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ALVARO H. PEREZ DE SAN ROMÁN,
DOCUMENTALISTA VASCO |
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"Se los acusa de terrorismo cuando se
defienden con piedras y hondas" |
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Un filme
documental de Natalia Polito (argentina) y Álvaro Hilario
Pérez de San Román (vasco), testimonia la lucha del Pueblo
Mapuche en Chile y recoge la imagen y palabra de Matías
Catrileo, un estudiante de 22 años, asesinado por la policía
el mes de enero. La secuencia del filme reúne a Matías, María,
también estudiante universitaria, Iván y Angélica,
trabajadores sociales egresados de la Universidad y Marcela.
Aqui parte de esta historia, aun inconclusa. |
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Por
Lalo
PAINCEIRA*
I
Viernes 31 de Octubre de 2008 |
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Manifestación mapuche. |
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Foto de Archivo. |
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Los
mapuches luchan por su tierra, que fue y es aún arrebatada para
favorecer los grandes intereses. Pero además, combaten por su propia
historia, creencias, cultura y trabajo. También piden un gobierno
autónomo. Es un combate desigual y deben soportar una feroz represión
que incluye asesinatos, cárcel y tortura. Un filme documental de Natalia
Polito (argentina) y Álvaro Hilario Pérez de San Román (vasco),
testimonian esa lucha heroica y recoge la imagen y palabra de Matías
Catrileo, un estudiante de 22 años, asesinado el pasado mes de enero.
"Nosotros no somos indígenas de Chile. Somos mapuches. Somos un pueblo
aparte, somos un pueblo que siempre ha estado aquí, que nació en esta
tierra y va a morir en esta tierra. Nosotros no somos chilenos, somos
mapuches y eso no se les tiene que olvidar nunca". Lo dice
apasionadamente frente a la cámara como si se lo gritara en la cara a
los grandes empresarios y a los gerentes de las transnacionales que les
roban gigantescas parcelas de sus territorios, mejor dicho, de su
nación. Es el mes de abril de 2007 y el que grita su inapelable verdad
es Matías Catrileo Quezada, 22 años y estudiante de Agronomía en la
Universidad de La Frontera de Temuco, Chile. No está en un acto político
sino ante la cámara indagadora de Natalia Polito, respondiendo a una
pregunta de Álvaro Hilario Pérez de San Román, un hijo del País Vasco,
licenciado en Historia en la Universidad de Deusto, en Bilbao y unido a
La Plata, en donde vivió, por amigos entrañables y por pasión futbolera.
Este testimonio
filmado se encuentra todavía en proceso de edición, pero como todo
documental, debe relatarse siempre en tiempo presente, aunque hoy, la
realidad sea otra. Porque Matías fue asesinado. El 2 de enero cayó bajo
las balas de los carabineros, pese a marchar desarmado. Murió
heroicamente en su tierra, fiel a su promesa de mapuche. El hecho
ocurrió en el fundo Santa Margarita, a unos 30 kilómetros al este de
Temuco, en la región chilena de La Araucanía. El fundo, que cuenta con
protección policial desde hace años, es propiedad de uno de los grandes
terratenientes del país trasandino, Jorge Luchsinger, cuyo
establecimiento está afincado en tierra mapuche. Para este descendiente
de suizos, "el mapuche es depredador… torcido, desleal y abusador",
según propias declaraciones a la prensa reproducidas por el periodico
Azkintuwe, del 21 de junio de 2005. Juicios coincidentes con el
tradicional discurso de la oligarquía para referirse a los pobres y
antaño a los gauchos y a los inmigrantes.

"Nosotros no somos
indígenas de Chile. Somos mapuches. Somos un pueblo aparte, somos un
pueblo que siempre ha estado aquí, que nació en esta tierra y va a morir
en esta tierra. Nosotros no somos chilenos, somos mapuches y eso no se
les tiene que olvidar nunca". Matias lo dice apasionadamente frente a la
cámara como si se lo gritara en la cara a los grandes empresarios. |
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"Íbamos andando y
carabineros nos reprimieron con disparos de ametralladoras, resultando
un hermano muerto. Él estaba apoyando a la comunidad de ahí", dijo un
portavoz de la organización mapuche "Coordinadora Arauco Malleco", según
publicó La Nación de Chile, en su edición del jueves 3 de enero de 2008.
