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FOTO DE ARCHIVO. |
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Mirada de Mujer. Fue el título de la
IV Muestra de Cine y Video Indígena, realizada entre el 26 y 30 de
octubre en Santiago, donde se exhibieron documentales seleccionados de
los últimos tres Festivales Internacionales de Cine y Video de los
Pueblos Indígenas realizados por la Coordinadora Latinoamericana de Cine
y Comunicación de los Pueblos Indígenas (CLACPI), en Chile, México y
Bolivia. Desde 1985 dicho Festival viene recorriendo diversas capitales
del continente, promovido por CLACPI, organizaciones indígenas y
documentalistas. Las muestras de cine y video indígena se realizan todos
los años. La presente incluyó la colaboración del Grupo de comunicación
mapuche Lulul Mawidha y el Centro Cultural de España. La muestra incluyó
trabajos de Chile, México, Bolivia, Ecuador, Perú, Guatemala, Australia,
Canadá, Estados Unidos, España y Suecia.
Tras toda la organización estuvo Jeannette Paillan. Periodista y
destacada comunicadora mapuche, actualmente dirige CLACPI. En el
extranjero se la considera la primera documentalista mapuche y una de
las primeras realizadoras de cine indígena latinoamericano. Obtuvo el
Premio Ciudad de Córdoba a la Comunicación Solidaria, que había recibido
antes el escritor uruguayo Eduardo Galeano y el periodista Ignacio
Ramonet. Jeannette nació en Nueva Imperial, en la comunidad de Arenas
Blancas. Su familia emigró a Santiago cuando ella tenía 7 años. Realizó
su secundaria en el Liceo Nº7 de Providencia y terminó estudiando
periodismo en la Universidad de Chile. Su prueba de fuego y su entrada
al mundo del cine fue “bastante casual”, señala.
“Estudié Pedagogía, luego
Comunicación Social en el INACAP, pero siempre pensando en Periodismo.
No quería algo tan tradicional. Me gustaban las comunicaciones y lo que
estudié me dio una mirada, en diferentes disciplinas, de lo que hoy son
las ‘comunicaciones’. Me gustaba la fotografía, retratar, el proceso de
revelado, el descubrir las imágenes. Y de las fotos terminé en el video.
En un conflicto en Quinquén, en el Alto Bío Bío, una comunidad pewenche
que estaba a punto de ser desalojada, fui a tomar fotos y una amiga
llevaba una cámara de video y empezamos a registrar… En Santiago
mostramos las imágenes, era la rabia de la comunidad, cuando sacaban
unos cercos con yuntas de bueyes, botando los alambres de púa. Y las
imágenes hablaban por sí solas”, dice.
Las familias pewenches estaban en conflicto por la construcción de la
Represa Pangue. Las imágenes dieron la vuelta al mundo, mostrando lo que
nadie quería ver. Así nació el documental Punalka. Jeannette participó
en festivales de Europa y Latinoamérica y fue galardonada con el Primer
Premio Festival de las Primeras Naciones en Canadá. Luego vino el
documental Wallmapu, un documental de investigación que muestra la lucha
de los mapuches por recuperar las tierras que le fueron usurpadas tras
la mal llamada Pacificación de la Araucanía. Jeannette ha sufrido la
represión en carne propia durante el ejercicio de su trabajo. En 1998,
mientras registraba imágenes en la zona del Lleu Lleu, en un conflicto
entre mapuches y un particular, efectivos de Carabineros intentaron
quitarle su cámara y las cintas de video, de modo violento, incluso la
detuvieron. Ese mismo año, en otro fundo en conflicto un policía de
civil le quitó su cámara. A pesar que denunció el hecho, hasta el día de
hoy su cámara no le ha sido devuelta.
“No me considero todavía una cineasta, siento que todavía me falta un
poco. Primero soy, en este orden: mapuche, periodista y documentalista.
