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CENTENARIO DE SALVADOR ALLENDE |
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El proceso político que culminó con la llegada de Allende a la
primera magistratura del país abrió no solo un horizonte de
libertad para los sectores más postergados de la sociedad
chilena. También llevó a los mapuches, de manera autónoma o
bajo el alero de sectores de izquierda críticos del reformismo
de la UP, a movilizarse de manera decidida por aquello que
consideraban propio. |
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Por
Pedro CAYUQUEO
I
26 de Julio de 2008 |
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Estatua a
Salvador Allende. |
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Foto de Agencias. |
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"Dijo
el pueblo: "Venceremos", y vencimos. Aquí estamos hoy, compañeros, para
conmemorar el comienzo de nuestro triunfo. Pero alguien más vence hoy
con nosotros. Están aquí Lautaro y Caupolicán, hermanos en la distancia
de Cuauhtemoc y Tupac Amaru". Las palabras de Salvador Allende,
pronunciadas el 5 de noviembre de 1970, al comenzar su Discurso en el
Estadio Nacional y tan solo 24 horas después de asumir el cargo del
presidente de la República, no solo dejaban en evidencia su profundo
respeto por los habitantes originarios de América. También, y quizás muy
a su pesar, evidenciaban lo contingente de un conflicto histórico no
resuelto hasta entonces por el estado chileno y del cual el gobierno de
la Unidad Popular tampoco se libraria: el conflicto “estado chileno -
pueblo mapuche”, mal llamado por entonces “el problema indígena”.
Y es que el proceso
político que culminó con la llegada de Allende a la primera magistratura
del país abrió no solo un horizonte de libertad para los sectores más
postergados de la sociedad chilena. También llevó a los mapuches, de
manera autónoma o bajo el alero de sectores de izquierda críticos del
reformismo de la UP, a movilizarse de manera decidida por aquello que
consideraban propio. Traducido al lenguaje de la época, ello significaba
tierra y su expresión fueron masivas “tomas” de fundos y “corridas de
cercos”.
Estas acciones
directas venían registrándose desde la promulgación de la segunda Ley de
Reforma Agraria del gobierno de Frei Montalva (1967) y, de manera
natural, se incrementaron con la llegada de Allende al poder. Su
referencia a los heroes mapuches y el lugar de privilegio que ambos
ocuparon en su primer acto público, constituyó un homenaje pero también
un llamado. En los hechos, las tomas de fundos, a las cuales la prensa
derechista prestaba especial atención en la Provincia de Cautín, venían
complicando desde la campaña electoral al primer mandatario, por lo que
sus llamados a “respetar la legalidad” en el sur, directos o indirectos,
se volverían frecuentes.

El proceso
político que culminó con la llegada de Allende a la primera
magistratura del país abrió no solo un horizonte de libertad
para los sectores más postergados de la sociedad chilena.
También llevó a los mapuches, de manera autónoma o bajo el
alero de sectores de izquierda críticos del reformismo de la
UP, a movilizarse de manera decidida por aquello que
consideraban propio. |
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“A partir de 1967,
las demandas de tierras por parte de las comunidades se traducirán en
acciones directas tendientes a ingresar a los predios colindantes... Las
acciones entre 1969-1971 adquieren un carácter masivo y
“revolucionario”. Las tomas y corridas de cercos, afectaron a las zonas
de Lautaro, Lumaco, Nueva Imperial, Loncoche, Ralco, Panguipulli,
Futrono, San Juan de la Costa, etc. Para fines de 1970, las tierras
tomadas superaban las 100 mil hectáreas, dentro de un clima
extremadamente tenso”, consigna el Informe de la Comisión Histórica
Verdad y Nuevo Trato. "Las movilizaciones mapuches de este período
fueron producto de una serie de factores, entre los cuales se puede
mencionar: la larga y poco exitosa historia de reclamos de las
comunidades y organizaciones para lograr la devolución de las casi 100
mil hectáreas usurpadas; el aumento demográfico y de las necesidades de
los campesinos mapuches; y la presencia de agentes externos -Movimiento
Campesino Revolucionario dirigido por estudiantes revolucionarios- que
posibilitó el desborde de las tomas”, subraya el Informe gubernamental.
