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HISTORIAS
DE GUERRA SUCIA |
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El regreso de los Trizano |
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A fines del siglo XIX, el capitán
Hernán Trizano azolaría los campos de La Araucanía, protegiendo a
los colonos y dejando tras de si una estela de cruentos asesinatos
contra mapuches. Actualmente, un monolito levantado en Angol
recuerda para las nuevas generaciones su increíble historia. Sin
embargo, también hay quienes gustan de recordarlo más allá de la
frialdad de los monumentos oficiales. |
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Por
Pedro CAYUQUEO / Azkintuwe Nº12 |
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- Guardia de
seguridad de Bosques Arauco. Foto de Pablo Díaz. |
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Agustín Figueroa es un
amante del derecho y la legalidad. Sin embargo y
quizás sin proponérselo, sellaba con sus
declaraciones un pacto de agresión. |
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Tanto Bosques Arauco
como Mininco niegan hoy cualquier vinculación con la
empresa OSEPAR. Forestal Mininco contrató los
servicios de la empresa ASS. |
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"EN UNA SOCIEDAD, LOS ciudadanos
renuncian a su derecho de la autodefensa, porque se la entregan al
Estado... Sin embargo, cuando éste en el hecho no me la brinda y me deja
en una situación de indefensión, indirectamente me está invitando a la
justicia por mano propia". Las palabras anteriores no pertenecen al
belicoso presidente del Consorcio Agrícola del Sur, Manuel Riesco.
Tampoco a cualquier iletrado dueño de fundo. Pertenecen a Juan Agustín
Figueroa, un ex ministro de Estado, miembro del Tribunal Constitucional,
Presidente de la Fundación Pablo Neruda y, además, reconocido
concertacionista.
Hace un par de años, en el marco de la reforma procesal penal que impera
en la IX Región y en un juicio oral calificado como "histórico", dos
líderes mapuches acusados de quemar la hacienda patronal de su fundo,
habían sido declarados finalmente inocentes por un trío de jueces en la
ciudad de Angol. Según el Ministerio Público, los lonkos Pascual Pichún
y Aniceto Norín, eran responsables del atentado contra el fundo Nancahue
de Traiguén. Tras semanas de juicio oral, los jueces decretaron sin
embargo su inocencia, en base a la debilidad de las pruebas presentadas
por los querellantes. Y Figueroa, abogado influyente y de prestigio
entre sus pares, no estaba para diplomacias de ningún tipo.
Sus declaraciones formaban parte de una entrevista publicada por El
Mercurio en su edición del 14 de abril del año 2003. En ella, Figueroa
desahogaba sus penas respecto de una derrota en tribunales que no dudaba
en calificar como un "error" de los jueces. Declaraba además su
ferviente apoyo a la aplicación de la Ley Antiterrorista en el marco del
conflicto mapuche –una ley a la cual se opuso tenazmente bajo el régimen
militar de Pinochet por considerarla "autoritaria"-, calificaba la
situación en la zona sur como un verdadero Far West y, además, reconocía
abiertamente la legitimidad de los latifundistas sureños de hacer uso de
la autodefensa cuando la justicia ordinaria simplemente no funcionaba.
Agustín Figueroa es un amante del derecho y la legalidad. Sin embargo y
quizás sin proponérselo, sellaba con sus declaraciones un pacto de
agresión que hoy vuelve a resurgir con fuerza en La Araucanía, tras el
último atentado incendiario que redujo a escombros el pasado 9 de junio
la casa patronal del Fundo Santa Margarita, propiedad del agricultor
Jorge Luchsinger y que –según denuncian comunidades y organizaciones
mapuche- tendría el sello característico de las acciones del Comando
Hernán Trizano. El mismo que surgió el año 2001, conformado por
propietarios agrícolas de Traiguén, Victoria y Collipulli, y que el
pasado 11 de junio anunció su reaparición en los campos de La Araucanía,
por medio de una llamada anónima a la Redacción del Diario Austral de
Temuco.
*
A COMIENZOS DEL SIGLO XX y tras concluir las campañas militares de
ocupación del territorio mapuche, el caos y la anarquía se tomaron por
asalto las tierras de La Frontera. Bandoleros chilenos, por un lado, y
parcialidades mapuches que se resistían a la invasión de su territorio,
por el otro, transformaron los "fértiles" campos del sur recién
colonizados en un verdadero y peligroso Far West. Para remediar esta
situación, el gobierno encargó al oficial de ejército Hernán Trizano la
creación de un cuerpo de policía rural, que años más tarde sólo sería
recordado por el apellido de su tristemente célebre progenitor: "Los
Trizanos".