Me siento más una mapuche, documentalista, que aspira a hacer cine. Eso
soy. Soy documentalista por un tema más semántico. Cuando comencé a
registrar imágenes no sólo quería denunciar, quería informar, que se
supiera lo que sucedía y pretendía ser imparcial. Pero una se va
involucrando y opté por un punto de vista: ‘desde el pueblo mapuche’.
Quería que el pueblo mapuche construyera su propio mensaje. Hoy creo que
el cine no solo debe ser denuncia. Hay infinidad de materiales que dan
cuenta de lo que ocurre con los pueblos indígenas: informativos,
denuncias, fortalecimiento de la lengua, educativos, reivindicativos,
testimoniales, artísticos, etc.”, dice.
-Ahora estás dirigiendo CLACPI…
“Sí. Es una red y coordinación de
comunicadoras y comunicadores indígenas a nivel continental, que trabaja
por y para los pueblos indígenas, principalmente en la comunicación,
como una estrategia o como un escenario más de reivindicación de
nuestros derechos. Agrupamos a varios pueblos, que los podemos
identificar con algunos países, pueblos de México, del norte y centro
sur; indígenas de Guatemala, Ecuador, Perú, Paraguay, Venezuela,
Colombia, Bolivia y Chile, y también tenemos colaboradores de Brasil,
Cuba, Argentina, del País Vasco, y de Francia. Cada vez han ido saliendo
más apoyos, hay gente que participa de otros países también y estamos en
un proceso de mutuo conocimiento antes de que se integren plenamente a
la red. El objetivo central es generar espacios de reflexión, de
intercambio y coordinación entre las comunidades, organizaciones y
colectivos de comunicación indígena. Ayudar a la reflexión sobre el
papel de la comunicación indígena en el marco latinoamericano. También
fortalecer las iniciativas locales y a las comunicadoras y comunicadores
indígenas, que los comunicadores indígenas se conviertan en actores de
su propio desarrollo”.
-¿Cuántos años lleva CLACPI? ¿Cómo ha sido el trabajo?
“Esta red lleva bastante tiempo.
Surgió en 1985 en el marco de un Festival que se realiza en México. En
su inicio es una red impulsada por gente que hace comunicación y
estudiosos de la temática indígena que ven en la estrategia del video
una plataforma de visibilizar la situación de los pueblos indígenas, y
que consideran relevante hacer un proceso de transferencia hacia los
pueblos indígenas. En el mundo hay un importantísimo porcentaje de
pueblos indígenas en serio riesgo de extinción, acorralados, viviendo
una enorme violación de sus derechos humanos. Es uno de los motivos que
nos impulsan a que se conozca la cultura de los pueblos indígenas. El
cine, el vídeo, el documental muestran una realidad, que la mayoría de
la gente no imagina y no conoce. Esas herramientas sirven también para
desmitificar. Las sociedades están marcadas por estereotipos y, sin
duda, muchas películas son el resultado de eso, de cómo se nos ve, desde
los indígenas que antes eran buenos y sabios, hasta la visión del
chileno común, que somos borrachos y conflictivos. Debemos dejar de ser
lo que nos han dicho que somos. Pero en nuestras sociedades no hay
libertad de expresión, venimos de dictaduras, y los indígenas siguen
sometidos. En ese contexto los comunicadores encontramos muchísimas
dificultades y debemos sobreponernos a los cercos informativos. CLACPI
quiere aportar en ese sentido.
Los medios de información siguen siendo instrumentos de penetración y
colonización. A eso se suma la alta concentración de los medios en pocas
manos y que imponen una sola visión, la que le interesa al poder. Por el
contrario, los medios de comunicación indígenas se han levantado como un
instrumento para cambiar esto moldes. Son el lente y la voz de los
pueblos que se oponen a la destrucción de la biodiversidad y a la
desaparición de la cultura de los indígenas”.
-¿Desde que surge CLACPI en los ‘80, hasta ahora, ha habido un impulso,
un avance?
