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FOTO DE ARCHIVO |
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De pronto se altera el
límite sur del pequeño fundo La Romana, de René Urban,
donde Carabineros tiene un puesto de vigilancia
permanente desde 2002. El puesto evolucionó desde un
simple techo a una consolidada casucha de latas
apedreadas, con dos camastros, una cocina a gas y un
equipo de radio en su interior. Desde afuera se oye cómo
un carabinero grita por radio:
-Atención Malleco 3, Malleco 3.
Ése es el apelativo radial del teniente coronel Claudio
Meneses, a cargo de los destacamentos destinados al
"conflicto mapuche" en toda la provincia de Malleco, al
norte de la IX Región.
-Mi comandante, en estos momentos se están tomando La
Romana, cambio.
Miro la hora: 13:10 del miércoles 26 de agosto. Han
pasado exactamente diez días de la muerte del comunero
Jaime Mendoza Collío, ocurrida 18 kilómetros al norte de
ahí, cerca de Collipulli.
-Se aprecia corte de camino -dice el carabinero, mirando
por largavistas-, apedreos, humo a lo lejos y una
pequeña ruca al interior del fundo…
Comienza la acción. Los carabineros reemplazan sus
gorros de lana por cascos. El cielo nublado amenaza con
lluvia. Desde la loma se domina un estrecho valle donde
diviso los techos de la comunidad Temucuicui. Unos
huertos verde claro. Al fondo, cerros oscuros con
bosques de pino. Veo personas encapuchadas reptando por
los prados en todas direcciones. Uno de gamulán lleva
una escopeta y se agazapa en el bosque.
Un carabinero toma su rifle disuasivo y lanza un sonoro
tiro que retumba por todo el campo en repetidos ecos.
Llueven piedras y garabatos sobre la casucha. Empieza
otra jornada del "conflicto mapuche". Este año, mapuches
han roto los cercos e ingresado diez veces a La Romana
con barricadas, fogatas y piedras, arruinando la siembra
de avena. Luego de la muerte de Mendoza Collío, es cosa
de todos los días. Desde el 2001, han atacado 64 veces a
René Urban. Le han quemado su casa, bodegas y un camión.
Le han asesinado animales.
René Urban tiene varios fundos en las cercanías de
Ercilla. Ha sido ocupado 64 veces por mapuches.
En su casucha de La Romana, Carabineros tiene apostados
dos efectivos de Fuerzas Especiales las 24 horas del
día, además de un carro lanzagases. A unos 300 metros de
allí, donde termina ese predio y comienza el fundo
Montenegro -también de Urban-, viven otros cuatro
efectivos policiales instalados en los restos de la casa
patronal que mapuches no identificados quemaron el 2002.
Sobre un cerro, en una caseta, hay otros carabineros con
largavistas de largo alcance y escopetas.
A René Urban lo escolta un PPI (Protección a Persona
Importante). Este carabinero de civil lo protege día y
noche desde que, hace ochos años, le incendiaron un
camión con él dentro y donde resultó herido. Además,
otros dos PPI protegen a su hijo Héctor y a su hija
Melanie, quienes viven cerca de su padre en el fundo
familiar de Agua Buena, en las afueras de Ercilla. Todos
han recibido amenazas.
En total, René Urban tiene asignados a su protección 18
carabineros, quienes se turnan para protegerlo a él y
sus tierras las 24 horas. El doble de todo el personal
que hay en Ercilla, donde hay apenas 9 policías. Más la
vigilancia personal a otros tres agricultores de la zona
y la vigilancia a una docena de predios en Ercilla,
Collipulli, Vilcún y Angol, en toda la región hay un
destacamento de casi 200 efectivos especialmente
destinados al tema. Algunos llevan cinco años en eso.
Don Renecito
Otro día, conversando
en la amplia cocina de la casa de René Urban, en su
fundo Agua Buena, donde este descendiente de alemanes de
65 años y un metro 96 se apresta a almorzar porotos con
longaniza, suena el teléfono desde el living. Un vecino
de Pidima, 10 kilómetros al norte, oyó una andanada de
disparos y teme que sea un ataque indígena.