Una lectura distinta
de este proceso tiene el historiador y antropólogo José Bengoa, para
quien las tomas de fundos, más que un impulso “revolucionario”,
constituyeron un intento de los mapuches de recomponer el Wallmapu, un
intento de volver a las raíces, a la época de los abuelos, en que el
territorio les pertenecía. “Fue una reconstrucción del lof, de la
comunidad perdida. Por eso fue tan fuerte esa movilización. Tocó la
fibra más profunda del pueblo mapuche: retornar a la vida verdadera
destruida por la colonización. Por eso cuando vieron la posibilidad de
salir de sus reducciones y ampliarse a las tierras que les pertenecieron
a sus abuelos, lo hicieron”, consigna en su libro “Historia de un
Conflicto” (Planeta, 2002).
Concuerda con esta
visión Reynaldo Mariqueo, mapuche exiliado en Inglaterra y quien por
entonces se dió a la tarea de organizar un Asentamiento al interior del
Fundo La Selva, propiedad de la derechista familia Becker en Roble
Huacho. A juicio de Mariqueo, más que la "toma" de los fundos para
instalar los soviets, los mapuches perseguian la "recuperación" de los
lof, lo que generaba no pocos roces con los campesinos chilenos y sus
variopintas orgánicas políticas. "En la IX Región y Provincia de Cautín
la mayoría de los Asentamientos y Centros de Reforma Agraria estaban
integrados por chilenos, con una participación mínina de mapuches, de
esta forma por lo general la tierra mapuche pasaba del winka rico al
winka pobre", relata a Azkintuwe. "Frente a esa situación, había
organizaciones mapuches que pedían que la tierra expropiada pasara a
formar parte de las comunidades mapuches adyacentes", destaca el actual
responsable del Enlace Mapuche Internacional, en Bristol, Inglaterra.
Viaje a Temuco
En una video - entrevista concedida por Allende al periodista
norteamericano Saul Landau, consultado sobre la “agitación” existente en
los campos de la zona sur y la evidente participación protagónica de
mapuches en ella, el propio mandatario pone los puntos sobre las ies:
“Se trata de campesinos mapuches a quienes sus tierras les fueron
robadas hace muchos años, que han vivido con media hectarea de tierra
(...) usted comprende que para ellos se abre una posibilidad y cuando se
tiene hambre a veces es muy dificil razonar, sobre todo cuando se ha
sido siempre engañado, cuando se les ha hecho promesas durante más de un
siglo y sus abuelos, sus padres y ellos han sido frustrados y negados.
Lógicamente esa gente está apremiada por una realidad brutal que es
comer todos los dias”, respondió sereno. Pero no solo el hambre
apremiaba a los mapuches y Allende, en parte, lo intuía.
“Nosotros
consideramos que el problema de los araucanos, de los mapuches, no puede
solo solucionarse con la Reforma Agraria, hay un problema racial,
cultural... Pero esto no es un problema de un día, será un problema de
muchos años”, pronosticó ante la cámara de un Landau sorprendido por la
desconfianza de los mapuches ante los chilenos o “winkas”, incluido el
“gobierno popular”. Allende sospechaba lo complejo del conflicto. Y
aunque careció del tiempo necesario para abordarlo en su real dimensión
política, dió pasos significativos en la búsqueda de respuestas y
soluciones. Uno de estos pasos fue su visita a Temuco en diciembre de
1970, para participar del cierre del II Congreso Nacional Mapuche. En
pleno apogeo de las "tomas de fundos", lo que allí escuchó y vió
marcaría en parte el rumbo de su programa de gobierno en materia
indígena. A su regreso a Santiago y en el marco del Anuncio de la
Creación del Consejo Nacional Campesino, Allende subrayaría ante el
país.

Allende
sospechaba lo complejo del conflicto. Y aunque careció del
tiempo necesario para abordarlo en su real dimensión política,
dió pasos significativos en la búsqueda de respuestas y
soluciones. Uno de estos pasos fue su visita a Temuco en
diciembre de 1970, para participar del cierre del II Congreso
Nacional Mapuche. En pleno apogeo de las "tomas de fundos", lo
que allí escuchó y vió marcaría en parte el rumbo de su
programa. |
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“A propósito de esta
materia, quiero decir claramente al pueblo que me escucha, que ayer
estuve en la provincia de Cautín, en donde hay un clima muy tenso,
artificialmente creado en parte y teniendo nota de la raíz económica y
social en que viven, sobre todo, los mapuches. Estuve allí y dije
públicamente que no iba a desterrar el hacha de la guerra, símbolo de
los mapuches, y que no llevaba tampoco hipócritamente una blanca y tibia
paloma de la paz. Llevaba la palabra responsable de un gobernante del
pueblo, para decirle a los trabajadores de la tierra, para decirle a los
mapuches que reconociendo la justicia de su anhelo y su ansia de tierra,
yo les exigía que no participaran más en tomas de fundos ni corrieran
las cercas, que ello permitía la explotación y la campaña intencionada
que se hace para decir que este Gobierno ha sido sobrepasado... Quiero
decirle al pueblo de Chile lo que ayer aprendí en Cautín, mientras se
realizaba el Segundo Congreso de los Mapuches. Quiero decirles a Uds.
