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SALMONERAS
Y PATRIMONIO CULTURAL |
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Zonas
costero marinas contaminadas, el intensivo uso de antibióticos, la
masiva generación de desechos industriales y el desplazamiento
forzado de comunidades de pescadores e indígenas Mapuche-Huilliche.
Frente a estos impactos, los empresarios imponen la idea que la
industria del salmón es la única alternativa para la economía de
este archipiélago.
¿Qué consecuencias han traido los salmones para el patrimonio
cultural? |
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Por
Isabel DIAZ y Patricio MELILLANCA
I
Azkintuwe Nº27 |
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Sergio
Mansilla, docente de Literatura y Estudios Culturales
de la Universidad de Los Lagos, concuerda en que la
industria del salmón ha afectado el patrimonio
cultural intangible. |
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“Estamos
en presencia de un David y un Goliat. Un tremendo
sistema que se instala y que incluso altera la
mentalidad de nuestras autoridades, concepciones
distintas a lo que es valorar el bien patrimonial". |
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LA DESFACHATADA frase
con la
que Cesar Barros inauguró su llegada a la presidencia de SalmónChile
hace unos meses no ha pasado desapercibida en las regiones intervenidas
por las empresas nacionales y multinacionales que producen y exportan
salmón en el sur de Chile. “Sin la industria salmonera estas regiones
volverían a la edad de piedra” dijo el economista agrario, con lo cual
reafirmó la especie de misión civilizadora que imponen las empresas para
justificar su presencia en estos territorios.
Barros, articulista de revistas y diarios empresariales y conocido por
llevar todas las discusiones a cifras y estadísticas -muchas veces
desproporcionadas y muy optimistas para sus fines-, dejó en evidencia
uno de los grandes conflictos subterráneos que poco a poco muestra su
sismicidad y su potencial irrupción que podría remover, con alcances
insospechados aún, las bases culturales de esta zona cubierta por la
marea salmón.
Pueblos y ciudades con masiva presencia de hombres y mujeres migrantes,
debilitamiento de la soberanía alimentaria, disminución de la autonomía
económica local, cambios en las relaciones sociales, irrupción masiva
del trato empleado-patrón, aumento del tráfico carretero y marítimo, y
un deterioro del patrimonio cultura y ambiental, son algunas de las
nuevas tensiones que se aprecian en estas zonas.
La “segunda colonización en Chiloé” o la “revolución industrial
decimonónica” son algunas de las frases con que algunos califican a este
millonario enclave económico industrial. Otras evidencias de conflictos
son las zonas costero marinas contaminadas, el intensivo uso de
antibióticos, la masiva generación de desechos industriales y el
desplazamiento forzado de comunidades de pescadores e indígenas
Mapuche-Huilliche.
Frente a estos impactos, los empresarios imponen la idea que la
industria del salmón es la única alternativa para la economía de este
archipiélago y publicita la necesidad que los habitantes de estos
territorios sientan el “orgullo salmonero”, por estar “alimentando al
mundo”, tal como dice la nueva propaganda comunicacional de la patronal
SalmónChile. El debate se instala a más de 20 años de la instalación de
estas compañías y en momentos en que no quedan espacios costeros para
nuevas concesiones acuícolas en la Región de Los Lagos. Mientras, la
industria sigue anunciando que “debe” duplicar su producción.
*
CHILOÉ SE HALLA EN
una etapa terminal de “smoltización” cultural. Término tomado de la
crianza del salmón que alude a la etapa en que se convierte desde su
condición de alevín que vive en agua dulce en smolt que comenzará a
vivir en el mar. Fue Renato Cárdenas, director del Archivo de Chiloé y
miembro del Consejo Regional de Cultura, quien acuñó este concepto para
graficar que en el archipiélago se está produciendo el mismo “proceso de
alienación” que la que ocurre en el cultivo de esta especie exótica.
Cárdenas, nacido en Calen, una aldea ribereña de la comuna de Dalcahue,
explica que “el salmón en la última etapa de crecimiento artificial en
pileta es preparado para pasar al mar. En ese proceso se le va tirando
sal para que su ideología se adapte al nuevo sistema. Finalmente cuando
pasa al mar el salmón no se da cuenta que cambio de agua. El chilote sin
darse cuenta se va entregando, sin que advierta la claridad de sus
aguas”.