“De hecho no solamente ha habido
impulso, sino que grandes transformaciones. Ha habido modificaciones de
cómo se había planteado en un principio. Primero, era un Consejo
latinoamericano, sólo de los pueblos indígenas. Solamente enfocado a lo
que era el video. Las transformaciones que ha tenido CLACPI tienen que
ver con los cuestionamientos y el protagonismo que empezamos a tener las
comunicadores y comunicadores, y también las organizaciones indígenas
dentro de este organismo, que finalmente se abre a lo que es una
Coordinación.
Poco a poco, desde el 2004 en que se realiza en Chile un Festival, acá
en Santiago, se hace un cambio y asume por primera vez un indígena, de
Oaxaca, del pueblo zapoteco de México. Fue el primer coordinador del
CLACPI. Después vino un segundo coordinador, quechua, de Ecuador, y yo
soy la tercera coordinadora, mujer y mapuche. En ese mismo orden, desde
gente que no era indígena hasta el hecho de empezar con varones
indígenas, hasta que asumí el año pasado, se marca un avance no
solamente en el protagonismo, sino que en que las mujeres indígenas
empezamos a sumir un rol más protagónico en lo que es la conducción de
organizaciones a nivel internacional”.
-¿Cuántos Festivales ya se han hecho y cómo ha sido la
experiencia?
“Hemos hecho nueve festivales que
tienen varias características: son itinerantes, nos planteamos no
solamente visibilizar los trabajos y abrir esa ventana o proporcionar
una ventana para las realizaciones indígenas, sino que también impulsar
procesos en aquellos lugares donde no hay una construcción o un trabajo
en el área de comunicación. Por otro lado, se plantea la posibilidad de
reforzar en aquellos lugares donde existe una experiencia pero es
necesario fortalecerla. Los países o los lugares que se eligen para que
se realice el Festival, junto con tratar de impulsar o reforzar
procesos, tiene que ver también con la situación política que está
viviendo ese país en un momento determinado. El año pasado, por ejemplo,
se hizo el Festival en Bolivia, y no era casualidad. De hecho, el
Festival coincidió con todo lo que pasó en la medialuna de Bolivia.
Estaba planificado un Festival a realizarse en dos zonas, en La Paz y
Santa Cruz, y terminó por razones obvias solamente realizándose en la
Paz. No alcanzamos a hacerlo en Santa Cruz. Ha sido lo más cercano a lo
que son las ‘reacciones indígenas’. Por esos días estalló el conflicto.
Por
regular siempre llegamos tarde, pero esa vez estuvimos precisamente ahí
donde estaba estallando todo. Creo que eso habla un poco de que estamos
mejor, al menos en el caso boliviano. Nosotros queríamos ir a Santa
Cruz, lo considerábamos una situación políticamente difícil, que podía
tener muchas posibilidades de reacción, pero que nos permitía situar lo
indígena desde un punto de vista distinto. Nos permitía socializar y
plantear la visión de lo indígena desde una óptica distinta. Hubo un
intento fallidos de los grupos de derecha de desestabilizar al gobierno
del indígena Evo Morales, y volver atrás. Hubo una masacre en el
Departamento de Pando, indígenas y campesinos asesinados por opositores
al gobierno de Evo. Hubo agresiones físicas y verbales, destrucción de
sedes de organizaciones indígenas, persecución a líderes y comunicadores
en Santa Cruz, Beni y Pando”.
-¿Por qué se realizó la muestra en Santiago?
“Intentamos hacer algo en las
comunidades, pero pasa por un problema de financiamiento, de las
oportunidades que se tienen y, hasta ahora, no hemos logrado tener todas
las condiciones para realizarlo en otro lugar. Aspiramos no solamente a
hacerlo en Temuco u otra ciudad del sur, sino a que sea itinerante y
poder hacerlo en zonas rurales. Ese es el para dónde queremos ir
trabajando”.
-¿Cuál es su opinión sobre los documentales indígenas de Wallmapu
y Chile? Pareciera que siempre se retrata el conflicto y no otras
visiones de lo mapuche. Pareciera que siempre se responde a lo
coyuntural…
“Sí, pareciera que es así. Hay
excepciones, pero el asunto es un proceso. Hace unos nueve o diez años
atrás el problema era que los documentalistas no abordaban lo indígena.