Integrado por ex militares, colonos, agricultores y una entusiasta corte
de mercenarios sin dios ni ley, el ejército paramilitar de Hernán
Trizano azolaría por 15 años los campos de La Araucanía, dejando tras de
si una estela de cruentos asesinatos que sólo terminaron cuando las
autoridades comprendieron que el remedio había resultado mucho peor que
la enfermedad. Actualmente, un monolito levantado en la céntrica Avenida
Balmaceda de Angol recuerda para las nuevas generaciones de mallequinos
su increíble historia. Sin embargo, también hay quienes gustan de
recordarlo más allá de la frialdad de los monumentos oficiales.
"Estamos dispuestos a empezar una represalia contra los señores
indígenas, en defensa de los agricultores, las forestales y las empresas
hidroeléctricas… En vista que el Gobierno no ha hecho absolutamente nada
para detener a los comuneros violentistas ni ha garantizado la seguridad
de los agricultores, el movimiento va ha intervenir en los próximos días
para contrarrestar los acciones terroristas de ciertos grupos indígenas…
Con este anuncio empieza a funcionar el Comando Hernán Trizano y todas
las actividades que realice desde hoy en adelante, junto con
adjudicárselas, se van a dar a conocer oportunamente a los medios de
comunicación", precisaba un escueto comunicado hecho llegar con fecha 10
de junio de 2001 al reportero de la radio Los Colonos de Victoria,
Manuel Burgos.
Para gusto de los empresarios sureños, la belicosa pluma de los
paramilitares del Trizano no solo disparaba contra los rebeldes mapuche.
"El Gobierno ha adoptado la política del avestruz, minimizando o
ignorando hechos que todos conocen, pero con un Ministro del Interior
con su cabeza escondida, que es sordo a los clamores del sector
agrícola, que ve como día a día, aumentan las tropelías y los derechos
establecidos en la Constitución son atropellados. Al parecer, 450 ó 500
actos de violencia donde han quemado casas, galpones, maquinaria, no son
delito… En virtud de esto, ya comunicamos nuestra constitución, para ir
en apoyo de los que son atropellados, tenemos los medios y la gente en
la Octava y Novena Regiones y no trepidaremos en efectuar ajustes de
cuentas contra los terroristas mapuche, chilenos y extranjeros, que
apoyan esta subversión", señalaban los paras mallequinos.
La aparición de Los Trizano no dejó indiferente a las comunidades
mapuche. Sin embargo y a pesar de existir denuncias previas sobre la
existencia de guardias armados en algunas zonas de conflicto, la
posición del gobierno fue bajarle el perfil al anuncio, desentendiéndose
incluso de aquellas denuncias que numerosos parlamentarios –la mayoría
miembros de la propia Concertación- comenzaron a realizar de manera
pública en torno a estos hechos. "El gobierno no tiene hasta ahora
evidencia de que existen grupos terroristas o armados. El tema indígena
tiene varias facetas, cultura, tierras y desarrollo, entre otros. Yo,
como ministro encargado de los temas de seguridad pública, les puedo
asegurar que nosotros no tenemos la evidencia de la existencia de tales
grupos".
La declaración, realizada por el entonces ministro del Interior, José
Miguel Insulza, en momentos en que arreciaban en el sur las amenazas
reivindicadas por el Comando Hernán Trizano, caería como un verdadero
balde de agua fría en la cabeza de distintos sectores vinculados al
conflicto. Si bien desde la aparición del Comando Trizano diversas
comunidades, organismos de derechos humanos e incluso parlamentarios
habían exigido majaderamente al gobierno la aplicación de la Ley de
Seguridad Interior del Estado en contra de este tipo de agrupaciones, la
medida sería rechazada una y otra vez por las autoridades argumentando
que no existían "hechos" ni "evidencias" concretas que confirmaran la
existencia real de tal comando paramilitar.
Por cierto, el evidente doble estándar de las autoridades – que ante
cualquier solicitud similar de los empresarios forestales o agrícolas en
contra de los mapuche destacaban por su rapidez y diligencia- terminó
creando divisiones incluso al interior de las propias filas de gobierno.
Y una de las primeras bajas frente al discurso oficial de La Moneda
serían aquellos parlamentarios cercanos al tema indígena o bien
representantes de la zona donde el Comando Trizano comenzaba
precisamente a hacer de las suyas con sus operaciones de amedrentamiento
colectivo.
"La aparición del movimiento Hernán Trizano no es un rumor, es una
realidad en la zona sur del país, tan real como cuando el año 1999
denunciamos junto al diputado Eugenio Tuma la existencia de otros grupos
paramilitares aparentando ser guardias forestales y que cometían
infinidad de atentados para inculpar luego a comunidades mapuche",
señalaría tajante el diputado y presidente del PPD, Guido Girardi, ante
las reiteradas negativas del gobierno a encarar de manera responsable el
tema.