Sin embargo, no pudieron callar la voz de que sigue arengando desde el
documental, en una reedición de aquellos versos que Alberto Molinas le
dedicara al heroico Negro Sabino Navarro: "Los engañamos, hermano/ ellos
creen que te tienen/ y sólo guardan tu cuerpo". Y es así. Porque verlo a
Matías en el filme, inflamándose con su propio discurso, llameando al
espectador, es estar ante un héroe trágico cuyo discurso perdura porque
no perdió vigencia. Y verlo en la pantalla, conmueve, moviliza.
La arenga
La secuencia del
filme "Wallmapu", de Natalia Polito y Álvaro Hilario Pérez de San Román,
reúne a Matías, María, también estudiante universitaria, Iván y
Angélica, trabajadores sociales egresados de la Universidad y Marcela,
los cinco dirigentes mapuches. Dialogan con Álvaro, que permanece
siempre en off. La cámara está enfocada en los dos rostros, como si
Natalia buscara captar cada expresión, cada gesto demostrativo de esa
pasión que da cuerpo a la denuncia y que todos ellos vierten inflamando
al espectador. Porque importa lo que dicen ellos más allá de la belleza
del paisaje que los rodea y del que son dueños naturales aunque se lo
hayan quitado.
María es más serena, pero firme. Explica que "los grupos económicos
tienen acorraladas a las comunidades mapuches. Muchas veces en terrenos
no aptos para la siembra o demasiado pequeños para trabajar. Pinos y
eucaliptos se enseñorean de todo y no dejan lugar ni para pequeños
cultivos de subsistencia. Devastan el suelo, lo acidifican, lo
erosionan; provocan la sequía, la desaparición de la fauna y flora
autóctonas; contaminan el aire y el agua. En la medida que sus medios
tradicionales de subsistencia (cultivos, pesca, recolección, caza)
desaparecen, el mapuche debe irse a la ciudad. La nación mapuche está
empobrecida. Es una consecuencia de la usurpación". Es cuando Álvaro les
plantea que así "llegamos a la recuperación de tierras".
Y Matías se enciende y su fuego va creciendo a medida que habla: "La
recuperación de tierras es un paso indispensable para la reconstrucción
de la nación mapuche. Necesitamos de tierras y no nos referimos al
mercadeo, al regateo por un número determinado de hectáreas, para poder
reconstruir una serie de espacios necesarios para nuestra supervivencia
como nación: la cultura y la lengua (el mapudungún), la producción y la
economía. El territorio, la territorialidad, van de la mano de la
autonomía: lo contrario es seguir ligado al Estado, a la
institucionalidad", y agrega contundente: "Un pueblo que no se gobierna,
no tiene dignidad".
Este diálogo, que no es el único que mantienen con representantes
mapuches, forma parte de una documental realizada por Polito y Pérez de
San Román. Es un tema complejo y que los mismos entrevistados, que son
varios, explican con claridad a lo largo del material filmado. Pero
falta, y ambos lo saben y lo dicen. Natalia, una porteña de 33 años,
formada en la UBA y en los talleres del grupo Cine Insurgente en 1998 y
1999, viene de la trinchera del cine y decir trinchera no es una
metáfora; como integrante de Cine Insurgente (2000-2006) ocupó distintos
roles en numerosos filmes de ese grupo y además dirigió un documental
sobre el MTD Maximiliano Kosteki, fue codirectora de "La masacre de
Cromañón" y en 2003, directora de "Asamblea, ocupar es resistir".
Álvaro es vasco,
nacido en Bilbao y licenciado en Historia de la Universidad de Deusto;
su investigación e indagación en la memoria de los pueblos, lo acercaron
al periodismo: colabora con medios independientes del país Vasco,
Uruguay y Argentina. Vivió seis meses en La Plata y, apasionado del
fútbol, descubrió que uno de los equipos platenses tenía la misma
camiseta que su club, el Athletic Bilbao. Desde entonces, es fanático de
Estudiantes y cuando está en el país, no se pierde partido. Los dos son
los responsables de esta obra, hija del esfuerzo personal, y saben que
concluirla llevará su tiempo. En la tranquilidad del mate compartido en
La Plata, reconocen que "tenemos que volver a Chile. Nos falta filmar
más material sobre la vida de las comunidades y su entorno social y
cultural, para que se entienda claramente la problemática. Por lo tanto,
volveremos". Y para cumplir con esta afirmación necesitarán
determinación, pero también una cuota de coraje. "Porque la presencia de
extranjeros en la región en conflicto los pone nerviosos y los pacos
(los carabineros) te piden a cada momento identificación y esas cosas.