-Pucha la lesera -dice Urban, parándose pesadamente de
la silla-, de nuevo me van a echar a perder el almuerzo
estos terroristas.
Juan Segundo Huenchullán Queipul es ex lonco de la
comunidad Temucuicui. Vecino de René Urban.
Desde que los mapuches de Temucuicui comenzaron a atacar
sus tierras, Urban se ha desvelado, amargado y
deteriorado físicamente. Tiene un by pass. No es un
latifundista como lo pintan. Tiene 5 pequeños fundos que
suman 600 hectáreas. Antes tuvo 30 trabajadores y 300
vacas. Hoy sólo 56 vacas y 7 trabajadores. Él mismo debe
cargar los fardos y arrear los terneros en su camioneta.
En estos mismos fundos nació y convivió con sus vecinos
mapuches. Muchos de ellos, incluso, fueron peones en las
tierras de su padre y su abuelo, Enrique Urban, quien
llegó aquí en 1903 y compró tierras a la sucesión de
Martín Ruff, el primer colono en adquirir predios
mapuches de Temucuicui.
-Yo jugaba con los mapuches. Con los hijos de los peones
Marihuán, con los Huenchullán. Aprendí a jugar chueca,
palín. Pero a mi papá le gustaba más el rodeo -dice
Urban.
Me muestra fotos en el living y una serie de trofeos. En
un equipo de música suena Inti-Illimani. Su hija Melanie
llama por celular a Angol y trata de averiguar si
Carabineros tiene antecedentes sobre la balacera en
Pidima.
La madre de Urban, Melanie Pagnard, era profesora
normalista y creó la primera escuela básica en toda la
zona dentro del fundo Montenegro.
-Yo mismo estudié hasta segundo básico con los niños
mapuches -dice. Después se fue a Ercilla y luego al
Instituto Agrícola de Angol. En los 50 se hizo cargo de
los tres fundos familiares: Agua Buena -a ambos lados de
la carretera en Ercilla-, Montenegro y La Romana; estos
últimos junto a Temucuicui.
-Nunca tuvimos un solo problema. Dejaba entrar a los
mapuches a sacar hongos, a hacer sus rituales en el
cerro Nelon Traro. Pero en 1990…y especialmente en 1993,
empezaron a atacar Alaska -dice. Se refiere al inmenso
fundo forestal de Mininco, aledaño a Montenegro y La
Romana.
-Venían los mapuches y me decían: "Usted no se preocupe
don Renecito, que contra usted no es la cuestión. A
usted nunca le vamos a hacer nada. ¡Ja!
Fue tanto el acoso a Mininco, que Urban decidió
abandonar la zona y vender 2 mil hectáreas a la Conadi
para traspasárselas a Temucuicui en $1.300 millones.
Sin Mininco, Urban quedó solo en todo Temucuicui y el
2001 empezaron a atacarlo. A él y a sus propiedades. Le
han apedreado, insultado, disparado y amenazado. En las
calles de Ercilla hay rayados en su contra: "¡Urban
asesino!", "¡Urban fuera ya!". Pregunto por ellos, con
cierto temor. Y, sorprendentemente, la gente en vez de
odiarlo lo quiere. Una anciana, de claro aspecto mapuche
me dice:
-Don Renecito es una víctima. Lo ubica allá en su casa.
Pueblo destartalado
Después que las
familias Paterson, Ruff, Kutz y otra docena de colonos
-que eran la clase alta de Ercilla- vendieron sus
tierras a las forestales entre los 70 y 80 y emigraron,
los Urban son los únicos medianos agricultores que van
quedando en Ercilla. Si van a la única bomba de bencina,
los atiende el dueño. Si van a la comisaría, sale el
oficial. Son los más acaudalados, porque en este pueblo
predomina una decadente pobreza. La agricultura -que
generaba trabajo y comercio- cambió al monocultivo de
pino forestal para celulosa.
-Eso trajo mucho desempleo. Porque dígame usted, ¿de qué
vive un pueblo mientras pasan los 20 años que demoran
los pinos en crecer? -dice Urban.
Efectivamente, el pueblo de 3.500 habitantes luce
destartalado. Las construcciones más recientes -el liceo
y la posta- datan de los 80. Todo el resto son bodegas
abandonadas, óxido, moho y pintura descascarada. Antes
había hasta un Festival de la Cereza, el principal
cultivo de Ercilla. Hoy ya ni eso.