Roberto Muñoz Barra, senador del PPD, tampoco pudo guardar silencio
respecto de una situación a todas luces evidente al menos al interior de
su distrito Araucanía Norte. "Luego de 8 años resulta indiscutible que
la política frente a los conflictos mapuche ha sido mirada como algo no
trascendente. Según mi opinión, no resulta descabellado sino más bien a
todas luces posible que en una zona donde han existido en el pasado
movimientos radicalizados de derecha, como la Brigada Rolando Matus o
importantes personajes de Patria y Libertad, puedan organizarse grupos
armados que pretendan responder por la fuerza ante las demandas mapuche,
más aun si ya existe un anuncio oficial de la creación de una brigada
Hernán Trizano", señalaba el parlamentario a la prensa por aquellos
días.
Por cierto, sus palabras no eran antojadizas. Conocedor como pocos de La
Araucanía y de la idiosincrasia de sus colonizadores, en su retina
estaban aún las imágenes de aquel masivo grupo de agricultores llegando
armados y a bordo de potentes camionetas 4x4 a un fundo de Malleco, en
solidaridad con uno de sus pares víctima reciente de un atentado
incendiario. La polémica e improvisada reunión, desarrollada en el mismo
predio siniestrado y que contó con la participación de más de 50
productores agrícolas de la región, había tenido lugar el 8 de junio del
2001 –tan sólo cuatro meses antes de la aparición del Comando Trizano en
la misma zona- y tenía como supuesto objetivo solidarizar con Daniel
Lichtenberg Rilling, propietario del Fundo "El Temo" de Victoria y cuyas
tierras estaban siendo reclamadas por miembros de la comunidad mapuche
Domingo Trangol.
"Todo parece indicar que a los agricultores de la Provincia de Malleco
se les acabó la paciencia, están decididos a armarse para evitar ser
atacados por comunidades mapuche aledañas a sus predios" señalaba el
Diario Austral de Temuco en una nota publicada el 13 de junio. Razones
para pensar aquello no le faltaban al vocero del empresariado agrícola
sureño. Gran parte de los asistentes llegaron a la reunión en veloces
todo terreno, vestidos con ropas de camuflaje y exhibiendo amenazantes
ante la prensa sus escopetas y revólveres con las cuales aseguraban
estar dispuestos a defender sus tierras ante cualquier otro ataque
similar. "Se acabó la fiesta de los señores indígenas", declararía
incluso uno de los asistentes ante un asombrado y joven periodista en
práctica que difícilmente podía creer lo que estaba observando aquel
día.
No faltaría por cierto en la cita la presencia del Presidente del
Consorcio Agrícola del Sur y de la Sociedad de Fomento Agrícola (SOFO)
Manuel Riesco, quien aprovechando la tribuna facilitada por el Diario
Austral, enviaría un claro mensaje de advertencia al gobierno. "Por
suerte Lichtenberg no disparó, porque andaba armado cuando ocurrió el
ataque. Tuvo el tino de no disparar, pero esa cuestión no sé cuántas
veces se va a poder contar, se están exacerbando los ánimos y a la larga
esto va a complicar más las cosas y va a terminar mal", señalaría Riesco
en una polémica declaración que -para muchos entendidos desnudaba como
ninguna otra el verdadero objetivo de la reunión convocada en Victoria.
Esto es, la realización de una clara demostración de fuerza frente a las
autoridades del gobierno. Un verdadero "Ejercicio de Enlace" pero en
versión latifundista y patronal.
Sin embargo y a pesa de existir este tipo de hechos, las denuncias
realizadas por el diputado Girardi y el senador Muñoz Barra no tuvieron
mayor eco en los pasillos de La Moneda. Para el círculo de hierro del
presidente Lagos, encabezado por el ministro Insulza, hablar de grupos
paramilitares, sean estos de extrema izquierda o de derecha, sólo
significaba retrotraer al presente un escenario de confrontación
política preferible de olvidar en un país que avanzaba hacia su
definitiva "reconciliación" nacional. El surgimiento de grupos
paramilitares en La Araucanía debía ser por tanto sólo una fantasía de
sujetos "alarmistas" o a lo más informaciones falsas e imprecisas
publicadas por pasquines sureños de "dudosa" reputación.
Bajo esta lógica, cualquiera que argumentase lo contrario sólo estaría
cayendo en el juego sucio de la derecha y los "poderes fácticos", es
decir, en el juego de aquellos sectores políticos interesados en crear
un clima ficticio de inestabilidad para perjudicar la gestión del
presidente Lagos. Huelga destacar lo rápido que asumieron esta posición
oficial tanto Girardi como Muñoz Barra, quienes una vez llamados a
terreno por La Moneda desistieron de continuar investigando el tema y
optaron por guardar religiosamente sus denuncias para mejores (o peores)
tiempos.
