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Inequidad electoral y participación
política |
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Desde los tiempos de la “justicia en la
medida de lo posible” se nos ha dicho que los responsables de
nuestra precaria democracia eran los senadores designados –ya
inexistentes- y el sistema binominal. Ellos impedían alcanzar las
mayorías parlamentarias requeridas para lograr las transformaciones
legislativas y constitucionales que dejen definitivamente en el
pasado los anclajes heredados de la dictadura. En la práctica, éste
sistema no afecta mayormente a los dos grandes conglomerados, pero
sí menoscaba el surgimiento de nuevos actores y grupos políticos. |
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Por
Paulina ACEVEDO*
I
Azkintuwe |
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Elecciones municipales 2008. |
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Foto de Agencias. |
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El
arbitrario sistema que regula la participación de los chilenos en los
asuntos públicos contraviene el artículo 25 del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos, como le hizo ver al Estado chileno el
Comité de Derechos Humanos de la ONU en marzo de 2007, recomendando su
modificación. Pero en el hecho, éste reparte en forma más o menos
proporcional ganancias y pérdidas entre los dos binomios que monopolizan
la escena política electoral: la Concertación de Partidos por la
Democracia y la Alianza por Chile. Por ende, no les afecta mayormente.
La preocupación real es lo que ocurre con aquellos partidos y
movimientos que no integran estos referentes y, peor aún, con quienes
disputan un cargo de elección popular de forma independiente. Pese a que
el mismo artículo antes citado establece el derecho a tener acceso, en
condiciones generales de igualdad, a las funciones públicas de su país”.
El tema de fondo, al que evitan referirse los políticos “tradicionales”,
es que más allá de lo que pueda implicar para la democracia el sistema
binominal, se requiere modificar con urgencia las leyes orgánicas
constitucionales que rigen los distintos procesos eleccionarios. Sólo
así se podría eliminar las desigualdades que existen en los requisitos
exigidos para inscribir candidaturas independientes (a quienes se les
exige el patrocinio de un 0,5 por ciento de los sufragantes en el
distrito electoral o circunscripción a la que postula -municipal,
parlamentaria o presidencial-, todo ello ante notario de forma personal
y por parte de personas sin militancia), respecto de aquellos candidatos
que permanecen bajo el alero de partidos políticos (y que son avalados
con la sola presentación del listado al día de sus miembros, afiliados
al menos dos meses antes de la declaración de inscripción). De esta
forma se responderá tanto a estándares internacionales como a nuestra
propia Constitución, que establecen la igualdad ante la ley como una
garantía básica de un estado de derecho democrático.

El tema de fondo, al que evitan referirse
los políticos “tradicionales”, es que más allá de lo que pueda implicar
para la democracia el sistema binominal, se requiere modificar con
urgencia las leyes orgánicas constitucionales que rigen los distintos
procesos eleccionarios. Sólo así se podría eliminar las desigualdades
que existen en los requisitos exigidos para inscribir candidaturas
independientes. |
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Esto es lo que explica esa fórmula
poco entendida de candidatos que figuran como independientes, pero
asociados a algún partido político. Una solución a la chilena para
soslayar los mayores trámites y gastos excesivos en que deben incurrir
quienes corren con color propio. Pues no resulta una solución la
conformación de nuevos partidos, dados los múltiples pre requisitos que
exige la Ley Orgánica Constitucional de Partidos Políticos para
constituirse como tales. Normativa que también debiera ser revisada, por
lo demás, si es que la voluntad es potenciar una representación más
amplia y diversa de las distintas visiones políticas, sociales y
culturales existentes en Chile.