-Si a eso se suma el conflicto mapuche… Ercilla jodió…
dígame usted si no.
Claro, los campesinos ya pobres se empobrecieron aún
más. Con el regreso de la democracia, los mapuches
empezaron el reclamo de tierras a las forestales y de
ahí pasaron a pedir las de Urban y de los pocos
agricultores que quedan.
Durante lo que queda de la tarde, la trifulca en Pidima
se aclara un poco. No eran terroristas mapuches -como él
les llama, "la Bachelet era de los mismos" suele decir-,
sino jóvenes de Temuco que salieron a cazar. Ésas eran
las andanadas de disparos que retumbaban por el campo y
que casi encienden la mecha una vez más.
Granadas y balines
Volvamos al miércoles
pasado. A las 15:40 llega Malleco 3 desde Angol,
acompañado de media docena de refuerzos en camionetas.
Los mapuches retroceden. Caen piedras y parten
lacrimógenas de vuelta.
Desde que hace dos décadas se reactivó el conflicto
mapuche, Juan Huenchullán ha tenido a sus seis hijos
presos por la Ley Antiterrorista, Ley de Seguridad
Interior del Estado, incendio, amenazas, robo, hurto,
abigeato y homicidio frustrado en contra de carabineros.
-¿Qué les inculcó a sus hijos que salieron tan
combativos? -Pucha, no sé. No dejarse esclavizar como
estábamos nosotros y estudiar...A las 16:25 llega
Malleco 1. El coronel Iván Bezmalinovic, prefecto de
Malleco. Reemplaza su traje de oficial por un chaleco
antibalas y un casco. Pide el lanzagranadas y dispara
tres bombas al hilo hacia las praderas. Después pide una
escopeta y dispara más balines que todos los carabineros
a su cargo. Distribuye las tropas como en las películas.
-Que la infantería de Malleco 3 ataque por el bosque -
ordena.
Malleco 3 avanza por el ex fundo Alaska, que ahora
pertenece a los mapuches de Temucuicui. Son 1.940
hectáreas de cerros crispados, con restos de lo que
fueron las plantaciones de pinos. Desde el puesto de
vigilancia parece que a los mapuches no les gustara el
predio. Sólo tienen ahí unos cuantos animales y algunas
huertas. Carabineros entra al lugar sin permiso y
arremete contra los comuneros. Por la radio avisan que
otro grupo mapuche se tomó la Municipalidad de Galvarino.
Y en Temuko hay desórdenes en uno de los seis hogares
universitarios mapuches.
El lonco jubilado
-¡1.900 hectáreas
adquiridas por la Conadi para Temucuicui… para la
comunidad conflictiva… suena superbién en la prensa!-
dice Juan Segundo Huenchullán Queipul, ex lonco por 10
años de Temucuicui y vecino de René Urban. -Pero nadie
dice -continúa- que éstas están regidas por el Decreto
700 del Ministerio de Agricultura, que las destinó a
predios forestales y las inhabilita para todo tipo de
subsidio agrícola. El viejo de 60 años se acomoda en una
verja de su tierra y mira los predios aledaños, llenos
de troncos de pino calcinados, que Mininco taló antes de
vender.
-Nos costó 10 años de protestas, tomas y baleos hasta
que Mininco se rindió y se fue, señala. Pero los
terrenos de Alaska no se pueden cultivar sin maquinaria
pesada para arrancar las raíces. En Temucuicui sólo hay
tres familias, con algunos vehículos viejos. Arados
tirados por bueyes. Ningún tractor.
Hace tres años que el Ministerio de Agricultura niega a
Temucuicui diversos préstamos agrícolas por el famoso
Decreto 700. Después de protestas y cortes del camino,
se comprometieron a estudiar "una excepción legal" para
otorgar financiamiento a los mapuches. Pero la
burocracia parece insalvable.