Tras el silencio de los parlamentarios, tanto las denuncias por parte de
las comunidades mapuche, como las declaraciones de los agricultores de
armarse para defender sus predios, continuaron. Pero la percepción de
las autoridades sobre la existencia del Comando Trizano no variaría un
ápice. Mas tarde y a pesar de ser conocidas públicamente ya no las
primeras amenazas sino más bien los primeros atentados en contra de
connotados dirigentes mapuche, la posición gubernamental continuó siendo
el bajar el perfil de los hechos.
*
"SABEMOS QUE ERES un socialista recalcitrante y amargado, cuídate y
acuérdate que tu tienes familia. Lo que estas publicando en tu pasquín
son puras mentiras y dañan la imagen de una zona de trabajo y empuje. Te
estamos vigilando. Cuídate, no toques lo forestal por que te costará muy
caro". Cuando Daniel Salinas, periodista y director del diario Renacer
de Angol, leyó este correo electrónico no le asignó mayor importancia.
La amenazante nota la firmaba una supuesta agrupación paramilitar y
Salinas sólo atinó a pensar que se trataba de una broma de mal gusto.
Hacia poco había publicado en su diario de circulación local un extenso
reportaje sobre el negativo impacto de las forestales en territorio
mapuche, pero nada que ameritara este tipo de sobre reacciones.
Semanas más tarde, cuando notó que automóviles desconocidos le seguían y
varias llamadas anónimas eran recibidas en su propia casa, Salinas
comprendió que no se trataba de simples bromistas. Con fecha 13 de marzo
-y ante la concurrencia de nuevos actos de hostigamiento en su contra-,
el periodista decidió hacer finalmente público lo que hasta entonces se
ventilaba sólo al nivel de sus más cercanos, los tribunales de justicia
y la Policía de Investigaciones. Es decir, las amenazas de muerte contra
él y su familia a través de correos electrónicos y llamadas telefónicas,
los seguimientos vehiculares y las filmaciones por parte de civiles
miembros del recién formado grupo paramilitar mallequino, "Los Cuchillos
del Sur".
Aquel año, un fiscal del Ministerio Público de Angol en conjunto con una
unidad especial de la Policía civil tuvieron a su cargo la investigación
de los hechos, según reconoció entonces el propio Gobernador de Malleco,
Mario Venegas. Sin embargo, jamás se logró dar con la identidad de los
miembros de dicha agrupación paramilitar y la causa fue finalmente
cerrada sin dar con los responsables de las llamadas intimidatorias.
Nada raro, en todo caso. Un año antes, durante el transcurso del mes de
abril del año 2002, una investigación judicial tendiente a identificar a
los autores de sendas amenazas de muerte en contra de varios dirigentes
mapuche de la misma zona de Malleco también había finalizado sin ningún
tipo de resultados.
Mucho tiempo antes, una petición ante la justicia tendiente a lograr se
investigase el surgimiento de grupos paramilitares por parte del abogado
y diputado por la VIII Región, Alejandro Navarro, había desembocado en
la designación del fiscal de Victoria, Héctor Leiva como primer
encargado de dicha tarea. Para la presentación judicial -realizada el 14
de febrero de 2001 ante la Fiscal Regional, Esmirna Vidal-, el
parlamentario se había basado en el artículo "La Intifada Mapuche"
aparecido con fecha 4 de febrero en El Mercurio y que consignaba
polémicas declaraciones de dueños de fundos en las que aseguraban
estarse armando para hacer frente a los "hostigamientos" de comunidades
mapuche.
"Creemos que las declaraciones hechas por agricultores de la IX, en las
que se menciona que están creando grupos de autodefensa y que sólo por
un milago no han muerto indígenas a consecuencia de disparos con armas
de fuego, constituyen suficientes argumentos para presentar una denuncia
de este tipo", explicaría Navarro. Para más adelante agregar, "acá hay
asociación ilícita, amenazas y porte y tenencia ilegal de armas.
Incluso, se han organizado grupos al margen de la ley, y la ley de
Seguridad del Estado es clara y penaliza a quienes se asociaren para
sustituir las facultades de las fuerzas de orden público. La propiedad
privada la resguarda Carabineros e Investigaciones de Chile, no hay otra
institución o grupo que pueda hacerlo. Los que lo hacen actúan al margen
de la ley".
Pero no solo eso. En el documento judicial también se mencionaba a
personas, autoridades políticas y del sector agrícola en la IX Región
con nombre y apellido como los verdaderos responsables del clima de
beligerancia existente al interior de las filas del agro sureño. "Manuel
Riesco, Andrés Santa Cruz, Francisco Prat y Federico Rioseco, todos
ellos dirigentes de asociaciones agrícolas, han coincidido en la
necesidad de que los agricultores se organicen. Este llamado a la
autodefensa, consideramos, ha pasado a hechos concretos y no se queda
sólo en el plano del discurso", añadía el diputado del PS.