Para el antropólogo “nuestras sociedades, sobre todo las campesinas, son
muy débiles, son fáciles de quebrar porque tienen una relación interna,
no hacia afuera. Ni siquiera en Chiloé se hizo la guerra contra los
españoles en forma tal, porque no existía un Estado centralizado como
los Incas, u otros pueblos de Centroamérica. Entonces, la gente no está
acostumbrada a enfrentarse a cosas, sino a desarrollarse casi como un
organismo natural, como el Mapuche que veía en su Mapu también parte de
su Admapu, de todo lo que era él como ser humano”.
El patrimonio cultural intangible -al que alude Renato Cárdenas– se
refiere a “una serie de relaciones, de formas, de técnicas que se
depositan en la memoria y a través de ese elemento se van trasmitiendo a
las generaciones y constituyen en definitiva una forma de vida”. Agrega
que “esa forma de vida que se asienta en la comunidad hace posible que
con muy estrechos recursos económicos funcionen, coexistan y vivan”.
Destaca que se trata “no solo de las comunidades mestizas de La
Conquista. En la zona tenemos presencia humana desde 12.500 años, es el
caso de la localidad de Monte Verde”.
Renato Cárdenas, profundo conocedor de la sociedad, el tiempo y el
espacio chilote, sostiene que “hay una historia que se ha ido
construyendo en Chiloé, en que la relación entre los vecinos ha sido
básica. El patrimonio es un intangible que no siempre tiene de donde
tomársele, porque va en lo cotidiano, va en nuestras actividades diarias
que van desde una fiesta patronal hasta una iglesia o una comida”.
“Todos esos elementos son intangibles, o sea, se materializan en cada
presente, en cada cotidianidad, pero se van transmitiendo y eso es lo
interesante. Esa cadena es la que constituye los elementos de identidad
para cada grupo y para cada persona”.
“Esas cadenas de identidad han sido alteradas en momentos en que entran
las salmoneras, pues lo que hacen es contratar la fuerza laboral,
dejando a esas comunidades con la fuerza laboral de los viejos, e
inicialmente de las mujeres”. En la actualidad, las mujeres están
integradas al proceso productivo del salmón, y se estima que representa
cerca del 60% de la mano de obra.
*
EN 1975 EMPEZARON los cultivos de salmón en la Isla de Chiloé, y una
década después estaba desencadenado el sistema, afirma Renato Cárdenas.
“Desde ese periodo al presente se ha ido produciendo esta adaptación a
un sistema de trabajo, a un sistema de vida, a valores. Son visiones
distintas de mundo, de desarrollo, que transformaron estas pequeñas
comunidades que vivían sobre la base de un trabajo vecinal a ser mano de
obra para las salmoneras”. A juicio de director académico del Archivo de
Chiloé, “la mano de obra que era para las comunidades aún existe pero en
una medida muy pequeña”. Y justamente, “por eso estamos alegando, porque
todavía son sociedades salvables, todavía es posible reencaminar
procesos (…), pero en lo básico lo que se ha estado haciendo a través
del nuevo proceso industrial es ir deteriorando la vida de las
comunidades, al imponerle otras formas de relaciones, otras formas
económicas, otras formas de vida”.
En la actualidad, el desarrollo se ha inclinado “hacia el lado de la
industria del salmón, de sus éticas y estéticas. La industria con todo
su devenir de valores y de formas de vida y otras desechables, porque no
constituyen según ellos parte de una modernidad. Modernidad se asocia a
desarrollo y desarrollo a urbanismo, y lo rural se considera un elemento
retardatario del desarrollo. Todas esas concesiones van desde la escuela
hasta el diario vivir, entonces por cierto que la comunidad se va
resintiendo y va resintiendo también sus valores más fundamentales”.
Por su parte, el escritor Sergio Mansilla, docente de Literatura y
Estudios Culturales de la Universidad de Los Lagos, también concuerda en
que la industria del salmón ha afectado el patrimonio cultural
intangible. “No necesariamente ha afectado el patrimonio cultural
físico, aunque eventualmente pudo haber ocurrido en algunas caletas como
por ejemplo en Dalcahue, donde la instalación de la industria ha ocupado
zonas de los antiguos embarcaderos. Pero el mayor impacto de la
industria del salmón tiene que ver con el cambio societal que se está
produciendo en Chiloé”.
