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FOTO DE ANDRÉS CARVAJAL. |
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El
Ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, y su ayudante, Rosende, son
represores innatos e incapaces de ejercer en democracia (que todavía no
tenemos pero que pretenden que sí es). Sus gritos y llamados a
zafarrancho son un mal chiste por peligrosos. Esto lo hacen en un Chile
donde el tristemente conocido Jorge Luchsinger se hizo famoso montando
incendios e insultando al pueblo Mapuche de modo racista y exigiendo
mayor represión.
Fue encontrado que mentía en varias ocasiones y hasta la Justicia
Chilena –que más bien parece Juego de Metrópoli porque el que más tiene
es el que más obtiene de ella- también se lo dijo así. Este individuo
ahora recibe más de mil millones de pesos por "sus tierras”. Y Juan
Agustín Figueroa Yavar, que reina en la estructura anti-democrática
chilena como pro-hombre/pro-pelafustán señorial, que es miembro de un
Tribunal Constitucional de características totalmente anti-democráticas,
colocado allí para cambiar algo que no le gusta al estado del post-pinochetismo.
Nadie lo eligió pero consigue lo que
quiere y le conviene. Este Figueroa es el mismo abogado que para su
propio interés, en un juicio por tierras ancestrales Mapuche, en el que
ya había perdido, torció la ley usando encapuchados y pagando a sus
testigos para encarcelar a los Lonkos Pichún y Norin y por “asociación
ilícita” a Patricia Troncoso. Llevan más de cinco años de esto. Ellos ya
habían sido absueltos pero ser poderoso en Chile no es broma: eso se usa
y abusa. Ahora va a recibir de manos de sus “compañeros de parranda”
cifras exorbitantes y especulativas por tierras usurpadas. ¿La compra de
las tierras que se van a devolver a las comunidades Mapuche y que
aparecen como de Luchsinger y Figueroa, es esto democracia? Esto es lo
que llaman agregarle daño al insulto. ¿O es un engaño electoral
disfrazado con una guerra anti-terrorista? Esta es la pretendida
ecuanimidad de los gobiernos chilenos. Muy ecuánime para los mismos de
siempre.
Los atentados de estos Batman y Robin del Ministerio del Interior, que
nunca han trepidado en decir (y apoyar con la represión) que las
peticiones Mapuche son falsas y meras justificaciones para hacer actos
criminales, no logran sujetar ni el agua. Hablan de diálogo quienes no
saben hablar ni respetar a un pueblo entero, ni tampoco a los chilenos a
quienes les mienten a diario. Han preferido “su guerra” y cuando matan
esconden, olvidan y aplauden a sus “fuerzas de su orden”. Sus
acusaciones y amenazas, han sido repetidamente demostradas de que están
basadas en montajes. En el caso de uno de los tantos falsos juicios
contra dirigentes Mapuche, el abogado y ex Juez Juan Guzmán demostró que
las acusaciones estaban basadas en torturas hechas por miembros de la
policía civil y de carabineros.
Tuvieron que dejarlos libres (para
volver arrestarlos con sus leyes de vergüenza antiterroristas y con la (in)Justicia
Militar. Porque Batman y Robin no aceptan ni siquiera sus ilegítimas
leyes. La ley son ellos y es para servir a los suyos. Conocen su
historia: siempre al pueblo mapuche hay que atropellarlo, “porque son el
enemigo”. Se han transformado en los jefes y justificadores de una
estructura estatal malsana, donde se hacen montajes y se tortura con
maestría. No es sólo Amnistía que denuncia la tortura en el mundo. En
Chile sabemos que eso se hace. El Robin de esta nota –es decir, Rosende-
justificaba un manual sobre tortura porque los miembros del GOPE, sus
inocentes palomas, deberían saber que era eso…
Las elecciones usualmente trastornan a la politiquería chilena. Y estos,
cuyos cargos dependen de ella, se asustan. Ya en varios asesinatos
impunes de las fuerzas represivas ellos los han “dejado pasar como si
nada” y han demostrado su mala fe. En los dos últimos, los de Matías
Catrileo Quezada y el de Jaime Mendoza Collío, han actuado de modo que
da vergüenza escucharlos. La presidenta, más preocupada de su imagen, no
ha recibido ni dado un solo paso para que se haga justicia, pretendiendo
que la Justicia e independiente en este país. Las renuncias de Pérez
Yoma y Rosende han sido pedidas por las víctimas porque se supone que en
sus cargos deben respetar la ley (“que es para todos”, dicen los
rasga-vestiduras desde esa ridícula plataforma de voceros del gobierno)
Pero ellos y sus jefes están sordos. La derecha incluso los acusa de no
hacer suficiente en lo que a reprimir se trata. Añoran la paz de los
cementerios clandestinos que aún esconden desaparecidos que la dictadura
y sus ayudantes establecieron y no aceptan encontrar.
En la reunión de Ginebra del 24 de septiembre del Consejo de Derechos
Humanos de Naciones Unidas, donde Chile debía responder a las
recomendaciones hechas contra sus violaciones de los derechos humanos,
yo escuché al embajador del gobierno decir haber usado la ley anti-terrorista
dos veces. Claro que él es el embajador: dice lo que le dicen decir.
Miente porque ese es su cargo y porque no tiene ética propia para
rechazar hacerlo. Esta seguidilla eterna de obedecer por principio,
-como funciona la Justicia Militar- se extiende por todos lados. En
Chile han usado la ley antiterrorista, por lo menos 34 veces, la misma
que han jurado eliminar. Que no hay presos políticos Mapuche, decía el
embajadorcito mentiroso: ¡hay más de 100 presos! Y ahora, suma y sigue.
El estado chileno, estos ministros, carabineros e institucionalidad
mienten como respiran. De capitán a paje. Cuando cambie el gobierno
aparecerán otros haciendo lo mismo si dejamos que nada cambie. Sería
bueno que escucharan la canción TODO CAMBIA los que se apoltronan en
tronos mal habidos o en elecciones legalmente manipuladas con una
Constitución mal parida. El matrimonio cómplice y represivo entre la
Alianza pinochetista y la Concertación gobiernista, con su lema que
suena a “que se beneficie más el que gane y siempre amigos” está
contento. Ambos aplauden la represión y olvidan la verdad. Se acomodan
por todos lados y han aceptado sin chistar “sus gobiernos” de marras.
Piñera, otrora prófugo por estafas que le limpió el mismo sistema legal
que se defiende, exige ahora aún más represión para tener limpio el
camino cuando gane lo que espera sea “su elección”. Mientras tanto hay
muchos Batman y Robin que esperan su turno, sobándose las manos en las
sombras. ¿Hasta cuándo?
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