Sin embargo y a pesar de la contundencia de los antecedentes presentados
por el parlamentario junto al dirigente Aucán Huilcamán y el abogado
Rodrigo Lillo, el fiscal Héctor Leiva no logró finalmente mayores
avances en su investigación. Esto a pesar de contar con un equipo
especial de la Dirección de Inteligencia de Carabineros (Dipolcar)
asignados al caso y de haber citado a declarar a su despacho a decenas
de agricultores de las comunas de Victoria y Traiguén.
*
POCO TIEMPO DESPUÉS de realizada la insólita reunión de agricultores en
el fundo de Lichtenberg y a través de nuevas misivas hechas llegar al
matutino local, los miembros del Comando Hernán Trizano pasaban de los
dichos a los hechos, reivindicando como de su autoría sendas amenazas de
muerte en contra de reconocidos dirigentes como Víctor Ancalaf y Aucan
Huilcaman, este último werken del Consejo de Todas las Tierras y a quién
en un comunicado emitido con fecha 9 de marzo de 2001 calificaban
incluso como "un fresco sinvergüenza, que ha hecho de la causa mapuche
un negocio y lucro personal".
"Frente a todas las tropelías que no son del Pueblo Mapuche, sino de
estos seudos dirigentes que justifican así el poder continuar recibiendo
dinero del extranjero, desafiamos a Huilcamán y a sus dirigentes que
encabecen las próximas tomas, ya que ahí nos veremos las caras",
declaraban en un comunicado que sería legitimado a los pocos días por el
propio Presidente de la Cámara de Comercio de Temuco, Max Henzi. Este,
tras ser consultado por su opinión al respecto legitimó la autodefensa
de los agricultores ante las acciones de violencia. "Creo que es lógico
que tú te quieras defender si entran a tu casa y te destruyen tus cosas,
es natural que uno defienda lo que ha costado con tanto esfuerzo
construir", declararía al Diario Austral el empresario.
Otra de las acciones atribuidas al Comando Trizano ocurriría en las
inmediaciones del Fundo El Temo de Victoria, el mismo lugar donde meses
antes se había realizado la insólita reunión de los belicosos dirigentes
del agro. En dicho lugar, un atentado incendiario redujo a escombros la
noche del día 22 de julio de 2002 un galpón del lonko Juan Segundo
Trangol Yancamán, dirigente de la comunidad Domingo Trangol, miembro del
Consejo de Todas las Tierras y uno de los principales impulsores del
reclamo territorial de la comunidad contra Lichtenberg y la empresa
Forestal Mininco. Según recuerda el dirigente, el fuego arrasó en
cuestión de minutos con 40 fardos de pasto, herramientas de trabajo
agrícola y dos animales vacuno que allí se resguardaban del frío de la
noche.
"Nosotros estábamos en la comunidad ese día, todo estaba tranquilo
cuando nos avisan por la noche que nuestro galpón se estaba incendiando.
No pudimos hacer nada, llamamos a bomberos pero nunca llegaron. En poco
tiempo habíamos perdido todo, nuestra producción de pasto para los
animales, herramientas de trabajo, madera y dos animales", relató. Para
el dirigente, los responsables detrás del atentado resultaban más que
obvios.
"Gente de mi propia comunidad no fue. Yo jamás tuve problemas con ellos.
Se trato de terceras personas, gente civil que intentaba amedrentarnos,
los Trizanos de Victoria se comenta, gente que trataba de enviar un
mensaje a la comunidad", recuerda. Semanas antes del atentado, diversas
amenazas de muerte habían llegado a oídos del dirigente mapuche a través
de diversos medios, en las cuales sujetos desconocidos le advertían de
las consecuencias que tendría para el y su familia el seguir apoyando
las recuperaciones de tierras en la zona. A más de dos años de ocurrido
el atentado incendiario que afectó la propiedad del lonko Trangol
Yancamán, la justicia chilena ha sido incapaz de determinar la identidad
de los responsables.
*
VÍCTOR ANCALAF, werken de las comunidades de Collipulli y lider en ese
tiempo de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), se transformaría desde
su aparición pública como dirigente el año 1999 en uno de los
principales objetivos de varios grupos paramilitares, entre ellos el
Comando Trizano y el Frente Común de Defensa de las Tierras, este último
conformado por agricultores y empresarios forestales asentados en la
comuna de Collipulli. "Una noche, un grupo de sujetos disparó más de 400
tiros de escopeta contra mi casa, yo salí a enfrentarlos, los desafié a
que cruzaran los límites de mi propiedad y huyeron... Más tarde supe que
le habían pagado a un sujeto que ni siquiera posee tierras, para que
efectuara una serie de amenazas a través de los medios de comunicación
contra los mapuche y mi persona", recuerda Ancalaf.
