a un puesto en el
Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Sin embargo, precisamente este organismo internacional ha suscrito
recientemente - luego de más de dos décadas de debate - la Declaración
Universal de Derechos de los Pueblos Indígenas que establece
categóricamente el derecho de los pueblos indígenas a la
autodeterminación. Es decir, a decidir libre y soberanamente el modo
cómo organizar su vida social, económica, cultural y política. En este
contexto, deben respetarse sus derechos colectivos como pueblo, los
mismos que son conculcados a diario en nuestro país por parte del
Estado. Por lo mismo, este 12 de octubre no hay nada que celebrar,
excepto la inmensa dignidad mapuche /
Azkintuwe
* Gentileza
www.giraluna.cl
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