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FOTO DE
PABLO DIAZ. |
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Días de terror han vivido los
miembros de la Comunidad Mapuche Mateo Ñiripil, del sector Muco Bajo en
la comuna de Lautaro. Dirigentes y voceros denuncian desde larga data
violentos allanamientos efectuados por Fuerzas Especiales de
Carabineros, los que se han incrementado desde la noche del sábado 12 de
septiembre. Tras un atentado ocurrido el día anterior y que redujo a
escombros la casa patronal y una bodega del Fundo Brasil en el sector
Vega Redonda, la Fiscalía abrió una investigación por incendio
intencional, desatándose la cacería en los campos de Lautaro. Y uno de
los primeros objetivos de las Fuerzas Especiales fue la comunidad Mateo
Ñiripil, tal vez una de las más emblemáticas del sector.
Los dirigentes denunciaron a
Azkintuwe la brutalidad del actuar policial, que incluyó la
participación de civiles armados. El pasado domingo fueron allanadas
varias viviendas y hubo enfrentamientos que terminaron con numerosos
mapuches heridos por impactos de perdigones. Emilio Penchuleo, activo
dirigente de la comunidad, señaló que su vivienda también fue allanada
por la policía y que la legítima respuesta de los comuneros fue repeler
la agresión “con piedras y palos”. “Carabineros lanzó bombas
lacrimógenas que obligaron a los comuneros a taparse el rostro.
Allanaron de manera violenta varias viviendas, disparando a la gente.
Nuestra comunidad no tiene ninguna relación con lo ocurrido en el Fundo
de Fernández Diez”, subrayó.
La violenta jornada policial dejó un
saldo de cuatro miembros de la comunidad detenidos: Rodrigo Mila Ñiripil,
de 15 años; Adolfo Ñiripil Morales, de 35 años y quien recibió impactos
de perdigones en su pierna izquierda; su esposa Aurelia Huenchun Cayupan,
de 35 años; y Mario Caniupan Cayupan, de 38 años. Todos ellos fueron
trasladados a cuarteles policiales de Lautaro y luego hasta la capital
regional. Ayer lunes, el Tribunal de Garantía decretó la liberación de
todos ellos, quedando sin embargo Mario Caniupan Cayupan citado a la
Fiscalía Militar. Se lo acusa de agredir con arma de fuego corta a un
funcionario policial que participaba del operativo, lo que es desmentido
de manera categórica por los dirigentes de la comunidad.
La violencia de siempre
Luís Penchuleo es miembro de la
comunidad. Hijo de don Emilio, fue presidente del Hogar Mapuche
Pelontuwe, así como del Centro de Alumnos de la Escuela de Periodismo de
la Universidad de la Frontera (UFRO). En las pasadas elecciones
municipales, fue además candidato por el Partido Mapuche Wallmapuwen a
la alcaldía de Lautaro, logrando un transversal respaldo en las
comunidades de su sector. En conversación con Azkintuwe,
relata lo sucedido el pasado fin de semana, descartando que hayan sido
los mapuches los agresores de la fuerza pública. “La madrugada de este
sábado comenzó a salir gente a resistir un nuevo allanamiento. La
policía fue quien provocó un enfrentamiento. Poco a poco, fue llegando
más gente y, prácticamente, salió toda la comunidad a defenderla, a
tratar de impedir que allanaran las viviendas. Ese fue el
‘enfrentamiento’ del que habla la prensa y las autoridades”, señala.
“Un
peñi recibió un impacto de perdigón en su cuello, otros tienen impactos
en sus brazos y el tórax. Después de que se produjo el primer
‘encontrón’, Carabineros se retiró de la comunidad. Se desplazaron al
otro lado del río Muco, que divide a la comunidad y colinda con un
fundo. Mientras llegó la prensa, y cuando los voceros de la comunidad
estaban dando declaraciones a la televisión local, Carabineros ingresó
nuevamente, disparando, con más fuerza, lanzando gases lacrimógenos.
Carabineros actuó indiscriminadamente, arrasó con todo incluyendo a los
periodistas, que tuvieron que arrancar. Estaba muy oscuro ya y solo se
oían disparos tras disparos. Las balas en la noche, en la oscuridad,
pueden impactar a cualquiera”, indica Penchuleo.
“Según la versión de Carabineros los disparos que hicieron fueron en
defensa propia… eso ya lo hemos escuchado antes”, señala. “Todo ocurrió
porque hubo un atentado en el Fundo Brasil, que queda bastante retirado
de nuestra comunidad, a más de 10 kilómetros hacia el norte. De alguna
forma, se estaría tratando de inculpar a nuestra comunidad de haber
tenido participación en los incendios. Pero es algo que no nos
sorprende, llevamos más de un año en un proceso de reivindicación
territorial en la zona y cosa que ocurre en el sector se nos atribuye
responsabilidad”, subraya Penchuleo. “Además que en los años 80' la
comunidad tuvo un rol bastante activo en la lucha contra la dictadura,
por eso hemos sido estigmatizados. Todo lo que ocurra en los fundos de
las cercanías se le atribuye a nuestra comunidad. Cosa que pasa viene
Carabineros a tratar de allanar o de capturar a alguien”, denuncia.
“Hace dos meses tomaron preso a un
primo mío, lo llevaron detenido y lo trataron de formalizar por lo
ocurrido en San Leandro, un ataque incendiario. Estuvo detenido una
noche, lo sacaron de su casa, destruyeron su casa, se llevaron los
zapatos de toda la familia, y le ‘cargaron’ balas en los bolsillos.