La tesis del poeta y ensayista es que “Chiloé está viviendo una especie
de revolución industrial decimonónica, con un fuerte énfasis en la
industria extractiva, fuerte presión sobre los recursos naturales y
orientada hacia la exportación. De manera que una de las consecuencias
es que un porcentaje importante de población que antes era agricultora,
pescadora o ambas cosas al mismo tiempo, artesana, está dejando de ser
lo que son y se están convirtiendo en obreros asalariados”.
Agrega que “si uno revisa los primeros tiempos de industrialización en
Inglaterra el estilo de procedimiento fue básicamente el mismo”. Se
trata de “una revolución industrial decimonónica que se implanta a la
inglesa. Se instalan grandes fábricas, se proletariza el campesinado,
que comienza a depender del salario y al final queda atrapado en la red
del salario, porque está endeudado, vive de eso y no tiene más que
hacer. Eso obviamente hace cambiar mucho las cosas”. A modo de ejemplo,
Sergio Mansilla asegura que “es difícil organizar torneos de fútbol en
las islas y es básicamente porque no es posible encontrar gente joven
que esté disponible para jugar los días domingos, porque ya no viven en
las islas o porque si viven tienen que trabajar. Eso evidentemente tiene
efectos sobre las costumbres, las tradiciones, sobre la memoria
cultural”.
*
SONIA CATEPILLAN, mujer Mapuche - Huilliche de la Isla, afirma que
“desde la llegada de la industria del salmón los cambios han sido
espantosos. Se han ido perdiendo nuestras costumbres, nuestra cultura.
Los salmoneros han dado trabajo, pero a costa de haber perdido nuestra
identidad. Los jóvenes no trabajan la tierra, las niñas no saben lo que
antes era trabajar la lana, el tejido. No es malo que trabajen, pero la
Isla no se si a futuro va a ser lo mismo, o que le vamos a decir a
nuestros nietos de cómo fue esto”. Catepillan afirma que el mar también
ha sufrido deterioros. “Antiguamente íbamos a mariscar cerca de los
palafitos, cerca de nuestras casas, pero ahora está todo contaminado.
Todos los mares están llenos de balsas salmoneras, el mar tiene dueño,
ya no es lo mismo que antes”.
Sonia además critica la intención de construir el punte entre el
continente y Chiloé, iniciativa que fue respaldada con fuerza por los
empresarios del salmón. “Las comunidades Huilliches estamos contra el
puente porque si nosotros tenemos un poco, cuando se construya no
quedará nada. Pasaran los grandes empresarios a sacar lo poco que queda,
del mar, del bosque. Chiloé no es ni la mitad de lo que era hace 50 años
atrás”. “Han ido creciendo las poblaciones, pero con ello ha ido
creciendo el deterioro de los pueblos. Como huilliches hemos visto como
se ha ido perdiendo parte de nuestra vida, de nuestra historia. Eso va a
ser difícil de rescatar. Tratamos de enseñarles a nuestros nietos, como
antes sacábamos lo justo y necesario para vivir del mar. La leña que se
sacaba de los árboles muertos, pero ahora ha sido un arrasamiento total
de todo lo que hay en Chiloé. Los empresarios son los grandes dueños de
la Isla de Chiloé. No es justo lo que está pasando”.
Héctor Leiva, profesor de la escuela de la comunidad Huilliche
Weketrumao, en el sector de Chadmo, en Quellón, opina que la industria
salmonera “en el ámbito urbano ha significado casi una explosión de la
población en términos de crecimiento, lo que ha colapsado los servicios
y ha traído una serie de elementos no todos positivos. Mucho de
delincuencia, drogadicción, de lacra social que se ve en las grandes
ciudades, se ha instalado (en Quellón) producto de la llegada de
personas de todas partes del país que vienen a hacer uso de la fuente
laboral que genera la industria del salmón”. Para el docente, “hay esa
especie de invasión de gente foránea en los pueblos. Esta mezcla de
costumbres trae una nueva forma de ver el mundo. Quellón ha perdido
muchas de las características de los pueblos de Chiloé, en el sentido
que ya no es identificable por ejemplo su ciclo anual como son los otros
pueblos más tradicionales, que son mucho más previsibles de lo que
acontece. Quellón por ser un puerto, es un lugar que no tiene un sello
identitario, puede ser de cualquier parte”.