Por esos días, el principal blanco mapuche de las acciones de
hostigamiento policial y paramilitar era la comunidad Choin Lafkenche,
hogar del dirigente. "En aquel tiempo nadie andaba tranquilo en la
comunidad. A cualquier hora ingresaban por los caminos las camionetas
con los guardias armados de la forestal, todas a gran velocidad y
disparando al aire sus armas. Cuando no eran los forestales, eran
civiles, hombres de Freddy Molina quienes ingresaban a la comunidad,
filmaban nuestras casas y luego se iban. Por la noche los disparos no
nos dejaban dormir. Un día en Collipulli se me acercaron unos tipos y me
dijeron que si seguía movilizando a las comunidades, me matarían a mí y
a toda mi familia. El mensaje me lo envió Freddy Molina y sólo fue el
primero de muchos otros que vinieron después", relata Ancalaf.
Estos hechos motivaron que el día 26 de julio, ante la Corte de
Apelaciones de Temuco, fuera presentado un recurso de amparo preventivo
y otro de protección en favor del dirigente y el conjunto de su
comunidad por parte del abogado Pablo Ortega.
"El recurso de protección tiene por objeto proteger la integridad física
de Víctor Ancalaf y su familia, ya que han recibido varias amenazas de
muerte y hasta la fecha se han detec-tado dos ataques nocturnos con
armas de fuego en contra de su vivienda. Nosotros sabemos que las
personas involucradas en estos hechos son guardias armados. Son ellos
los autores de las últimas amenazas y de los disparos y chequeos
fotográficos que afectan a diario a la comunidad. Tenemos también
antecedentes de que esos guardias pertenecieron en el pasado a
organismos de seguridad de la dictadura militar", señaló en dicha
oportunidad a la prensa el abogado.
Con respecto a una supuesta coordinación represiva que existiría entre
agentes del Estado y personal de seguridad de las empresas forestales,
el jurista fue enfático en señalar su convencimiento de aquello. "Aquí
es claro el accionar conjunto entre agentes del Estado chileno y
guardias paramilitares de la empresa forestal. Al parecer, la autoridad
olvida en Collipulli que la función de Carabineros es precaver la paz
social de toda la población y no sólo la de las empresas
transnacionales", señaló.
La investigación judicial iniciada tras la aparición pública del Comando
Trizano recayó en el fiscal de Victoria Héctor Leiva, el mismo que desde
febrero del año 2001 y tras una petición del Diputado Alejandro Navarro
mantenía a su cargo una investigación contra grupos de guardias armados
forestales. Han pasado 4 años y hasta la fecha, no existen personas
detenidas ni procesadas por el fiscal como responsables de estos graves
actos de amedrentamiento. Ancalaf, por su parte, se encuentra recluido
desde hace dos años en la cárcel El Manzano de Concepción. El dirigente
fue condenado por el delito de "atentado terrorista" contra maquinarias
de la multinacional Endesa España, en un proceso plagado de
irregularidades y que fue presentado este año ante la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.
*
EN ESTA HISTORIA DE guerra sucia, un lugar destacado ocupan las empresas
forestales y sus relaciones con empresas privadas de seguridad de dudosa
procedencia en la zona sur. En este sentido, quizás el caso más bullado
en lo que va corrido del conflicto mapuche haya sido el de Forestal
Bosques Arauco, quién el segundo semestre del año 1999 fue acusada
públicamente por comunidades de planificar atentados y montajes al
interior del Fundo Cuyinco, comuna de Los Álamos, predio de 1.650
hectáreas y reivindicado desde hacía más de 18 años por miembros de la
familia Fren, quienes conforman la comunidad Pablo Quintriqueo.
En aquella ocasión, varios ex guardias de la forestal, molestos por el
abandono de sus superiores a uno de sus compañeros detenido en el marco
del conflicto y que posteriormente se suicidó, declararon públicamente
haber recibido instrucciones de atacar a personas mapuche y cometer auto
atentados en Cuyinco para inculpar ante la justicia a miembros de la
comunidad. Cabe destacar que todos ellos pertenecían a la empresa de
seguridad OSEPAR de Temuco, propiedad de Pablo Iturriaga Rocangliolo y
fundada a fines de los años ochenta por el coronel de Ejército ® Alfredo
Rodríguez, ex miembro de la Central Nacional de Informaciones (CNI,
policía secreta de Pinochet) y qué más tarde huiría del país perseguido
por causas de violaciones de derechos humanos.
