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COMUNIDAD
RECUPERA SU TERRITORIO |
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El regreso de Paichil Antriao |
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El grupo demoró en ponerse en marcha
pero finalmente, lo hizo, con la convicción prevaleciendo sobre las
vacilaciones. Los anfitriones, los que habían sido directamente
agredidos, al frente. El cerro pronto ofreció una de sus laderas, de
cara al viento. El sendero se hizo estrecho, barroso. Debajo, el
brazo Huemul del lago Nahuel Huapi bramaba espumoso. |
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Por
Adrián MOYANO / Azkintuwe Nº4 |
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- Miembros de la
comunidad mapuche. Foto de Alejandra Bartoliche. |
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Mucho antes que el
primer winka se llenara los ojos con tanta armonía,
los Quintriqueo ya andaban por aquí vadeando los
arroyos del deshielo, remontando cañadones. |
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En la presentación
judicial se afirma que “los Quintriqueo reivindican
su pertenencia al pueblo originario mapuche,
preexistente al Estado argentino". |
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PASO COIHUE SE ALZA en el sur de la
provincia que llaman Neuquén. Sus centenarios bosques y su cercanía con
el inmenso espejo de agua lo han convertido en un rincón muy atractivo
para la industria turística. Se ubica a mitad de camino de dos ciudades
que son importantes para esa actividad: Bariloche y Villa La Angostura.
La última ha experimentado un crecimiento meteórico en los últimos años.
Pero antes, mucho antes que el primer winka se llenara los ojos con
tanta armonía, los Quintriqueo ya andaban por aquí vadeando los arroyos
del deshielo, remontando cañadones, levantando sus ruka, conduciendo a
sus kuyiñ entre veranadas e invernadas. Antes que llegara el Ejército,
antes que las autoridades de Neuquén, antes que la Administración de
Parques Nacionales, antes que el municipio de Villa La Angostura.
Un viajero español, Luis de la Cruz, que unió un fuerte cercano a
Concepción con Buenos Aires en 1806 junto a una partida de pewenche, dio
cuenta en sus escritos de la existencia de un lonko al que él llamó
Quintrequi. La similitud no puede pasar desapercibida. Además,
Quintriqueo se denomina uno de los arroyos que recorre el lugar. Como
Quintriqueo se conoce a uno de los cerros. José Mercedes Quintriqueo
cuenta con 82 años y ya no oye bien, pero sabe que su bisabuelo Vicente
fue inan lonko del mismísimo Inakayal, uno de los héroes de la
resistencia mapuche en Puel Mapu, quien recién se rindió cuando todo
estaba perdido a uno y otro lado de la cordillera. Don José nació en
Paso Coihue, al igual que su ñuke Rosario, quien hablaba corrientemente
el mapuzugun, como todos sus vecinos.
Por eso, hijos y nietos marchaban al frente de la columna. Varios de
ellos también nacieron allí y conocen esos cerros mejor que nadie,
aunque ahora vivan en alguna de las ciudades cercanas. Nadie custodiaba
la tranquera del campo. Una semana atrás, Fernando Quintriqueo y su
familia habían sido desalojados de allí por un juez de Paz y una partida
policial. Los verdaderos dueños del lugar franquearon el paso y el grupo
ingresó en silencio.
Para sorpresa de todos, no había señal alguna de los custodios. Las 40
personas que participaron de la recuperación –mapuche y no mapuche- se
dirigieron al otro extremo del predio y desmontaron otra tranquera que
obstaculizaba el ingreso de vehículos desde la Ruta Nacional 231. Cada
golpe del martillo fue saludado por los mismos gritos que reinaron en
Tucapel y Kuralaba hace más de cuatro siglos. Expresiones idénticas a
las que hoy se escuchan en Lumako o en Tirúa, en Temuko o en Santiago,
pero también en Vuelta del Río o en Leleque, en Furilofche o en
Kaxipayiñ. Mientras en la Argentina la inmensa mayoría seguía por
televisión la asunción del presidente Kirchner, Villa La Angostura se
incorporaba al mapa de las reivindicaciones mapuche. Corría el 25 de
mayo de 2003.
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CUANDO LOS RAYOS DE antu comenzaron a filtrarse entre la multitud de
coihues, ya se habían levantado varias carpas en el bosque. Caminar
significaba pisar leña, así que los fuegos no demoraron en abrigar a los
mapuche. El silencio sólo se interrumpía ante la llegada de un nuevo
automóvil o por el quejido de algún ñorkin. Frente a las fogatas
reinaban la expectativa y la tensión, pero también la necesidad de decir
basta.
Cerro Belvedere se alza en el corazón de Villa La Angostura. O mejor
dicho, la ciudad fue avanzando sobre sus laderas umbrías. Sólo seis años
después de la mal llamada Conquista del Desierto, el Estado le había
restituido a los mayores de los Paichil Antriao parte del territorio que
les había arrebatado. Es más, en 1951 el gobierno de Perón les reconoció
una vez más, 625 hectáreas. En la actualidad, al lof no le queda ni la
mitad.