Entonces, loncos y werkenes optaron por reiniciar la
recuperación de tierras. Esta vez las de Urban, las
únicas praderas 100% cultivables de la zona que van
quedando en manos particulares. La Conadi les prometió
el 2000 comprar tierras de Urban y tasaron los predios
Montenegro y La Romana: aunque no han dado una cifra, se
especula que los vendería en $ 3 mil millones, es decir,
$5 millones la hectárea. El proceso, sin embargo, sigue
estancado.
Desde que hace dos décadas se reactivó el conflicto
mapuche, Juan Huenchullán ha tenido a sus seis hijos
presos por la Ley Antiterrorista, Ley de Seguridad
Interior del Estado, incendio, amenazas, robo, hurto,
abigeato y homicidio frustrado en contra de carabineros,
el delito de moda en Temuco: ya van 24 denuncias, sólo
este año. La mayoría ha sido absuelta. El apellido
Huenchullán es tan emblemático como el de Urban.
-¿Qué les inculcó a sus hijos que salieron tan
combativos?
-Pucha, no sé. No dejarse esclavizar como estábamos
nosotros y estudiar…
Pero estudiar es una cosa y lograrlo otra. Todavía
ningún habitante de Temucuicui logra un título
profesional. Huenchullán dice que él estudió en la
escuela de "la señora Urban", como llama a la señora
Pagnard.
-Pero nos enseñaba a la fuerza. Si nos pillaba hablando
en mapuche, nos pegaba con un punto. O nos arrodillaban
sobre arvejas. Sinceramente, no sé cómo aprendimos a
leer. Porque en la casa hablábamos únicamente mapuche y
en la escuela únicamente español.
Además de la desconfianza de entrada que siempre
manifiestan los mapuches. Se respira un antiguo rencor.
Y continúa:
-Mi padre Nazario nunca tuvo un sueldo. Cuando trabajó
para los Urban o los Paterson le pagaban con un saquito
de harina. Un saquito de porotos. Y con un temor
tremendo fuimos perdiendo la tierra, hasta quedar sin ni
un pedazo.
En el Archivo de Asuntos Indígenas de Temuco reviso
después el mapa dibujado en tela de Temucuicui de 1884.
Fue el primer Título de Merced otorgado a mapuches por
Cornelio Saavedra. Incluye las tierras de Urban, Ruff y
otros colonos, que las compraron a indígenas en
sucesivas divisiones, nunca muy aclaradas por la
historia.
-Muchas cosas pasaron sin que nadie hiciera nada. A mí,
las primeras veces que me interrogaron (1993), me
tuvieron amarrado a un árbol y me encerraron en un
subterráneo de la casa patronal del fundo Alaska. Nadie
investigó nuestras denuncias -dice Huenchullán.
Dice que su padre murió atropellado sospechosamente en
el camino entre Ercilla y Temucuicui, en 2005, sin que
jamás se encontraran culpables. Dos años después, su
hijo Jorge Huenchullán, ex werkén de Temucuicui, fue
arrollado a toda velocidad supuestamente por Héctor
Urban -hijo de René- en el mismo camino. Hasta ahora no
se investiga la denuncia.
En el 2002, la Conadi le compró 10 hectáreas cultivables
al agricultor Luis Seitz y se las dio a Juan Huenchullán.
Se jubiló de lonco. Pero su casa, donde vive con su
mujer y una hija, no tiene lujos. Muebles destartalados.
Sin agua potable ni alcantarillado. Piso de tierra. El
cuello de su camisa luce gastadísimo. Su chaleco,
numerosos hoyos. También sus zapatos. Pero sobrevive.
En Temucuicui se ve una pobreza sólo un poco mejor que
la de un campamento en Santiago. Hacinamiento, niños con
mocos colgando, mediaguas sumidas en el barro y
ampliadas con latas y plástico. La iglesia abandonada y
desmantelada. La posta y la escuela con grafitis en
mapudungún. De repente se ve una que otra casa en mejor
estado de comuneros que, en su mayoría, no se meten en
el conflicto y se han "chilenizado". Es decir, trabajan
para el patrón o las forestales, ahorran y viven del
comercio.