No es fácil estar allá con los representantes mapuches, visitarlos en la
cárcel, filmar la cárcel desde afuera, porque no dejan filmar el
interior. Te genera inconvenientes. Pero volveremos".
Contra la historia oficial
El territorio mapuche
fue conquistado por los españoles a mediados del siglo XVI después de
doblegar una fuerte resistencia de la población originaria. En aquél
tiempo, los mapuches comenzaban a ser un pueblo sedentario, trabajaban
la tierra, a lo que sumaban la caza y la pesca para su subsistencia.
Desde entonces mantuvieron una relación particular con la naturaleza a
la que cuidaron, veneraron y de la que vivieron. Dependían de la tierra
y la defendían. De este vínculo particular nació una cosmogonía casi
panteísta, en donde la divinidad habitaba y se manifestaba a través de
la naturaleza y todo lo creado. Por lo tanto, esa relación es también
ritual y parte fundamental de su cultura. Es mucho más que un pedazo de
tierra para depredarla, hacerla producir con el único fin de obtener
ganancias. Por eso, defender su territorio, su nación, es defender la
vida, el universo, el pasado y el futuro. Es defender su ser, su estar
en el mundo.
Pero fueron sometidos brutalmente y se combatieron sus raíces culturales
y creencias. Se los quiso domesticar para dominarlos. Y después de una
larga alternancia de paz y de resistencia a la conquista de sus tierras,
los mapuches debieron soportar, también en Chile, la llamada "conquista
del desierto", término que trata de encubrir el asesinato y la matanza
de los pueblos originarios, coincidente en el tiempo con la invasión de
Roca de este lado de Los Andes. Hoy, luego de haber pasado la primavera
de Allende y la dictadura de Pinochet, llegaron los tiempos de la
hegemonía neoliberal con el desembarco de las transnacionales, del
capital foráneo asociado a sus lugartenientes de la oligarquía, como en
la Argentina. Se adueñaron de tierras, las empresas forestales las
devastaron y la tierra mapuche empequeñeció. Pero la resistencia nunca
cesó porque los mapuches siempre mantuvieron su independencia. Ahora
buscan su autonomía. Y desde ya, recuperar las tierras que les
pertenecen por historia y por numerosos tratados firmados y
posteriormente violados.

María es joven y habla de
manera serena pero convencida de esgrimir la verdad y responde a las
preguntas de Álvaro mirando de manera fija la cámara inquisidora de
Polito. Les cuenta de los cerca de cuarenta mapuches presos, sobre las
leyes pinochetistas absurdamente vigentes en tiempos de democracia, y
habla de su tierra, que es la razón de ser de su pueblo, amada y
respetada. |
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Desde que gobierna la
Concertación se buscaron alternativas. Tierras que adquiría el gobierno
y se las entrega a las comunidades. Pero no son las más productivas ni
la totalidad de lo reclamado. Entonces, como en tiempos de aquella
parcial reforma agraria en los años 60 cuando el presidente de Chile era
Eduardo Frei, se retornó a la recuperación de las tierras. A ocuparlas,
sencillamente, porque les pertenecen y les fueron arrebatadas. Y a
levantar las banderas de la autonomía.
La lucha continúa
Álvaro explica lo
ocurrido en las últimas décadas en Chile en un artículo publicado en el
periódico quincenal "Diagonal", de Madrid. "En tiempos del dictador
Pinochet Ugarte, el Estado chileno se convierte en laboratorio de
experimentación económica; se implanta un modelo neoliberal que coloca a
Chile en la economía globalizada como abastecedor de materias primas
(metales, energía, celulosa, etc.). Esta política de Estado –seguida por
los gobiernos de la Concertación (coalición entre socialistas y
demócratas cristianos)- que se desarrolla masivamente desde los años 70,
conlleva la implantación de monocultivos industriales de pino y
eucalipto que produzcan celulosa para abastecer a Japón, Europa, Canadá
y Estados Unidos. Además de ahorrarse costes, el Occidente libre cede a
Chile la contaminación producida por las papeleras. La extensión del
monocultivo, que contó con el apoyo y subvenciones estatales, fue
mermando la extensión de las tierras bajo control mapuche"… "En 1997
nacería la Coordinadora de Comunidades en Conflicto Arauko-Malleko, la
CAM. Esta apuesta por la recuperación de las tierras para gobernarlas de
manera autónoma, a la par de ir recuperando una serie de elementos
económicos, espirituales y políticos en base a los que reconstruir la
nación mapuche, se considera el germen de un movimiento de liberación
nacional. Desde 1997, son 18.000 las hectáreas recuperadas y dispuestas
para la labranza o la construcción de viviendas".