Dijeron que se las habían encontrado al momento de allanarlo, lo estaban
vinculando a la CAM. Todo mentira. Las familias tienen problemas
económicos para parar la olla y no van a andar comprando balas. Ahí,
abiertamente, mucha gente dijo ‘se está cometiendo una injusticia’.
Gente que vio estas arremetidas y que en primera instancia no estaba
convencida de luchar, se sumó tras el montaje policial”, afirma
Penchuleo.
El Lof Muco
La Comunidad Mateo Ñiripil está en el lof Muco. Los mapuches han ido
recuperando también sus nombres, además de su negada historia. Ñiripil
es la primera comunidad desde la carretera 5 Sur, a la altura de
Pillanlelbun, antes de llegar a Lautaro. Saliendo de Pillanlelbun, al
cruzar el río, sólo hay fundos de grandes empresarios o agricultores no
mapuches. De allí que los comuneros, hace poco más de un año, iniciaran
un proceso de recuperación territorial, reivindicando el fundo Tres
Luces que pertenece a una Sociedad Anónima. “Esa familia es el segundo
grupo económico que más hectáreas posee en la Región, después hay
descendientes de alemanes, suizos y chilenos como los García”, señala
Penchuleo.
A partir del 1883, diversos colonos suizos y alemanes se establecieron
en las provincias de Malleco y Cautín, específicamente en las
localidades de Victoria, Quino, Ercilla, Quillem, Lautaro y Nueva
Imperial, entre otras. Entre los colonos estaban los Widmer Berthet, los
Herdener Schneider. Sus descendientes son empresarios aún ligados al
agro y la agroindustria en Osorno, Temuko, Lautaro y Collipulli. Otra
familia fue la Truhan Grobet, cerca de Galvarino. Responsable de
legalizar el despojo de aquellos años fue la tristemente célebre
Comisión Radicadora. Para el año 1973, la Mateo Ñiripil recuperó sin
embargo parte de su territorio.
“El gobierno de Salvador Allende pagó
al dueño de ese tiempo, la señora Tomasa Rivas. Eso funcionó como un
asentamiento en el sector. Pero, lamentablemente, todos saben lo que
pasó. Vino la dictadura, el golpe militar. Pinochet les entregó
nuevamente los fundos a quienes ya se les había pagado por ellos. Los
comuneros fueron obligados a desalojar. Nuestra comunidad empezó a basar
su lucha por la recuperación de la tierra en esos antecedentes y en
otros que tienen que ver con el Título de Merced que otorgó el Estado.
En este título aparece una cantidad determinada de hectáreas. Si las
comparamos con las que tenemos hoy, no coinciden. Testimonios de
nuestros ancianos señalan que, de acuerdo al Título que se le dio al
lonko Mateo Ñiripil, se le expropió y usurpó más o menos una franja de
50 metros de ancho por unos 6 a 7 kilómetros de largo, todo lo que va
desde la comunidad, el río Muco y hasta los límites de arriba”, subraya.
Recuperar la memoria
En
la comunidad hay cuatro estudiantes universitarios, los primeros que
lograron llegar a la educación superior. Han comenzado a recuperar la
memoria y la historia del sector. “Hemos podido escarbar una historia
que nadie conocía en la comunidad cabalmente. El objetivo es basar la
lucha en nuestro derecho ancestral. Descubrimos que en la actual
comunidad, muchas de las familias que permanecemos ahí habitaban toda la
franja y ribera del río Muco, hasta llegar al puente en Pillanlelbun,
todo ese sector era mapuche y muy poblado. El gobierno cuando erradicó,
trasladó a mapuches hacia arriba y dejó unos pocos en el bajo, más cerca
de Pillanlelbun. Entonces ahí se destruyeron y dividieron las familias.
Todavía están los Pellipan de arriba y los Pellipan de abajo. Antes fue
una sola familia. Dimos con que el Estado entregó todo eso a cuatro
extranjeros franceses, que tocaron 70 ú 80 hectáreas cada uno, después
los fundos fueron pasando de mano en mano. Los alemanes se empezaron a
apoderar de todo. Herdener por un lado, Petersen por otro”, relata Luís.
Contaron su historia olvidada a la comunidad, en reuniones en la sede
social, proyectaron documentales como “El Despojo” o “Wallmapu”, y la
comunidad de a poco despertó. “Mucha gente se empezó a sorprender de esa
historia que no sabían. Empezó ese ímpetu de decir ‘esto nos pertenece’,
‘esto se nos escondió’, ‘hay levantar la verdad’. Harta gente comenzó a
militar más en el movimiento mapuche. Hoy, el 90 por ciento de la
comunidad forma parte del movimiento mapuche. Simpatizan con lo que se
hace y actúan cuando tienen que actuar, en marchas y reivindicaciones.
Hay diferencias como en muchos lados, parte de la comunidad forma parte
del Partido Mapuche, otros no, pero más allá de eso los jóvenes tratamos
de actuar unidos. Si hay diez puntos y en uno estamos de acuerdo,
funcionamos en ese punto, coincidir en lo que nos une, más que en las
diferencias. Nosotros respetamos el derecho de cada uno a ser parte de
la organización mapuche que mejor represente sus ideas, pero como
comunidad vamos hacia un mismo lado”, finaliza.
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