que la raza que defendió con heroísmo al renglón inicial de nuestra
historia ha ido perdiendo sus tierras, ha ido siendo postergada; Y
quiero decir que las condiciones de vida de esa gente son dramáticamente
trágicas. Quiero decirles que es una obligación nacional, es un
imperativo de nuestra conciencia, no olvidar lo que Chile le debe al
pueblo y a la raza araucana, origen y base de lo que somos. Por lo
tanto, el Gobierno popular irá con responsabilidad a encarar esta
situación”.
Encarar con responsabilidad significaba para Allende no medidas
paliativas, sino legislar. Eso le habían pedido los mapuches reunidos en
Temuco y estaba decidido a hacerlo. “En dicho acto de clausura se le
entregó a Allende el borrador de proyecto de una nueva Ley Indígena que
fue enviada al Parlamento en mayo de 1971 y fue promulgada el 15 de
septiembre de 1972. Esta ley marca un hito en la historia de la
legislación indígena del siglo XX: la división de tierras ya no es el
objetivo esencial. Desde 1927 hasta 1961 la legislación se proponía la
división como medio para integrar a los indígenas a la nación, o como lo
señalaba el Decreto 266 del 20 de mayo de 1931, la división era «la
única manera de incorporarlos plenamente a la civilización». Por el
contrario, la Ley 17.729 se propuso en lo esencial la restitución de
tierras, promover un sistema cooperativo de tenencia y explotación de la
tierra y promover el desarrollo integral del pueblo mapuche, en el plano
económico, social y educacional. Se creó el Instituto de Desarrollo
Indígena (IDI) para «promover el desarrollo social, educacional y
cultural de los indígenas de Chile, considerando su idiosincrasia y
respetando sus costumbres» (art. 38). Por primera vez se define la
condición de indígena, más allá de su relación con la tierra,
recurriendo a parámetros culturales: idioma, sistemas de vida,
costumbres, religión”, rememora Arauco Chihuailaf, doctor en Historia y
académico de la Universidad La Sorbonne de Paris, en su trabajo "Los
Mapuches y el Gobierno de Salvador Allende (1970-1973)".
“El logro principal del gobierno de Allende fue la promulgación de la
ley 17.729”, señala a Azkintuwe, Carlos Ruiz, académico de la
Universidad de Santiago. “Esta ley defendía a la comunidad mapuche del
peligro de la división, a que estaba sometida conforme al marco legal
dado por un decreto del dictador Ibáñez, de 1927, y por la hasta
entonces vigente ley Nº 14.511, de 29 de diciembre de 1960, que databa
del gobierno de Jorge Alessandri y que buscaba facilitar el proceso de
división de las comunidades. La resistencia a esta división había sido
la reivindicación principal del movimiento mapuche, tanto bajo el
liderazgo de Venancio Coñuepán y la Corporación Araucana como bajo la
conducción de las organizaciones de izquierda: el Frente Único Araucano
y, desde los ’60, la Federación de Campesinos e Indígenas (FCI),
vinculada al PC y al PS, que sería desde 1967 la Confederación Nacional
de Campesinos e Indígenas Ranquil. La ley transformó la Dirección de
Asuntos Indígenas en una Corporación de Desarrollo Indígena, bajo la
dirección de un mapuche, Daniel Colompil Quilaqueo, ingeniero agrónomo,
militante del MAPU, quien se mantuvo en el cargo hasta el golpe de
Estado”, señala Ruiz.
“La cuestión mapuche
adquirió en esos años presencia nacional”, destaca por su parte a
Azkintuwe José Bengoa. “Allende fue a Temuco e hizo lo posible para
canalizar la demanda mapuche por la via institucional, que era el camino
que él había señalado para hacer la Revolución chilena. La ley de
Allende es la primera que rompe con las anteriores que solamente
trataban de lograr la plena integración / asimilación de las
comunidades. En esa ley se incorporan además las comunidades a la
reforma Agraria, lo que era una demanda central del movimiento mapuche,
por entonces fundamentalmente agrarista”, dice Bengoa. A juicio de
Carlos Ruiz, la política indígena de Allende no sólo se preocupó del
aspecto agrario, sino también de la conservación y recuperación de la
cultura mapuche.