El reino de la amenaza
-Nuestro apellido está
manchado -dice Jaime Huenchullán, de 25 años. Lo
traslado hasta su casa en Temucuicui ahora que fue
absuelto. Estuvo dos años prófugo. Un año antes, esto me
podría haber costado caro. Eduardo Mella, un reputado
trabajador social y autor de varios libros sobre
violencia contra los indígenas, fue inmediatamente
despedido tras llevar a Jaime de urgencia con una
pancreatitis aguda mientras éste se encontraba prófugo.
Los abogados Pablo Ortega y Jaime Madariaga son de los
pocos penalistas que defienden a los mapuches. Dicen que
han sufrido amenazas e intervenciones telefónicas.
Ortega cuenta que en dos ocasiones le soltaron una rueda
del auto para que se estrellara. A Madariaga le quemaron
la camioneta. Le cortaron los frenos. Algunos colegas le
han quitado el saludo. Otros les dan apoyo, pero en
privado.
Ortega dice:
-En la Octava Región siento admiración. En la Novena,
menosprecio.
En la contraparte, son pocos los abogados que se
arriesgan a representar a los agricultores en las
numerosas demandas y querellas. Carlos Tenorio, que
defiende a René Urban, es financiado por la Sociedad de
Fomento, SOFO.
-Nuestro apellido también está marcado- dice René Urban.
Muchos amigos se alejaron por temor. Si nos ven en la
calle de Ercilla, nos saludan apurados, mirando para
todos lados.
Cuando demasiados mapuches o demasiados hijos y peones
de agricultores se aparecen por las cantinas de Ercilla,
es signo de trifulca. El bar Negus se cierra cuando
llega una mayoría de uno u otro bando. El dueño lo hace
para evitarse líos con Carabineros.
En total, René Urban tiene asignados a su protección 18
carabineros, quienes se turnan para protegerlo a él y
sus tierras las 24 horas. El doble de todo el personal
de Ercilla, que cuenta apenas con 9 policías. En toda la
región hay un destacamento de casi 200 efectivos
especialmente destinados al tema. Algunos llevan cinco
años en eso. Cada vez que se toman La Romana o se
anuncia una marcha, Ercilla se despuebla. Los negocios
bajan la cortina. La gente se guarda. Cuando ocurrió lo
del comunero Jaime Mendoza Collío no se vio un alma en
la calle. Después, el alcalde suspendió las clases por
dos días.
-Hubo rumores de que hasta iban a atacar el cuartel
policial- me dice Alfonso Velázquez, un anciano jubilado
que se sienta en la plaza de Ercilla con el diario bajo
el brazo.
Pero era pura alharaca. De esos días sólo quedan restos
de neumáticos quemados en la carretera y muchos carros
policiales en vigilancia permanente. Urban, por su
parte, cree que aunque vendiera todas sus tierras a la
Conadi, las cosas no mejorarían.
-¿Para dónde me voy a ir? -dice-. ¿Quién me va a vender
tierra? ¡Porque muchos creen que llevaré el conflicto
mapuche conmigo!
Como si tuviera la lepra, ninguna autoridad se ha
acercado a conversar con él. El subsecretario de
Interior, Patricio Rosende, sobrevoló su predio en
helicóptero. El enviado especial Rodrigo Egaña lo dejó
con la mano estirada. Esperaban que el nuevo Coordinador
de Políticas Indígenas, José Antonio Viera-Gallo, se
apareciera por la toma de La Romana, pero no llegó.
En blanco
El miércoles de la
semana pasada, a eso de las 6 de la tarde, los mapuches
ya habían retrocedido casi hasta sus propias casas.
Cuando el sol se oculta, todo termina. Una vez
desalojado el predio y como quien regresa a su oficina,
Malleco 1 se despide de René Urban como viejos amigos.
Antes de partir, Malleco 3 llama a su casa para que le
vayan a buscar sus hijos al colegio. Voy a Temucuicui
por detrás y el humo de las lacrimógenas llega hasta la
escuela.
-Una vez, en la clase de sexto básico (en el libro de
Comprensión del Entorno) salía un párrafo sobre el
conflicto mapuche. Allí se describía el atentado donde
me quemaron el camión, y un espacio para que se
propusiera una solución al respecto-, cuenta René Urban.
Felipe, su nieto mayor, de diez años, quien va al
colegio en Ercilla, dejó la respuesta en blanco.
* Publicado
originalmente en Revista Que Pasa.
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