Ante esto, "la reacción del Estado fue reprimir y criminalizar a la
Coordinadora, utilizando la Ley de Asociación Ilícita pinochetista. Se
multiplicaron los juicios por pertenencia a 'organizaciones terroristas'
o por participar en protestas y sabotajes organizados por un
fantasmagórico grupo armado, auspiciado por la CAM, y cuya existencia no
ha sido probada en ninguno de la decena de juicios amañados. Es
sistemática la construcción de pruebas (incluso con participación
directa de los medios), la utilización de testigos sin rostro
(comprados) y de testimonios logrados bajo tortura". Pero más allá de la
brutal represión de los pacos y de las guardias armadas de los fundos,
la lucha continúa. Porque, "las comunidades están seguras de estar
luchando por su supervivencia".
Las voces no escuchadas
María es joven y
habla de manera serena pero convencida de esgrimir la verdad y responde
a las preguntas de Álvaro mirando de manera fija la cámara inquisidora
de Polito. Les cuenta de los cerca de cuarenta mapuches presos, sobre
las leyes pinochetistas absurdamente vigentes en tiempos de democracia,
y habla de su tierra, que es la razón de ser de su pueblo, amada y
respetada desde una cosmogonía que los acerca al filósofo Spinoza en un
panteísmo totalizador de la imagen de Dios. Tierra que saben en peligro,
porque "los grupos económicos nos tienen acorraladas a las comunidades
mapuches en terrenos no aptos para la siembra o demasiado pequeños para
trabajar. Pinos y eucaliptos se enseñorean de todo, no dejan lugar ni
para pequeños cultivos de subsistencia. Devastan el suelo, lo
acidifican, lo erosionan; provocan la sequía, la desaparición de la
fauna y las floras autóctonas; contaminan el aire y el agua. En la
medida en que nuestros medios tradicionales de subsistencias, cultivos,
caza, pesca, recolección, desaparecen, el mapuche debe irse a la ciudad.
La Nación mapuche está empobrecida. Eso es consecuencia de la
usurpación".
En otra secuencia del documental, la imagen muestra a Iván, Marcela y
Angélica. Detrás las montañas verdes y un lago paradisíaco en donde es
casi imposible negar la presencia de Dios. Es el lago Lleu-Lleu, al sur
de Temuco, tierra mapuche. Iván la presenta: "Tu estás viendo gran parte
de la geografía de esta comunidad Juana Millahual. Yo soy dirigente de
la comunidad", y comienzan a relatar sus vivencias, creencias y luchas
alternándose los tres en el uso de la palabra. "Todos nosotros nos
conocimos dentro del proceso de recuperación de tierras. Esa era nuestra
práctica en los primeros años: era por porciones de tierra pequeñas
usurpadas por las forestales. Pero ahora, la lucha es por el territorio.
No podemos decir que es por pequeños espacios sino que hay una lucha por
todo el territorio ancestral mapuche". Y relatan la usurpación de
tierras que sufrieron por parte de las forestales y ahora, la amenaza de
la minería. De cómo sembraban y no nacía nada del daño infligido a esa
tierra, que era la propia. Recuerdan que debían comer lo que daban como
alimento a los chanchos. "A la forestal la hemos estado batallando
porque todavía queda y hay que seguir correteándola. Tanto daño que
hacen y ahora se nos viene la minería. Da rabia".
Y esta lucha no es fácil. Denuncian que "ellos se vienen con 200, 300
pacos para acá, buses llenos. ¿Quiénes son los terroristas? Ellos con
armas hasta los dientes y uno ¿qué tiene? Piedras, hondas, un azadón. Y
ellos con esos cascos recuerdan a la dictadura; incluso aquí en la
comunidad muchas veces los viejitos dicen que ni en dictadura se ha
visto a tantos militares por aquí. Y aquí, con estos gobiernos de la
Concertación han venido tres, cuatro buses, han entrado a la comunidad,
lleno de pacos. Lo único que les falta es tener más muertos, muertos en
cantidad, pero considerando que somos tan pocos que con los muertos que
ya llevamos, en porcentaje creo que estamos por ahí también, porque no
solamente podemos decir que Lemún está muerto y Matías, sino que hay
otros que no han salido a la luz pública. Así que es lo mismo casi, lo
mismo, con una mujer socialista, un cambio de cara nomás y una voz más
suavecita".