Muchas mujeres y niños cruzaron ese alambrado que consideran intruso. En
el predio que les arrebató el usurpador gracias a una “deuda de
boliche”, yacían varios coihues enormes que habían caído como
consecuencia de la tala irrespetuosa. “Acá están llenos de leña y
nosotros no tenemos ni para quemar un palito”, dijo una de las zomo,
enojada. Pero en realidad, el desmonte no tenía que ver con calorías.
Villa La Angostura necesita más turistas y por eso, algunos
“emprendedores” echan mano al turismo aventura. En este caso, el
“riesgo” consiste en desplazarse entre los árboles a cierta altura, a
través de una soga y roldanas. Los coihues que no cayeron sostienen a
las plataformas que constituyen los puntos de partida y llegada para los
intrépidos ociosos. ¿Sabrán que están deslizándose sobre territorio
mapuche?
La gente del lof Paichil Antriao tiene esa certeza y estableció el
campamento para evitar que los intereses de las inmobiliarias y los
empresarios turísticos continúen avanzando sobre el espacio que les
pertenece. A unos cientos de metros de los coihues atrapados por
aquellas plataformas, el bosque deja paso a un claro espléndido, verde y
ondulante. Con sólo llamarse a silencio, se perciben los newen que de
allí irradian.
El lonko Ernesto Antriao le explicó a quienes no estaban al tanto. “Aquí
se levantaba el rewe de nuestros mayores. Acá hacían los nguellipun y
los kamarikün. De todos lados venía gente”. En efecto, puede percibirse
el espíritu de los antiguos. Pese al paso del tiempo –han transcurrido
80 años desde la última ceremonia- el lelfün ha permanecido limpio,
tanto de vegetación extraña como de construcciones intrusas.
Sin embargo, para la legislación de los winka el predio es propiedad de
un estadounidense que ni siquiera vive en Villa La Angostura. Así de
ridículo es el presente de cerro Belvedere, así de injusto el
funcionamiento de una localidad que ha florecido económicamente de
espaldas al pueblo mapuche. En pocos sitios la consuetudinaria negación
que ha imperado en Puel Mapu ha tenido tanto éxito como aquí.
Por eso el asombro de la mujer que observaba al contingente desde su
elegante casa. Después de establecer el campamento, los miembros de la
comunidad Paichil Antriao recorrieron a pie y pacíficamente varios de
los terrenos que les fueron usurpados. Frente a la Laguna que refrescó a
muchos de ellos cuando eran pichikeche, se detuvieron e hicieron sonar
los ñorkin. Saludaron al ko, que ya no alberga como antaño a las aves
migratorias.
“Antes era mucho más grande. En los veranos nos veníamos a bañar acá y
siempre estaba llena de pájaros”, recordó el lonko. En la actualidad, un
terraplén avanza sobre la Laguna para posibilitar la construcción de
nuevas viviendas. Buena parte de cerro Belvedere es hoy un coqueto
barrio residencial que alberga importantes construcciones, tanto
hogareñas como turísticas.
Por sus calles pasaron los mapuche, con su bandera, sus ñorkin, sus
afafan, sus trarilonko, su determinación. Desde su fundación hasta hace
muy poco, Villa La Angostura insistió en hacerlos invisibles, los
omitió, los ignoró. De ahí la sorpresa de algunos de sus habitantes, la
irritación de otros y la reacción de los usurpadores ante el campamento
de los Paichil Antriao y su recorrida por tantas “propiedades privadas”.
Corría el 30 de noviembre de 2003.
*
LAS RAÍCES DEL CONFLICTO que protagoniza el lof Quintriqueo son las
mismas que pueden rastrearse en decenas de casos similares sobre las
actuales provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut. Cuando la República
Argentina consumó el despojo territorial del pueblo mapuche hacia fines
del siglo XIX comenzó a adjudicar parcelas a los particulares que habían
financiado las últimas expediciones. En muchísimos casos lo hizo con
“los indios adentro”, como dicen hoy con sorna los especuladores
inmobiliarios.
La zona de Paso Coihue tuvo como beneficiario a George Newbery, un
dentista estadounidense que contó entre sus pacientes al mismísimo
general Roca, artífice de la invasión que la historia argentina recuerda
como Conquista del Desierto. La soberanía de Buenos Aires recién se
estableció en los alrededores del lago Nahuel Huapi entre 1881 y 1885.
Hasta entonces había perdurado allí la libertad mapuche.
Los mayores de los Quintriqueo recuerdan que pese a la injusticia que
derivó de la usurpación, las relaciones con los recién llegados fueron
amistosas durante décadas. Inclusive, en determinado momento los
descendientes del dentista abandonaron el lugar pero hace unos años,
Tomás Newbery –cuyo parentesco con George hasta es puesto en duda-
reclamó los campos y entabló una demanda por desalojo.
Pese a la reforma constitucional de 1994 –por la cual la Argentina
reconoció la “preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas”-
y a la vigencia del Convenio 169 de la Organización Internacional del
Trabajo –que atribuye trascendentes derechos a los pueblos originarios-
la juez civil con asiento en Junín de los Andes, Norma González de
Galván, ordenó el desalojo de Fernando Quintriqueo y su familia del
campo en cuestión.
