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UNA
MIRADA A LA FUNDACIÓN NERUDA |
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El otro fundo de Figueroa |
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Tras largo batallar, un grupo de
cercanos lograría concretar a mediados de los años 80’ el gran sueño
del poeta Pablo Neruda: Crear una fundación para el desarrollo de
las artes y letras. Sin embargo a 30 años de su muerte, la fundación
que lleva actualmente su nombre enfrenta severos cuestionamientos
éticos y literarios, centrados principalmente en las actuaciones
autoritarias y polémicas de su Presidente, Juan Agustín Figueroa. |
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Por Pedro CAYUQUEO / Azkintuwe Nº1 |
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- Juan Agustín
Figueroa. Foto de Agencias. |
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Al cumplirse 30 años de
la muerte del poeta, las críticas contra las
acciones de Figueroa no provienen solo de sectores
mapuches. |
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Como abogado, a Figueroa
le correspondería la tarea de construir el andamiaje
jurídico para administrar el legado del poeta. |
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INCLUIDO EN VARIAS ocasiones entre
los hombres más influyentes del país, Juan Agustín Figueroa, ministro
del Tribunal Constitucional, ex ministro de Agricultura del gobierno de
Patricio Aylwin, abogado litigante y propietario de uno de los estudios
más importantes de la plaza, es el encargado de administrar actualmente
a través de su cargo de Presidente de la Fundación Neruda el legado de
uno de los poetas universales que más amó al pueblo mapuche y se
comprometió con la lucha de los oprimidos en general.
Sin embargo y paradoja del destino, desde diciembre del año 2001, fecha
en que fue incendiada la casa de su hijo en el sureño Fundo Nancahue,
este abogado que se declara ferviente “nerudiano” se ha transformado en
un implacable perseguidor de dirigentes mapuches en la zona de Traiguén,
logrando el pasado 27 de septiembre por parte de tribunales de La
Araucanía una condena de cinco años de cárcel para dos reconocidos
lonkos por el cargo de supuesta “amenaza terrorista” en su contra.
Al cumplirse 30 años de la muerte del poeta, las críticas contra las
acciones de Agustín Figueroa sin embargo no provienen solo de sectores
mapuches que ven como el ex ministro traiciona impunemente el legado
cultural, político y moral del insigne Premio Nobel autor del épico
“Canto General”. Por el contrario, Figueroa ha sabido ganarse también la
enemistad de un amplio espectro de la intelectualidad chilena por
dirigir los destinos de la Fundación con un autoritarismo más que
declarado. “Como si se tratara de otro de sus fundos”, declaran varios
entrevistados, quienes no le perdonan el haber transformado el legado de
Neruda en mercancía para turistas del primer mundo y censurar
deliberadamente al interior de la Fundación el enriquecedor pasado
político y militante del otrora poeta senador del Partido Comunista y
diplomático del gobierno de la Unidad Popular (1970-1973).
Desde su cargo de Presidente de la Fundación Neruda, el cual desempeña
desde su creación el año 1986, Agustín Figueroa ha protagonizado una
serie de polémicas con intelectuales, organizaciones culturales,
editoriales e incluso familiares directos del Nóbel como el poeta sureño
Bernardo Reyes, sobrino nieto de Neruda, organizador de las famosas
jornadas del “Tren de la Poesía” en Temuco y quién fuera unilateralmente
expulsado de la Fundación por el propio Figueroa el pasado mes de abril.
¿Las razones?. Una simple “reducción” de gastos económicos en una
institución-empresa que hoy percibe ingresos por más de 400 mil dólares
al año. Declarada la polémica, Figueroa fue tajante. “Los actuales
descendientes de la familia de Neruda carecen de condiciones
“realzables” desde el punto de vista cultural”. Es su estilo de
administración. El estilo del dueño del Fundo Nancahue.
*
“ESTA FUNDACIÓN PERSIGUE como objetivo general, según sus estatutos, el
cultivo y propagación de las artes y las letras. Su creación fue el
resultado de una ardua labor que culmina con el Decreto que le da
existencia jurídica en junio de 1986. Su antecedente jurídico inmediato
es el testamento de Matilde Urrutia, viuda del poeta, donde instituye la
Fundación, formula sus estatutos y designa directores y consejeros”,
señala el sitio web de la Fundación como carta de presentación para los
miles de usuarios que lo visitan a diario y desde todos los rincones del
planeta.