Este pequeño puerto al sur de Chiloé es una de las ciudades que registró
el mayor porcentaje de crecimiento demográfico en Chile. “Según el Censo
1982- 1992, la población de Quellón creció un 114%, mientras que durante
los años 1992- 2002 se acercó al 45%. Esto ha generado un tipo de
vivienda muy precaria y sobretodo ha generado muchos allegados y una
carencia casi insolucionable de viviendas. Existen verdaderos cordones
en la periferia. Gente que vive en viviendas precarias e instaladas en
forma casi caótica en algunos lugares, donde la gente se hace de un
terrenito y no hay ninguna planificación al respecto. La planificación
urbana se ve afectada. Los servicios no dan abasto, desde luego no hay
factibilidad de agua en muchos lugares”, dice Hector Leiva.
Sergio Mansilla reafirma esta observación. “Quellón es un caso
paradigmático. Un gran porcentaje de población que llega es por motivos
laborales. Su interés primero es juntar recursos y si es posible volver
a su lugar de origen, por lo tanto su vinculación con el territorio es
mínima (…), como un campamento. Son pocos los que llegan con deseos de
quedarse e interiorizarse de la cultura chilota y ser una especie de
nativo, porque la gente que llega es obrera, de nivel medio como máximo.
Sus intereses son otros. En Quellón existe una industria de la
prostitución realmente impresionante. Uno no se imagina que han llegado
prostitutas colombianas, brasileñas y peruanas”.
Una de las grandes
preocupaciones de esta situación de avance de la industria del salmón es
la Soberanía Alimentaria de las comunidades chilotas. A juicio de Sergio
Mansilla, “el efecto más grave tiene que ver con el hecho que la
creciente proletarización de la población chilota, está disminuyendo
drásticamente el cultivo de alimentos. Chiloé está perdiendo su
autonomía alimentaria que tuvo por casi cinco siglos. Chiloé era una
tierra pobre en muchos sentidos, pero siempre tuvo la gracia de ser
autónoma desde el punto de vista de los alimentos, dependía muy poco de
los alimentos industriales”.
Mansilla que nació a fines de la década de los 50’ en Chiloé y vivió
gran parte de su infancia allí, recuerda como era su dieta y de donde
obtenían la comida. “Ha habido un debilitamiento no solo de la
posibilidad de generar alimentos propios, también se ha ido perdiendo la
práctica de trabajo y de sociabilidad que implicaba la producción de
alimentos, la siembra, la pesca, etc”. “La tradición culinaria ha ido
quedando reservada para presentaciones costumbristas, para espectáculos
de verano. En el encuentro costumbrista de Castro se hace chicha de
manzana, milcao, pero eso no es parte de la cotidianidad de la gente. Se
hace para efectos de mantener la memoria, pero en ese escenario. Y eso
es una cosa que tiene que ver con la instalación de la industria del
salmón”.
Al respecto, Renato Cárdenas asegura que impulsar el desarrollo de la
agricultura en Chiloé podría moderar este “desequilibrado proceso”. Pero
lamenta que no existe ningún tipo de iniciativa que vaya en esa
dirección, en una Región que es la productora histórica de la papa. “Uno
de sus orígenes históricos es Chiloé y el cuarto alimento del mundo. El
83% de las papas de mundo tienen su raíz en las semillas chilotas. Hace
12.500 años en Monte Verde existía consumo de papa de recolección”. Para
Cárdenas “la agricultura como sistema de producción va a ir acarreando
los elementos que tradicionalmente han sido de la Isla de Chiloé, como
el sentido comunitario, el vivir en torno al tema de la tierra, de la
naturaleza. Todos elementos que se han ido perdiendo, se han ido dejando
de lado, porque no existe producción agrícola. Todos los huevos se
pusieron en la canasta salmonera (…), en las jaulas salmoneras”.
*
“A NADIE LE PREGUNTARON en Chiloé si querían cultivar salmones en los
mares y concesionaron a privados (las zonas para) evitar que los
pescadores vayan pescar a ciertos lugares donde antes solían ir a pescar
sin ningún problema, pero es que así se ha hecho todo en Chile”, señala
Sergio Mansilla. Destaca que “las salmoneras fueron parte del rediseño
del país que se hizo entre 1977 y 1980 y se echó andar a todo vapor a
partir de 1981, que es el actual modelo de desarrollo y crecimiento
económico, y que se implantó sin preguntarle nada a nadie. Esto es
producto de una dictadura, no hay que olvidarlo”.