El lanzamiento se consumó el 15 de mayo de 2003, curiosamente en
coincidencia con el aniversario de Villa La Angostura. Mientras buena
parte de su población se distraía con los festejos, el juez de Paz
Eduardo Mazza junto a efectivos policiales, reactualizó la injusticia.
Los Quintriqueo –por entonces “sólo” una familia- hicieron constar que
no se había firmado papel alguno y anunciaron que de ninguna manera
renunciarían “al reclamo de justicia para nuestro espacio territorial”.
Así fue. Apenas 10 días después concretaron la recuperación, con el
apoyo de mapuche y no mapuche de Villa La Angostura, San Martín de los
Andes y Furilofche (Bariloche). Por recomendación de los abogados, el
flamante lof –que se reconstituyó al calor de la lucha- decidió
permanecer en el campo hasta que la Justicia se expidiera nuevamente. En
consecuencia, algunos de sus miembros “convivieron” casi 40 días con los
custodios de los intrusos, que estaban armados, al igual que los
policías que apostó la comisaría cercana.
Esa vecindad finalizó cuando se produjo un hecho inédito en el pasado
reciente de las reivindicaciones mapuche en Puel Mapu: el mismo juez de
Paz que había procedido a desalojar al peñi Quintriqueo se hizo presente
una vez más en Paso Coihue, pero en esta ocasión para formalizar la
restitución del campo, en cumplimiento de un nuevo fallo judicial que
ordenó retrotraer la situación al “status” que imperaba con anterioridad
al desalojo.
¿Qué había pasado? En simultaneidad con la movilización, los mapuche
habían promovido una “acción autónoma de nulidad” contra el juicio por
desalojo que Newbery le había ganado al peñi perjudicado. Con ese
recurso, los Quintriqueo denunciaron por “nulas de nulidad absoluta por
inconstitucionales y violatorias de normas internacionales” a las
sentencias adversas.
Además, también recusaron a los jueces Norma González de Galván, Héctor
Mancini y Eduardo Sagués por emitir fallos que violan la Constitución.
Las decisiones contrarias a los mapuche son abrumadora mayoría en la
trayectoria de los tribunales argentinos y pocos de los peñi albergaban
esperanzas. Por eso, inmenso fue el alborozo cuando la Justicia de
Neuquén ordenó la restitución y la medida de no innovar mientras se
extendiera el nuevo juicio que inició el lof.
En la presentación judicial se afirma que “los Quintriqueo reivindican
su pertenencia al pueblo originario mapuche, preexistente al Estado
argentino. Pero además pueden demostrar que al menos siete de sus
generaciones, vivieron, crecieron, amaron, trabajaron y hasta murieron
en Paso Coihue”. Desde mayo de 2003 flamea el wenu foye en ese rincón
aguerrido del Wall Mapu.
*
DESDE QUE INSTALARON su campamento, los miembros de la comunidad Paichil
Antriao se han acostumbrado a recibir intimidaciones de diversa índole,
denuncias judiciales y críticas periodísticas. Dos días después de
comenzada la medida, visitó el campo un delegación policial que quiso
identificar a cada uno de los peñi y lamgen, quienes obviamente se
negaron.
Los uniformados explicaron que se había interpuesto una denuncia por
robo contra los pichikeche del lof por parte de uno de los usurpadores,
reacción grotesca que no hizo más que fortalecer el ánimo de los
mapuche. El denunciante es uno de los empresarios intrusos, hijo del
intendente que la última dictadura militar ubicó en Villa La Angostura.
Además, uno de los policías que interpeló a los acampantes es su nieto.
Todo queda en familia.
Al cierre de esta edición de Azkintuwe las carpas de los mapuche
continuaban instaladas allí, en la verdosa intimidad de cerro Belvedere.
Sobre ellas también ondea la bandera que la mayoría de los puelche han
adoptado para identificarse. Algunos de los turistas que disfrutan de
sus vacaciones se sacan fotos debajo de ella, otros se informan, los
menos se solidarizan con la medida e inclusive, la acompañan como
atinan.
Las agresiones cotidianas que padece la gente del lof incluyen disparos
al aire durante las noches y el paso a altas velocidades de vehículos
doble tracción. Como consecuencia de su trabajo, el único periodista que
en Villa La Angostura acompaña la reivindicación recibió una amenaza de
muerte. Además, una lamgen fue golpeada por otro de los empresarios que
vio afectado su negocio como consecuencia de la movilización.
“Nosotros tenemos nuestros derechos y vamos a pelear por ellos toda la
vida. Este es un hecho más en la larga cadena de violencia que viene
sufriendo nuestro pueblo pero vamos a persistir porque tenemos necesidad
de volver a conectarnos con el itrofil mogen y de atender las
inquietudes que nos está planteando el pillan mawiza”, señaló Gonzalo
Santos Nahuelfil, flamante werken de la comunidad. Como para que quede
claro: en Villa La Angostura mapuche ya no hay vuelta atrás /
Azkintuwe
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