En dicho testamento a que se hace alusión en la nota, Matilde Urrutia
manifestaba una antigua aspiración de Pablo Neruda, como lo era el crear
una institución que garantizara el acceso de la población y
principalmente de las nuevas generaciones de jóvenes artistas a su
legado poético y cultural. En efecto, poco antes de cumplir los 50 años,
el propio Neruda decidió donar toda su vasta biblioteca personal junto a
su famosa colección de caracolas a la Universidad de Chile con el mismo
objetivo: que se creara precisamente una fundación para el estudio de la
poesía, para el desarrollo de las artes y el resguardo de la naturaleza,
pero diversas circunstancias como la dictadura militar hicieron
imposible o más bien retardaron la realización de este anhelado sueño.
Fue a principios de la década del 70 y cuando regresaba a Chile luego de
su misión diplomática en Francia, que el poeta expuso su voluntad de
crear una fundación a su abogado y amigo Sergio Insunza, quien de
inmediato redactó y dio forma a esta voluntad, complementándola años más
tarde con el testamento de su viuda Matilde Urrutia, quien antes de
morir pidió a Insunza y su gran amiga Aida Figueroa que se hicieran
cargo de los trámites testamentarios. Matilde Urrutia, quien se unió al
poeta en 1955 y contrajo matrimonio con él doce años más tarde,
testamentó sus bienes el 15 de enero de 1982, siguiendo al pie de la
letra los deseos del autor de los veinte poemas de amor.
Es así como en su testamento establece la creación de la Fundación Pablo
Neruda, a la que instituye como "heredera universal" de gran parte de su
patrimonio. Pero no sólo eso. Junto con declarar a la corporación "una
fundación de beneficencia" cuyo objetivo es "el cultivo y la propagación
de las letras y las artes", Matilde Urrutia se encarga de designar,
antes de su muerte el 5 de enero de 1985, a los cinco miembros
originales que tendría el directorio. Estos fueron el pintor Mario
Carreño, el actor Roberto Parada, el escritor Jorge Edwards, Flavián
Levine y Raúl Bulnes, quienes debían cumplir el “triple carácter de
albaceas, herederos modales y directores de la Fundación”.
Es entonces cuando entra en escena la figura de Juan Agustín Figueroa,
hermano de Aída Figueroa, militante comunista, una de las mejores amigas
de Matilde y quien decidió aliarse con su hermano de derecha y
latifundista con el objetivo de rescatar Isla Negra, el patrimonio de
Neruda y formar la tan anunciada Fundación, todo bajo la anuencia de
Matilde quién no tardó en designarlo antes de morir como el quinto
miembro de su directorio.
Como abogado de prestigio, a Figueroa le correspondería entonces la
tarea de construir el andamiaje jurídico para retornar el patrimonio
nerudiano a sus herederos legítimos y poder cumplir con el testamento
del vate de Isla Negra. Sin embargo, con el paso de los años esta
relación de asesoramiento jurídico hacia la familia del poeta cambiaría
radicalmente, transformándose Figueroa lentamente en el verdadero amo y
señor de la institución. Su jugada maestra en este sentido fue el haber
modificado a su favor la composición del directorio designado por
Matilde tras la muerte de los originales Parada y Carreño, y la
posterior renuncia de Jorge Edwards y Flavián Levine.
A partir de entonces, la nueva directiva presidida por Figueroa quedó
absolutamente en familia: Marcela Elgueta, su esposa, Aída Figueroa, su
hermana, Jorge del Río, miembro de su exclusivo staff de abogados y Raúl
Bulnes, uno de sus amigos más íntimos. A ellos se agregarían más tarde
otros dos directores designados: Volodia Teitelboin y Enrique Inda. Si
bien Agustín Figueroa justifica hoy su cargo como Presidente de la
Fundación Neruda por su “cercanía” con la obra del poeta, lo cierto es
que para muchos la relación de Figueroa con el mundo nerudiano no
llegaría tan lejos y estaría cruzada mayormente en la actualidad por una
serie de oscuros intereses creados. Eso al menos reveló a la prensa el
poeta Bernardo Reyes tras ser expulsado recientemente expulsado de la
Fundación aduciendo Figueroa una serie de problemas “económicos”.
Reyes, sobrino nieto del Nobel y quien dirigía hasta hace un par de años
el famoso Tren de la Poesía y un portal en Internet sobre poesía en
Temuko, alega sin embargo que le pagaban desde el año 1994 hasta abril
de este año míseros 200 mil pesos que no le permitían pagar mensualmente
más que el teléfono. “Tan sólo el Tren de la poesía -señala Reyes-
costaba anualmente 15 millones de pesos y la Fundación sólo aportaba 2.5
millones”, debiendo conseguir la diferencia entre otros entes privados y
principalmente a la solidaridad de bolsillo del municipio local,
dirigido por Rene Saffirio.