Aquí es donde todos concuerdan en que la labor del Gobierno de
regulación y de equilibrio es vital. “Yo no lo voy a pedir a la
multinacional Marine Harvest que sea respetuosa del medioambiente o de
la cultura chilota, porque su labor es ganar plata, maximizar sus
utilidades y en eso hay que ser sumamente realista. No se le puede pedir
a las empresas que de pronto se tornen filantrópicas, porque no lo son
por naturaleza. Son los gobiernos quienes tienen que poner las
regulaciones que correspondan. El problema está en la clase política”,
acota Mansilla.
“En Chiloé está todo concesionado, no hay nada más que concesionar (…).
¡No puede ser!.. Hay gente que no quiere trabajar en las salmoneras, y
que por opción existencial quiere seguir siendo pescador artesanal, pero
no tiene opción. Ahí pienso que los gobiernos le tienen que dar espacio
a todo el mundo. No se trata de encapsular a Chiloé, alejarlo de todo
desarrollo industrial. Chile es un caso de desarrollo industrial extremo
y eso evidentemente también afecta a Chiloé”. Según Renato Cárdenas, “el
tema fundamental tiene que ver con la permisión que tiene este proceso
productivo y de que manera el Estado pudo o puede intervenir generando o
robusteciendo elementos culturales de estas comunidades que son
débiles”.
“Estamos en presencia de un David y un Goliat. Un tremendo sistema que
se instala y que incluso altera la mentalidad de nuestras autoridades, o
sea, concepciones distintas a lo que es valorar el bien patrimonial. El
patrimonio son las formas culturales que se van transmitiendo de una
generación a otra y se siguen reiterando en la siguiente generación, y
si es así es por algo. Es porque ese bien, ese objeto, ese intangible
tiene algún sentido de desarrollo en las comunidades, si no moriría...
“En el documental “Ovas de Oro”, se le consulta al Gerente de Cermaq,
Geir Isaksen, por qué no aplican las normas noruegas en Chile y él
responde porque en Chile somos chilenos y en Noruega noruegos. Eso da a
entender que ellos hacen lo que se les exige y si no se les exige, nada
van a hacer. No hay una voluntad de desarrollo para las comunidades. Si
el Estado chileno se pone la bandera donde corresponde, por supuesto que
estaríamos en otras condiciones, tendríamos exigencias de otro tipo, y
eso que es válido para el tema medioambiental, también es válido para el
tema cultural”.
Cárdenas afirma que
“esta es una segunda colonización de Chiloé. Yo hago siempre un símil
con lo que pasó durante la conquista. En Chile las autoridades eran
generalmente los mismos encomenderos o tenían un consejo donde
participaban los gobernadores, incluso las autoridades civiles
designadas por el reino, en donde decidían las leyes y su aplicación. Es
la misma cosa”. “Estamos en presencia de tiempos difíciles, porque no
hay autoridad que esté por la defensa del territorio, que es una
necesidad hacerlo, porque en algún momento el país tendrá que responder
por todo lo que está pasando. Los salmoneros se están yendo lentamente
al sur. Al alcalde de Natales le están llegando muchas solicitudes para
instalar salmoneras. Se van a ir de Chiloé porque tienen el
medioambiente bastante contaminado, pero como en esa novela de Gabriel
García Márquez, La Hojarasca, van a dejar el hoyo. Un hoyo difícil de
arreglar”.
El escritor vaticina que “se requerirá de mucha inversión para limpiar y
reconstruir una comarca. Chiloé es una comarca porque tiene una unidad.
Aunque sean muy disímiles los pueblos, sus ubicaciones y economías,
tienen una unidad que se lo ha dado ese pasado, un pasado muy antiguo
que va mucho más allá de la llegada de los españoles. Eso es lo que
tenemos que recuperar y ese es nuestro patrimonio”. “El cultivo de
salmón puede coexistir, pero no se está dando bien porque en vez de
apoyar a un desarrollo está destruyendo una forma de vida, con absoluto
apoyo del Estado”.