Los tres explican con claridad: "nosotros somos parte de todo lo que
existe acá y eso hace que nosotros vayamos asumiendo y resistiendo toda
invasión, toda usurpación, porque hemos estado siempre invadidos y
siempre hemos estado resistiendo, porque está vivo todo lo que es
(rankiwal) la cultura mapuche y eso se sigue manteniendo, se sigue
proyectando de una generación a otra, como nosotros le vamos proyectando
a nuestros hijos lo que es nuestro pensamiento mapuche"… "uno cuando
empieza con esta lucha tiene una claridad de lo que es esto y el valor
que le da uno a la tierra, entonces dice: vale la pena, vale el
sacrificio, vale todo esto, los costos que tiene el hecho de luchar por
la tierra porque somos complementarios: nosotros sin la tierra y la
tierra sin nosotros directamente, no somos"… "Nosotros estamos dando una
lucha social; no nos consideramos delincuentes de ninguna manera, ni
tampoco terroristas, sino más bien nosotros defendemos lo que es nuestro
pueblo y la existencia de nuestro pueblo y por eso se nos persigue".
Solidaridad mundial
Esta lucha de los
mapuches, no es un combate contra la historia, como la califican muchos.
Es una lucha contra la historia oficial, que es diferente. Y se da
también en nuestro país en donde las grandes corporaciones
internacionales y hasta algunas figuras del espectáculo y del deporte,
compran tierras a precios por demás conveniente, tierras que en realidad
pertenecen al pueblo mapuche. Como sucedió con Benetton y terminó en la
Justicia. La dirigente Moira Millán acusó por Radio Nacional de Cuyo que
un megaproyecto turístico que proyecta un reconocido animador
televisivo, se "pretende construir por sobre las viviendas de treinta
familias y casualmente lleva el nombre mapuche Traficán 2000, cuando los
está desalojando".
En tanto, en setiembre de 2007 Rosa Nahuelquir se refería a la
recuperación del lote que había usurpado Benetton en la Patagonia, de
este lado de los Andes, en tierra mapuche. "La recuperación para
nosotros es muy importante, sigue siendo como el primer momento en que
volvimos nuevamente a nuestro lugar. La situación de hoy –decía
entonces- es que la Justicia de Chubut siempre nos desconoce como
comunidad y nos sigue desconociendo como Mapuche, más que nada. Pero
vamos a seguir en este lucha, nos reconozcan o no". (AN Red, radio El
Arka).
Sentados aquí en La Plata, mientras esperan la oportunidad de volver a
tierra mapuche para terminar su filme, Hilario y Polito, reconocen que
la lucha por la autonomía del pueblo Mapuche, los identifica en el mundo
con otros movimientos que buscan también la autonomía o que la han
logrado. "La comunidad Lleu-LLeu necesitaba realizar el video para
defender su territorio de las multinacionales y también ante la amenaza
de las mineras. Nos interesó la historia y allá fuimos".
"Ellos reconocen tres
etapas en el último tiempo: la de los 70, con la Unidad Popular de
Salvador Allende, en donde se recuperaron tierras y asistió al acto el
mismísimo presidente; la era de Pinochet y la democracia con la
Concertación. Recuperaron 18 mil hectáreas pero van por más, van por
todo el territorio mapuche y por la autonomía, que no es independencia,
sino autonomía. Esta lucha tienen sus víctimas, como Matías y otros, y
una gran cantidad de presos. Nosotros filmamos las cárceles, como la de
Algol por ejemplo, en donde se encuentran detenidos y en donde tienen un
sistema especial para ellos, separados. Están presos y se los acusa de
terrorismo cuando se defienden de la agresión de los pacos con piedras y
hondas. Nos interesó contar esta historia".
Historia que no es nueva. Como canta el uruguayo Daniel Viglietti: "yo
pregunto a los presentes/ si no se han puesto a pensar/ que esta tierra
es de nosotros/ y no del que tenga más" y llama "¡A desalambrar, a
desalambrar!/ que la tierra es nuestra,/ es tuya y de aquél/ de Pedro y
María, de Juan y José./ Y si molesto con mi canto/ a alguien que no
quiera oír/ le aseguro que es un gringo/ o un dueño de este país".
Es esta la lucha mapuche. La de un nuevo David que enfrenta con su honda
y piedra al gigante Goliat de los monopolios y las transnacionales. Un
Goliat que es dueño de la historia oficial que han impuesto, pero no de
la verdad ni de la tierra que usurpó /
AZ
* Gentileza de Revista
www.lapulseada.com.ar
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