Bernardo Reyes, al analizar su abrupta partida de la Fundación, reitera
que las razones económicas con que justificaron su partida carecen de
completo fundamento en los hechos. Más aun considerando que la fundación
junto con manejar gran parte de los bienes de Neruda, administra
alrededor de 400 mil dólares anuales, de los cuales 200 mil son ingresos
por derechos de autor. El resto de las ganancias proviene
mayoritariamente de la venta de entradas y souvenirs en las tres casas
museo (La Chascona, en Santiago; La Sebastiana, en Valparaíso, y la
propiedad de Isla Negra) que son visitadas anualmente por más de cien
mil personas, en su mayoría turistas extranjeros y cuya administración
actual tampoco escapa a las certeras críticas del poeta sureño.
“Al paso que van, terminarán creando el banco o el supermercado Neruda,
lo que tal vez puede no ser tan terrible en la medida que se necesiten
los recursos para administrar una entidad privada. No obstante, la
gestión cultural no sólo obedece a intereses económicos, sino también a
cuestiones espirituales, a un sentido de cultura, de patria”, sostiene
Reyes. Y puede que no este muy equivocado, considerando que actualmente
la tarifa por fotografiar tan sólo alguna de las propiedades del poeta
asciende a la no despreciable suma de US$ 1.500. "En todos los museos
del mundo tiene un determinado costo tomar fotografías o recurrir al
archivo. En ese sentido, actuamos de acuerdo a los parámetros
internacionales", explicó sin embargo a la prensa el propio Figueroa,
cual experimentado operador turístico.
Para Reyes, esta mercantilización promovida por la Fundación respecto de
los bienes del poeta sólo estaría logrando "desnaturalizar" el legado de
Neruda. “No existe una gestión cultural en esa organización, salvo la
realización de algunos talleres de poesía”. Todo lo demás, denuncia,
sería nada más y nada menos que la comercialización descarada de
productos ligados a la figura de su destacado tío abuelo.
*
“HACE CIEN AÑOS EXACTOS, un pobre y espléndido poeta, el más atroz de
los desesperados, escribió esta profecía: Al amanecer, armados de una
ardiente paciencia entraremos en las espléndidas ciudades. Yo creo en
esa profecía de Rimbaud, el vidente y debo decir a los hombres de buena
voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue
expresado en esa frase: sólo con una ardiente paciencia conquistaremos
la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los
hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano”.
Con estas fervientes palabras Pablo
Neruda daba por terminado su discurso ante la Academia Sueca al recibir
en Estocolmo el Premio Nóbel de Literatura aquel mítico 21 de octubre
del año 1971. Era la voz del Neruda poeta y ferviente hombre político,
quién reafirma en dicha ceremonia y ante la humanidad entera su
conciencia de ser parte de aquel pueblo combativo que en los confines de
América se jugaba por aquellos días la posibilidad cierta de una patria
más justa y solidaria para todos sus conciudadanos. Varías décadas
atrás, el 8 de julio de 1938 y en una ceremonia realizada en el Teatro
Caupolicán, había decidido ingresar al Partido Comunista para combatir
el avance del “fascismo” junto a otros dos insignes de la literatura
chilena: Francisco Coloane y Ángel Cruchaga
Sin embargo, esta faceta ineludible para comprender su obra y su legado,
es omitida de manera categórica por Agustín Figueroa y sus secuaces en
la Fundación, quienes en los últimos años se han empeñado en evitar la
publicación de valiosos textos sobre el autor y relacionados
precisamente con su pasado como ferviente partidario de la izquierda
marxista revolucionaria. Esto es lo que ocurrió el año 1998, cuando
Agustín Figueroa a nombre de los directivos de la Fundación impidió en
tribunales la publicación de un libro que recogía los discursos
parlamentarios de Pablo Neruda pronunciados entre los años 1945–1948
siendo senador del Partido Comunista, alegando una supuesta violación
sobre los “derechos de autor” que poseen de manera exclusiva por deseo
de Matilde Urrutia y el propio Pablo Neruda.
Si bien más tarde la Corte de Apelaciones de Santiago autorizó la
publicación de la obra, señalando que "las actas de sesión del Senado no
están protegidas por la Ley 17. 336 sobre propiedad intelectual”, la
actitud de la Fundación no dejó de llamar la atención de los seguidores
y estudiosos del poeta. Para Leonidas Aguirre, autor de la obra en
cuestión y que llevaba por título “Discursos Parlamentarios de Pablo
Neruda (1945-48)”, lo ocurrido -más allá de los supuestos derechos de
autor reclamados por la Fundación- sentaba un grave precedente respecto
de la clara “intencionalidad” de los directivos por silenciar una etapa
en la vida del poeta de gran valor para la ciudadanía. Volodia
Teitelboim, miembro disidente del directorio, estudioso del poeta y
autor del prólogo del cuestionado libro, llegaría a declarar más tarde
que la obra de Aguirre trataba ni más ni menos que de "un capítulo
imprescindible de la obra nerudiana, hasta ahora silenciado y
prácticamente inaccesible al conocimiento público".