*
Y ESTA IMPOSICIÓN
de la
industria se ve reflejada en todo su discurso comunicacional. En marzo
de este año, Cesar Barros Montero, presidente de SalmonChile, en sus
primeras declaraciones en el cargo dijo: "Damos vida y sustento a las
regiones donde trabajamos, que sin la acuicultura, volverían a la edad
de piedra". Renato Cárdenas dice que “son conceptos que tiene la
industria y que por supuesto son el logotipo para la venta del sistema.
Es perfectamente posible que tengamos una industria, que cultivemos
salmones, pero no con el vasallaje que se está dando”.
En su opinión, “es el mismo discurso que trae el conquistador cuando el
plantea una disyuntiva entre civilización y barbarie. Eso es típico de
las sociedades que imponen, y no solamente el discurso, si fuese así lo
podríamos anular con otro, pero tienen el sustento en una economía que
es única, no hay otra alternativa. En una sociedad que quiere crecer no
puede eliminar, reemplazar. El reemplazo no produce desarrollo. El
desarrollo tiene que ver con cómo nosotros podemos alimentar un sistema
para enriquecerlo, para hacerlo crecer, no para eliminarlo”.
Sergio Mansilla señala que “aunque así fuera yo no tengo porque pensar
que la edad de piedra era peor que la nuestra. Lo que pasa es que la
industria genera sus propias mitologías para justificarse. En la medida
que más gente vaya dependiendo de la industria, efectivamente las
posibilidades de desastre social y económico son más grandes si es que
la industria llegase a desaparecer o a cerrar”.
Esto -agrega el académico- “precisamente por la pérdida de las prácticas
culturales antiguas, que tenían el mérito de resolver el problema de la
sobrevivencia aún en condiciones muy aisladas. Si se pierde la práctica
de la siembra, si se pierde la práctica culinaria de comer alimentos
orgánicos, si no se puede pescar porque no hay pescados o porque
habiéndolos no se puede porque el mar está concesionado, obviamente que
si la industria desaparece quedaría una tragedia”. El discurso
“productivista” de la industria del salmón afecta el patrimonio cultural
intangible. “Las prácticas de vida, la imaginación la gente comienza a
vivir en función de lo que puede ganar trabajando en las empresas o
indirectamente a través de terceros. Eso genera un campo de expectativa
y de presión del medio que hace que la cultura, las formas de vida se
vayan tornando completamente funcionales a las necesidades de la
industria”.
El poeta Sergio Mansilla sostiene que “a este ritmo no va a importar
mucho si tal o cual práctica religiosa se mantiene o no. Porque la
urgencia de ser eficiente, productivo, de tener que funcionar de acuerdo
a patrones de racionalización para ajustarse a las exigencias de la
industria terminan prevaleciendo por sobre otra práctica. La vieja
práctica de los ancianos de conversar largamente con los jóvenes se está
perdiendo, porque los jóvenes con suerte llegan a dormir a la casa, y si
son de las islas tienen que irse a vivir en malas condiciones en Castro,
Ancud o Quellón. El puente de generaciones antiguas y nuevas se está
también rompiendo y eso es dramático porque va a cambiar de una manera
radical la cultura chilota”.
Renato Cárdenas reflexiona que “si estas empresas fueran de ese antiguo
capitalismo chileno nacionalista de la década del 60, sería distinto
porque junto con el desarrollo de su empresa veían el desarrollo más de
su entorno. Eso no ocurre porque una transnacional no tiene banderas. El
tema de la contaminación no debería ocurrir si las autoridades se
pusieran en el rol que les corresponde, que es fiscalizar”
El escritor es categórico en afirmar que “Chiloé está siendo gobernado
por trasnacionales (...) si las autoridades tienen temor para aplicar
algún tipo de sanción, cuando transgreden las normas. Todas las playas
de la Isla están sucias de plásticos y nadie toma medidas. Realizan
campañas ecológicas para que los niños aprendan a cuidar el
medioambiente, los mandan a limpiar las playas, pero luego a los 15 años
empiezan a trabajar en las salmoneras y ahí no hay ningún cuidado. Se
pierde toda la formación ecológica de la escuela, una especie de pasada
virtual por el mundo de la limpieza” / Azkintuwe
* Gentileza de
www.ecoceanos.cl
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