INCONSISTENCIAS Y FRAGILIDADES
A diferencia de lo que se presenta a nivel internacional como imagen
país, Chile exhibe deficiencias básicas en el ejercicio del derecho a
sufragio, como es el caso del voto de los chilenos en el exterior
(establecido en un proyecto de ley que lleva más de una década esperando
para ser aprobado en el congreso) y de las personas privadas de libertad
(pero no condenadas) que se encuentran en las distintas cárceles
nacionales, como ocurrió en la pasada elección presidencial en
Argentina. Tampoco contamos con otros importantes avances alcanzados en
buena parte de las restantes democracias de la región: como una Ley
Revocatoria, que permita a los propios ciudadanos que han respaldado a
un candidato con su voto, solicitar su dimisión por faltas graves a lo
comprometido. La Cuenta Pública, que reemplace el discurso presidencial
del 21 de mayo ante el Congreso, por un real informe de gestión del
ejecutivo, para que deje de ser un mero repaso de los logros alcanzados
y de rimbombantes anuncios. La Iniciativa Popular de Ley (que en Chile
se tramita sin ningún avance en el parlamento, bajo el deslavado nombre
de Proyecto de Iniciativa Ciudadana de Ley), y que posibilitaría tanto
la propuesta de nuevas leyes como modificar leyes vigentes, por parte de
los electores. El Ombusman o Defensor del Pueblo, presente en la gran
mayoría de los países de América Latina, por citar algunos.
Lo anterior, sumado al hecho de que la Ley de Participación, que se
encuentra en manos del legislador, también sin avance, regula la
conformación de organizaciones y fija la forma de acceder a los
beneficios (recursos) establecidos por el Estado, pero poco ensancha o
mejora los niveles de participación política en Chile. Y hay que
recordar que el Comité de Derechos Humanos de la ONU ya en 1996,
mediante Observación General (interpretación oficial de un derecho
específico enumerado en un instrumento internacional), estableció que la
libertad de expresión, de reunión y de asociación son condiciones
esenciales para el ejercicio efectivo de la participación política y el
derecho de voto y, por ende, deben protegerse plenamente. Algo que
claramente no ocurre en Chile. Al contrario, han aumentado la represión
policial, los seguimientos y las filmaciones de quienes se expresan de
manera crítica a la gestión de gobierno; continúa sin ser derogado el
decreto supremo promulgado por Pinochet a comienzo de los ochenta y que
obliga a solicitar autorización ante las intendencias para manifestarse
pacíficamente y son cada vez más frecuentes las prácticas
antisindicales.
NUEVOS PARTIDOS Y MOVIMIENTOS
A pesar de las desiguales condiciones descritas para acceder a cargos
públicos electivos, la debilidad democrática imperante en Chile y el
desfavorable contexto para la participación, es evidente que en los
últimos años se han intensificado las movilizaciones y el descontento
social frente al modelo económico neoliberal y al sistema político
impuestos. Insatisfacción que también afecta a la crisis de
“gobernabilidad” que experimentan los partidos convencionales tanto a
nivel interno como de cara a la ciudadanía, al no representar la voz y
las expectativas de sectores permanentemente marginados del debate
político.
Por eso no son pocos los movimientos –algunos con larga trayectoria en
luchas sociales- que comienzan a converger en proyectos políticos
comunes para incidir en la agenda pública y que no descartan desde esta
plataforma emancipatoria acceder a puestos en los gobiernos municipales,
a escaños parlamentarios y en su momento, por qué no, levantar una
candidatura presidencial alternativa que exprese esta alianza de clases,
sectores, grupos y pueblos. La Surda, el Movimiento para la Democracia y
la Justicia Social (MDJS), el Movimiento Autónomo por las Libertades
(MAL), el Movimiento Nueva Izquierda, la Red de Acción por la Justicia
Ambiental y Social (RAJAS) y el Movimiento Asamblea de los Pueblos (MAP)
son sólo algunos de estos referentes. Su consigna es construir, desde
las distintas experiencias locales y temáticas por las que bregan, un
nuevo ideario político, apoyándose en las nuevas tecnologías de la
información y en articular medios de comunicación popular y
alternativos, para sociabilizar este discurso transformador, autonomista
y libertario.