“Los documentos de la
época de la UP, como el propio mensaje con que Allende mandó el proyecto
de ley al Parlamento, desmienten el dicho, hoy de moda, de afirmar que
la Unidad Popular y Allende en particular confundió a los mapuche con el
campesinado chileno. Allende, al parecer asesorado por el Dr. Alejandro
Lipschutz, decía claramente que se trataba de situaciones distintas y
llamaba la atención a los aspectos culturales como el derecho a la
educación en su propio idioma y la enseñanza de las tradiciones”,
destaca Ruiz.

Allende no
restringió a sus discursos su conocimiento de la importancia
cultural y religiosa de la tierra para los mapuches. Como
pudo, se esforzó por reparar un siglo de atropellos y
despojos. “Independiente de la forma, si apropiada o
inapropiada, en el gobierno de Allende se dio un tipo de
salida a la demanda de tierra mapuche. Podemos decir que hubo
una férrea voluntad política en ese sentido”, señala José
Mariman. |
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“El problema indígena
– señalaba el Mensaje de Allende al Congreso - es preocupación esencial
del gobierno popular y debe serlo también de todos los chilenos (...) la
problemática indígena es distinta a la del resto del campesinado, por lo
que debe ser observada y tratada con procedimientos también distintos y
no siempre el legislador ni el ciudadano común lo entendieron, agravando
con ello el problema. Como es diversa su escala de valores lo es también
su conducta. En cuanto tiene conciencia que por centenares de años ha
sido el dueño de la tierra su actitud es la de quien se siente
desposeído de algo que en justicia le pertenece, en tanto, para los
restantes campesinos, el logro de la tierra constituye una conquista. Su
bandera de lucha es la recuperación, mientras para los demás es la
distribución para quienes mejor la trabajen”. Todo un avance en momentos
en que el marxismo en América latina, tributario de la III
Internacional, subsumía la cuestión indígena, con la excepción de
Mariátegui, en el marco de la lucha de los campesinos, oprimidos y
explotados, como un componente de la cuestión agraria.
Un real nuevo trato
Allende no restringió a sus discursos su conocimiento de la importancia
cultural y religiosa de la tierra para los mapuches. Como pudo, se
esforzó por reparar un siglo de atropellos y despojos. “Independiente de
la forma, si apropiada o inapropiada, en el gobierno de Allende se dio
un tipo de salida a la demanda de tierra mapuche. Podemos decir que hubo
una férrea voluntad política en ese sentido”, señala a Azkintuwe el
cientista político mapuche, José Mariman. “Con esto quiero decir que si
bien la Reforma Agraria no era una política pensada para dar respuesta a
la demanda histórica de restitución de tierras usurpadas a los mapuche,
no es menos cierto que campesinos mapuche se beneficiaron de la Reforma
Agraria accediendo a tierra, que de otra forma no hubiera sido posible”,
destaca.
Las palabras de
Marimán son refrendadas por una opinión de Jacques Chonchol, ex ministro
de Agricultura de Allende, registrada en el libro “La Reforma Agraria y
las Tierras Mapuche” (Lom, 2005) de Martín Correa, Raúl Molina y Nancy
Yánez. “La ligazón de la Reforma Agraria con la restitución de las
tierras a las comunidades fue una decisión personal del presidente
Allende, utilizando un instrumento que no era para eso, que era la ley
de Reforma Agraria y que tenía otra finalidad, que era la redistribución
general de la tierra, pero que ante la demanda de los pueblos indígenas
y al no tener otro instrumento legal porque la Ley Indígena no lo
permitía, permitió en alguna medida poder cumplir esos objetivos, porque
él tenía muy claro que era un problema de justicia”, señala Chonchol.