En su relato, entregado a Radio Bio-Bio y ratificado más tarde en
conferencia de prensa por el diputado Eugenio Tuma (PPD), los ex
sicarios de la empresa forestal confesaron entre otras cosas su
participación en incendios de campamentos forestales, ataque a vehículos
policiales, cortes de caminos e incluso quema de bosques de la propia
maderera. Todo con el objetivo de inculpar y llevar a prisión a
dirigentes mapuche del sector a través de sendas querellas interpuestas
luego por los abogados del imperio forestal de Anacleto Angelini en los
tribunales del Lebu y Concepción.
"Yo llegue el año 1997 a trabajar al Fundo Cuyinco y de inmediato me
sacaron a conocer el bosque y la casa de la familia Fren. Yo no tenía
idea de quienes eran los Fren. Al otro día los jefes se enteraron que
venían de Talcahuano más personas a apoyar la toma del fundo y nos
dijeron a varios guardias: 'vamos a destruir sus casas, a tirarles sus
cosas al agua, todo'. Recuerdo que fuimos como diez guardias. Era simple
para ellos, como nosotros trabajábamos sin contrato, nos decían: 'tu
tienes que hacer esto o te vas'”, relataría uno de los guardias a la
misma Radio Bio-Bio. Entre los muchos hechos en que reconocieron su
participaron los ex guardias de Forestal Bosques Arauco, destacó la
golpiza propinada al profesor del Liceo Politécnico de Lebu, Bernardo
Ramos, una fría noche de octubre de 1999.
"Regresaba yo a mi casa por la noche cuando recibí por detrás un fuerte
golpe en la cabeza. Inmediatamente se me tiraron encima como cuatro
tipos encapuchados, golpeándome por todos lados mientras me decían,
¡esto es por ayudar a los mapuche!. En minutos perdí el conocimiento y
los doctores dijeron que debieron pegarme con un laque o algo así",
recuerda el profesor, quién agrega que tras el ataque debió permanecer
más de una semana hospitalizado producto de un TEC cerrado y contusiones
múltiples. Al otro día de la golpiza, el malogrado profesor debía
presentarse ante la justicia como testigo en favor del dirigente de la
CAM, José Huenchunao, quien se encontraba encarcelado en Lebu acusado de
cometer un atentado contra la forestal en el Fundo Cuyinco.
Un año antes, el 13 de octubre de 1998, guardias de OSEPAR habían
quemado las casas que los comuneros habían levantado en Cuyinco para
explotar el bosque. Como resultado la agresión hubo al menos siete
heridos graves, dos de los cuales tuvieron que ser trasladados a
hospitales del área. Carlos Domínguez sufrió una fractura de cráneo y
María del Carmen Fren, una fractura de clavícula. El mismo día,
emboscaron a la lamngen María Ercilia Vásquez (Ver imagen), cuando
intentaba recuperar vacas que deambulaban atemorizadas por los continuos
enfrentamientos. Trece guardias le propinaron una golpiza a palos que la
mantuvo varios días en cama y con el rostro hinchado de golpes. Los
enfrentamientos siguieron al día siguiente, produciéndose más
lesionados, como Fernando Fren, quien sufrió contusiones múltiples y
heridas en la cabeza, debiendo ser llevado de urgencia al Hospital de
Concepción.
Si bien las confesiones de los guardias forestales causaron un gran
revuelo e incluso llevaron a parlamentarios oficialistas a solicitar en
enero del 2000 –tanto a la Corte de Apelaciones de Temuco como al
gobierno a través del entonces ministro del interior, Raúl Troncoso- la
aplicación de la Ley Antiterrorista en contra de la empresa de seguridad
implicada en los hechos, ninguna investigación se formalizó al respecto.
Por cierto, la acción judicial interpuesta no sólo tenía como norte la
empresa fachada del ex CNI y esto lo sabían Forestal Bosques Arauco y
Forestal Mininco, que a través de un influyente lobby –Grupos Angelini y
Matte, respectivamente- lograron que la petición fuera finalmente
archivada por el gobierno. Hasta la fecha, ninguna investigación
judicial se ha formalizado en la Octava región a raíz de estos graves
hechos.
Tanto Bosques Arauco como Mininco niegan hoy cualquier vinculación con
la empresa OSEPAR de Temuco. Tras romper sus relaciones con OSEPAR,
Forestal Mininco contrató en la zona de Malleco los servicios de la
empresa de Seguridad ASS de Los Ángeles, también vinculada a ex
militares y conformada -según han denunciado las comunidades en
conflicto de Collipulli- por un selecto grupo de "mercenarios, lumpen
callejero y fanáticos antimapuches". Forestal Bosques Arauco, por su
parte, no admite –al menos públicamente- relaciones de trabajo con
ninguna empresa de seguridad en particular, aun cuando es posible
encontrar, al interior de aquellos fundos reclamados por comunidades,
fortificados campamentos con sensores electrónicos, guardias uniformados
e incluso perros de ataque.