Estaban en otra parada, en la dictadura. Los documentalistas no estamos
ajenos a la forma y visión en la que trabajan los medios de
comunicación, que finalmente actúan por modas y oportunidades
económicas. Desde mi óptica -soy bastante crítica y lo asumo así-, la
situación mapuche para los documentalistas, por muy progresistas que
sean, es un tema. Eso es más bueno que malo. Mis críticas o
preocupaciones, van enfocadas al hecho de que los propios indígenas no
podamos hacer documentales, producciones o videos, ni ningún tipo de
género, que lo haga Varela o una productora equis, bien, siento que
mientras más miradas hay sobre el mismo tema, es mejor. Ahora, qué ganas
que no nos quedáramos sólo con lo que se muestra en televisión, que es
el conflicto, que ganas de que finalmente los protagonistas sean los
mapuches o los indígenas y no los realizadores. Los documentalistas
somos un gremio, y creo que es un proceso también de conocimiento. Para
muchos es más atractivo ver y mostrar el conflicto, que irse a las
comunidades, y mostrar qué ocurre ahí. Eso tiene otro tiempo, es un
trabajo más largo, más desgastante, tiene otras perspectivas, tiene que
acostumbrar a la gente a ver algo más de lo que muestra la televisión,
tiene que ver con el proceso que están viviendo los propios
documentalistas a nivel latinoamericano y a nivel continental, y sobre
todo en Chile.
Los documentales están dirigidos a un
sector de la población que le gusta ese género, y que le gusta el
documental con un tipo de enfoque. Quienes acceden al documental son
personas convencidas. Es quien puede soportar 45 o una hora frente a la
pantalla. También tiene que ver con que en Chile, durante mucho tiempo,
no se hizo cine. Todavía estamos con el documental tradicional. Son muy
pocos los que se atreven a asumir otro tipo de género, otros formatos o
enfoques. Los documentalistas hemos contribuido a que se vea a los
mapuches como ‘peleadores’ y ‘conflictivos’. Pero también es cierto que
es necesario desmitificar desde dónde viene la violencia. Y eso se
muestra en muchos documentales. Hay que ir haciendo y mirando otro tipo
de documental, otro tipo de cine. Hacer otro cine. Es la única forma de
madurar, estamos recién empezando. No es posible que sólo reaccionemos y
documentemos los llamados conflictos. Hay miles de cosas más. Los
aspectos desconocidos de lo que se ha llamado conflicto mapuche y los
aspectos culturales no están divorciadas. Es un todo. Debiéramos dar
cuenta de mucho más de lo que ocurre en la cultura mapuche”.
-¿Cuál es el balance del Seminario y de la muestra de Mirada de Mujer?
“Nos ha ido muy bien. Acá hay
indígenas de Ecuador, Guatemala, Bolivia, Colombia, Venezuela, Chile,
etc. Las chicas son de toda Latinoamérica, también del País Vasco, y eso
ha sido bastante constructivo. Muy importante. En un momento tenía una
inquietud, miedo o temor de no saber si iba a funcionar o a cumplir las
expectativas. Y creo que las ha cumplido. Vamos a demostrar que las
mujeres somos ordenadas y organizadas, y cumplimos los objetivos más
allá del costo, del tiempo, que nos gusta concluir las tareas, somos
aplicadas, y hacemos el trabajo bien. Vamos a demostrar que podemos
hacer un buen trabajo. Eso me tiene bastante satisfecha porque en esto
hay varias apuestas no sólo la de CLACPI. Cuando uno impulsa una
iniciativa de esta naturaleza siempre está pensando en los pueblos
indígenas y, si finalmente los objetivos se, cumplen y sobrepasan lo que
uno aspira, quiere decir que estamos siendo coherentes con lo que
hablamos, que somos mujeres comunicadoras, indígenas, y que pretendemos
visibilizar, y que desde nuestra propia mirada, que es mirada de mujer,
nuestro lema es hacer un buen trabajo, con proyecciones. Equilibrar lo
que está ocurriendo con los comunicadores indígenas”.
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