“No cabe duda que el Gobierno de la UP tenía la voluntad política de
aliviar en parte la situación de empobrecimiento a que fue y es objeto
el pueblo Mapuche, mediante políticas de despojo de su territorio y
riquezas naturales y de asimilación implementadas por sucesivos
gobiernos chilenos. Sin embargo, la Ley de Reforma Agraria estaba
pensada para los chilenos, sin distinción étnica”, subraya Reynaldo
Mariqueo. “Sin embargo, poderosas organizaciones reclamaban la
restitución de las tierras a las comunidades, tales como la
Confederación Nacional Mapuche, la Federación de Estudiantes Indígenas,
Netuaiñ Mapu, Sociedad Galvarino, las Asociaciones Regionales Mapuche,
entre otras, estaban en la vanguardia de esta lucha. También existían
organizaciones mixtas de campesinos y mapuche como los Consejos
Comunales Campesinos, el MCR, la Confederación de Campesinos e Indígenas
Ranquil y la Confederación Obrero Campesina, que apoyaban”, rememora.
“Pesea ello –destaca Mariqueo- hay que hacer notar que durante los 3
años del gobierno de Salvador Allende el pueblo Mapuche recuperó más
tierras que durante los casi 20 años de los Gobiernos de la
Concertación. En efecto en Arauco, por ejemplo, las comunidades mapuches
solo han logrado recuperar el 60% de los ex asentamientos creado durante
los 3 años que duro el gobierno de la UP. En lo personal, a fines de
1971 creamos un comité pro-reforma agraria en Lulul-Mawidha o Roble
Huacho, comuna de Padre Las Casas. En poco tiempo pasamos a formar el
“Asentamiento Roble-Huacho” ubicado en el fundo “La Selva” de
“propiedad” del conocido latifundista de la región, German Becker. A
pesar que el fundo fue legalmente expropiado, le fue devuelto al
latifundista por Pinochet y nosotros fuimos expulsados. Hoy recién los
comuneros de Lulul Mawidha están en el proceso de reorganización con el
objeto de recuperar lo obtenido en aquellos años”.

La vía chilena
al socialismo que liderara Salvador Allende fue una
experiencia difícil, compleja, no exenta de fallas y errores,
pero para amplios sectores mapuches, trabajadores y pobres del
campo y la ciudad fue una experiencia cargada de esperanzas”,
resume el profesor Arauco Chihuailaf. |
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En concreto, entre el
4 de noviembre de 1970 y el 11 de septiembre de 1973 se expropiaron en
la Araucanía 574 fundos, con una superficie de 636.288 hectáreas. Los
predios expropiados a favor de comunidades mapuches o con participación
mapuche fueron 138. “En sólo 3 años fueron devueltas a las comunidades,
220.000 hectáreas sólo contando a Malleco y Cautín, y muchas más en
Arauco, Biobío, Osorno, Valdivia y Llanquihue. La dictadura desde 1973
volvió a usurpar estas tierras que se “devolvieron” a los usurpadores,
renovando así el conflicto que se mantiene hasta ahora, por ejemplo, en
Temucuicui, comunidad que había sido beneficiada con recuperar tierras
que desde 1973 volvió a perder”, subraya al respecto Carlos Ruiz.
“Cualquiera sea la lectura de la experiencia de la Unidad Popular, lo
acontecido forma parte de nuestra historia. Y en la perspectiva del
porvenir más vale no hacer tabla rasa del pasado. La vía chilena al
socialismo que liderara Salvador Allende fue una experiencia difícil,
compleja, no exenta de fallas y errores, pero para amplios sectores
mapuches, trabajadores y pobres del campo y la ciudad fue una
experiencia cargada de esperanzas”, resume el profesor Arauco
Chihuailaf. “Allende me parece ante todo un político chileno bien
intencionado, buscando mejorar las condiciones socio-económicas
miserables en que vivían y aún viven tantos chilenos y mapuches”,
subraya por su parte José Marimán.
“En lo personal lo
admiro por ofrendar su vida por sus ideas, a diferencia de esos
socialistas que nos gobiernan hoy y que de hiper revolucionarios pasaron
a mercaderes del neoliberalismo. De estos últimos no me molesta el
cambio, lo puedo aceptar; pero el engaño a los que han depositado sus
esperanzas de mejorar sus vidas, mientras se lucran ellos, me parece
abominable. Por otro lado, Allende no es el responsable final de
encuentros o desencuentros entre chilenos –en este caso de izquierda- y
mapuches, hay una culpabilidad colectiva que recae en la forma en que
nos abordó la izquierda chilena y la forma en que nuestros propios
líderes pensaban por aquellos años nuestra situación”, concluye / AZ
* Reportaje
publicado originalmente en Revista Punto Final Nº665. Especial
Centenario de Salvador Allende.
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