*
DURANTE LA DÉCADA DE los ochenta, el gobierno español de Felipe Gonzáles
debió enfrentar una de las más duras ofensivas por parte del
nacionalismo vasco y su expresión de lucha armada, ETA. Para enfrentar
esta oleada de movilizaciones, la administración del socialista Gonzáles
decidió recurrir a la guerra sucia, autorizando la creación de los
Grupos Antiterroristasde Liberación (GAL) por parte de afiebrados
asesores de seguridad participes de su gobierno. Estos grupos,
integrados por miembros de la Policía Civil Española y mercenarios de la
derecha política, protagonizarían a partir de entonces una serie de
secuestros, atentados y asesinatos de dirigentes etarras que –al ser
descubierto- terminaría costándole a Gonzáles su reelección para un
nuevo periodo de gobierno.
En Chile, mucho se comenta la similitud existente entre el gobierno de
Ricardo Lagos y aquel desempeñado por su colega socialista en España
entre los años 1982 y 1996. Se comenta que Lagos al igual que Gonzáles
ha abrazado entusiasta en su gobierno los postulados del modelo
económico neoliberal. Sin embargo, nada se habla de sus métodos cada vez
más similares a la hora de enfrentar aquello que ambos denominan como
"actos de subversión interna". Puede que Lagos –otro amante del derecho
y la legalidad, al igual que Agustín Figueroa- no este pensando
precisamente en conformar unos GAL para enfrentar en La Araucanía el
conflicto mapuche. Sin embargo, ya surgen las primeras dudas respecto de
organismos policiales y de inteligencia del estado, que estarían
impulsando en la zona sur dicho trabajo sucio.
Extraños robos a sedes de organizaciones mapuche, seguimientos a sus
dirigentes, interceptaciones telefónicas ilegales, misteriosos civiles
realizando interrogatorios extrajudiciales e incluso un caso de doble
secuestro ya se han registrado al interior de territorio mapuche.
Específicamente en Temuco, capital regional y epicentro del conflicto
territorial, diversas organizaciones mapuche, eclesiásticas e incluso
académicas, como el desaparecido Programa de Derechos Indígenas de la
Universidad de La Frontera (UFRO), dieron la voz de alerta el año 2002
respecto del accionar impune de un grupo no identificado, vinculado
posiblemente con organismos de inteligencia gubernamental, y responsable
del doble secuestro en julio y agosto de ese año de la niña mapuche
Daniela Ñancupil, hija de un lonko vinculado a la CAM.
Daniela, de 13 años, fue secuestrada por primera vez el 31 de julio de
2002 por civiles no identificados en las inmediaciones de su hogar.
Durante varias horas, la menor fue interrogada sobre su participación en
las movilizaciones mapuche y sobre su posible conocimiento de los
dirigentes y voceros de la CAM en la zona de Chol-Chol. Finalmente, tras
varias horas de terror y bajo amenaza de muerte, fue dejada en libertad
por los civiles, tres hombres y una mujer, reconocidos por ella como
agentes de la policía civil. Cinco días más tarde y emulando el trabajo
sucio desarrollado por organismos represores durante la dictadura
militar, los mismos civiles no identificados intentaron por segunda vez
secuestrar a la menor, acción que fue evitada gracias a la oportuna
intervención de terceros alertados por la situación.
Tan sólo días antes del extraño secuestro, un incendio intencional había
destruido completamente el vehículo del abogado Jaime Madariaga,
estacionado en una calle de la capital regional. El profesional, en
representación de la menor Daniela Ñancupil, patrocinaba en los
tribunales una querella en contra de funcionarios policiales
responsables de haber baleado a la menor en enero del año 2001, en el
marco de un violento operativo realizado por Carabineros para desalojar
a familias mapuche que ocupaban el Fundo El Carmen de Forestal Mininco.
Tanto el incendio del vehículo del abogado Madariaga, como el doble
secuestro sufrido por Daniela, serían denunciados el 7 de agosto de 2002
en Temuco, por medio de una concurrida conferencia de prensa realizada
en el Instituto de Estudios Indígenas de la Universidad de La Frontera.
En dicha ocasión, los familiares de la menor fueron acompañados por los
abogados José Aylwin y Rodrigo Lillo, en representación del Programa de
Derechos Indígenas de dicha casa de estudios superiores. Hasta la fecha,
la justicia ha sido incapaz de identificar o detener a los civiles
responsables de estos graves delitos, encontrándose archivadas gran
parte de las denuncias presentadas por la familia de la menor y sus
abogados ante los tribunales / Azkintuwe
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