Otro que decidió llevar candidatos como
independientes, apoyados por partidos, al no alcanzar su legalización a
más de un año y medio de presentadas las fichas de militantes al Servel,
fue el partido Wallmapuwen. El mismo diagnóstico: “hemos enfrentado una
Ley de Partidos profundamente antidemocrática, heredada de la dictadura
y que inhibe la participación ciudadana, al imponer requisitos legales y
financieros no fáciles de resolver", señaló su presidente. |
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En otra esquina de este descontento
se encuentran quienes optan por la conformación de nuevos partidos
políticos, debiendo tener representación en al menos ocho regiones, como
el Partido Regionalista Independiente (PRI) y Chile Primero. El PRI,
tras un largo proceso iniciado en 2006, logró constituirse como partido,
mientras que Chile Primero –liderado por el senador Fernando Flores y
Jorge Schaulsohn, ambos ex PPD- fue objetado por el Servicio Electoral
(Servel) ante problemas en 509 fichas de sus militantes (de 40 mil
obtenidas en todas las regiones). Se le dio plazo “extraordinario” para
corregirlas, pero los 45 días que tomaba su revisión hicieron que no
pudieran llegar al 28 julio constituidos (fecha límite para la
inscripción de candidatos para las municipales de octubre), por lo que
acusaron al organismo “de desorden y falta de prolijidad en el proceso”.
Por ello se presentarán como independientes y, en algunos casos, en
alianza con el (PRI). Ello se suma al pacto “Por un Chile Limpio”, que
ambos acordaron con el Partido Ecologista de Sara Larraín en Arica.
Otro que decidió llevar candidatos como independientes, apoyados por
partidos, al no alcanzar su legalización a más de un año y medio de
presentadas las fichas de militantes al Servel, fue el partido
Wallmapuwen. El mismo diagnóstico: “hemos enfrentado una Ley de Partidos
profundamente antidemocrática, heredada de la dictadura y que inhibe la
participación ciudadana, al imponer requisitos legales y financieros no
fáciles de resolver. Así como la excesiva burocracia del Servicio
Electoral, que lleva meses chequeando nuestros estatutos y escrituras
públicas, incluso pidiendo el retiro de conceptos como ‘País Mapuche’ y
‘Autogobierno Mapuche’”, denuncia su presidente, Gustavo Quilaqueo.
NUEVOS ROSTROS
En un frío y siempre calculado intento por acercarse a la gente, tanto
la Concertación como la Alianza han echado mano a actores y “personajes”
de la farándula ofreciéndoles ser candidatos. Con solo decir sí, pasan a
formar parte del “privilegiado” mundo político. Pero hay también quienes
se han presentado por motivación personal, para contribuir con sus
propias diversidades a incorporar enfoques y miradas ausentes del
discurso político. Es el caso del destacado dramaturgo y sociólogo,
Ramón Griffero quien, con una innovadora campaña por internet, buscó
postular al sillón edilicio más disputado: la alcaldía de Santiago. Para
ello tuvo que recolectar 650 firmas de personas inscritas en la comuna y
sin militancia. Dispuso dos notarias donde los adherentes pudieran
entregar su respaldo, dado que ni la Municipalidad ni la Intendencia le
concedieron permiso para recolectarlas en la vía pública. Y es que, como
señala, “en Chile es imposible que una candidatura ciudadana,
absolutamente independiente, libre de compromisos de poder y que dé
cuenta de un país distinto al que hoy aparece en los medios de
comunicación, tenga viabilidad”.
Distinto fue el caso de Fernando San Román, quien pudo inscribirse
gracias a la adhesión alcanzada por su Movimiento “Tocopilla Vive” y a
la importante labor comunicacional desarrollada a través de “El
Polémico” (periódico alternativo, parte de una cooperativa de medios a
lo largo del país). San Román es hoy carta casi segura para derrocar al
actual alcalde, Luis Moyano (según una encuesta encargada por un partido
de la Concertación), demostrando que es posible construir un liderazgo
desde la base social y derrocar la poderosa maquinaria de los partidos
tradicionales. Por cierto que producto de esta inequidad electoral hubo
candidatos que tuvieron que abrazar la mano de los partidos, en especial
cuando son voces silenciadas, como el candidato gay Carlos Sánchez (con
los Humanistas). Es de esperar que en las próximas elecciones
parlamentarias y presidencial no haya que recurrir a estrategias de
pactos o sub-pactos para ejercer los derechos que tenemos todos quienes
habitamos lo que desde hace casi 200 años se llama Chile / AZ
* Periodista, Diplomada en
Derechos Humanos y Procesos de Democratización.
** Gentileza
www.observatorio.cl
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