No sería la primera vez, en todo caso, que la Fundación pondría
problemas a los investigadores de la vida y obra del poeta para publicar
sus apócrifos estudios. A comienzos de la década de los noventa, la
Fundación Delia del Carril difundió un poema inédito de Neruda escrito
en 1973, dedicado a las Juventudes Comunistas de Chile y que estuvo
postergado por largos años al interior de la Fundación Neruda debido a
su alto contenido político. La historia nos cuenta que en septiembre del
año 1973, como una forma de motivar a los alumnos de la Universidad de
Chile a participar de las elecciones estudiantiles, un grupo de miembros
del Centro de Alumnos de Arquitectura le habría pedido al poeta que
redactará una especie de manifiesto. Neruda, muy atento, fue aun más
lejos y escribió un hermoso y encendido poema, del cual más tarde y tras
el golpe militar del 11 de septiembre de 1973 nunca más se supo.
Sin embargo, 19 años después, la Fundación Delia del Carril difundió el
poema inédito en un acto por el Día de la Tierra que organizó en
conjunto con la “Corporación Syntesis”. Sólo allí se pudo saber que el
original del texto había sido donado muchos años antes por el arquitecto
Ramiro Insunza, ahijado del poeta, a la Fundación Neruda con la
condición de que fuera algún día publicado, pero como ésta jamás cumplió
con el acuerdo Insunza lo retiró para entregarlo a la Fundación Delia
del Carril, también dedicada a la obra del poeta y que recoge el nombre
de su aristócrata primera esposa. Según declaró por entonces el
secretario ejecutivo de la Fundación Neruda, Francisco Torres, la no
publicación del poema no se debió a algún tipo de censura política, sino
más bien al “olvido” causado por la gran cantidad de proyectos que
manejaban como institución. Hasta el día de hoy, por cierto, nadie se ha
creído dicha versión “oficial”.
El poema de la polémica, para ser sinceros, era bastante más político
que los Veinte Poemas de Amor. Hablaba de la tierra como una gran casa y
alentaba a las Juventudes Comunistas a resolver el gran problema del
hombre: la vivienda. Es decir, la propiedad. "El pez nada en el ancho
mar / vive bien. El zorro en su covacha, huele / a selva: no está mal /…
Sólo el hombre es miserable / sobre la tierra que le pertenece: / le
falta espacio, agua, cielo, luz, / techo, intimidad, felicidad: /
Muchachos comunistas: a ustedes les toca arreglar este / asunto: la
vivienda, es decir, la vida!", señala en parte este incendiario poema
titulado “Atención”.
Otro caso de censura previa por parte de Figueroa sería el ocurrido con
el escritor Julio Gálvez, ganador hace unos años del primer premio en un
concurso de ensayo auspiciado por la propia Fundación Neruda. Este, a
propósito de la expulsión de su amigo Bernardo Reyes de la institución,
aprovechó de denunciar hace unos meses el no cumplimiento de los
directivos del compromiso de publicar su trabajo premiado, tal cual lo
indicaban las bases del certamen, acusándolos por tanto directamente de
censura política. A los directivos, al parecer, no les agradó el Neruda
presentado por Gálvez en su trabajo titulado “Testigo ardiente de una
época”. Un Neruda solidario, político, revolucionario y comprometido
socialmente. “A ellos sólo les interesa mostrar al poeta coleccionista y
lúdico”, señaló entonces Gálvez categórico y por cierto desilusionado.
Un caso aparte y que grafica como los actuales intereses personales de
Juan Agustín Figueroa determinan el rumbo de la institución, es el
ocurrido con el escritor Jaime Valdivieso, quien se vio forzado a
renunciar como miembro integrante del Directorio de la Revista
Cuadernos, que edita la Fundación, debido a la censura impuesta por el
clan Figueroa sobre un trabajo suyo relacionado con la poesía mapuche.
“El mensaje me llegó a través de Aída Figueroa, hermana del Presidente y
la razón era porque a éste los mapuches en la región sureña le habían
atacado uno de sus fundos... Eso es pisotear las ideas de Neruda, que
siempre defendió la cultura mapuche en sus obras y en su vida política”,
señaló Valdivieso tras conocerse la noticia. Y agregó. “En el directorio
de la Fundación no hay un especialista y Juan Agustín Figueroa maneja el
organismo cultural como si se tratara de un fundo", finaliza categórico /
Azkintuwe
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