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Mateo Ñiripil, entre la recuperación de la memoria y el asedio policial

Como en tiempos de dictadura, la violencia policial ha vuelto a despertar de madrugada a los mapuches de Mateo Ñiripil. El pasado fin de semana, cientos de efectivos irrumpieron en las viviendas, golpeando y disparando a mansalva. Más tarde, argumentaron buscar a los responsables de un atentado ocurrido a más de 10 kilómetros. Pero el objetivo era la comunidad, señala enfático Luís Penchuleo, joven dirigente que compartió con Azkintuwe pasajes de la lucha de su gente.

ARNALDO PÉREZ GUERRA  -  TEMUKO, WALLMAPU  - 15 / 09 / 09


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Días de terror han vivido los miembros de la Comunidad Mapuche Mateo Ñiripil, del sector Muco Bajo en la comuna de Lautaro. Dirigentes y voceros denuncian desde larga data violentos allanamientos efectuados por Fuerzas Especiales de Carabineros, los que se han incrementado desde la noche del sábado 12 de septiembre. Tras un atentado ocurrido el día anterior y que redujo a escombros la casa patronal y una bodega del Fundo Brasil en el sector Vega Redonda, la Fiscalía abrió una investigación por incendio intencional, desatándose la cacería en los campos de Lautaro. Y uno de los primeros objetivos de las Fuerzas Especiales fue la comunidad Mateo Ñiripil, tal vez una de las más emblemáticas del sector.

Los dirigentes denunciaron a Azkintuwe la brutalidad del actuar policial, que incluyó la participación de civiles armados. El pasado domingo fueron allanadas varias viviendas y hubo enfrentamientos que terminaron con numerosos mapuches heridos por impactos de perdigones. Emilio Penchuleo, activo dirigente de la comunidad, señaló que su vivienda también fue allanada por la policía y que la legítima respuesta de los comuneros fue repeler la agresión “con piedras y palos”. “Carabineros lanzó bombas lacrimógenas que obligaron a los comuneros a taparse el rostro. Allanaron de manera violenta varias viviendas, disparando a la gente. Nuestra comunidad no tiene ninguna relación con lo ocurrido en el Fundo de Fernández Diez”, subrayó.

La violenta jornada policial dejó un saldo de cuatro miembros de la comunidad detenidos: Rodrigo Mila Ñiripil, de 15 años; Adolfo Ñiripil Morales, de 35 años y quien recibió impactos de perdigones en su pierna izquierda; su esposa Aurelia Huenchun Cayupan, de 35 años; y Mario Caniupan Cayupan, de 38 años. Todos ellos fueron trasladados a cuarteles policiales de Lautaro y luego hasta la capital regional. Ayer lunes, el Tribunal de Garantía decretó la liberación de todos ellos, quedando sin embargo Mario Caniupan Cayupan citado a la Fiscalía Militar. Se lo acusa de agredir con arma de fuego corta a un funcionario policial que participaba del operativo, lo que es desmentido de manera categórica por los dirigentes de la comunidad.

La violencia de siempre

Luís Penchuleo es miembro de la comunidad. Hijo de don Emilio, fue presidente del Hogar Mapuche Pelontuwe, así como del Centro de Alumnos de la Escuela de Periodismo de la Universidad de la Frontera (UFRO). En las pasadas elecciones municipales, fue además candidato por el Partido Mapuche Wallmapuwen a la alcaldía de Lautaro, logrando un transversal respaldo en las comunidades de su sector. En conversación con Azkintuwe, relata lo sucedido el pasado fin de semana, descartando que hayan sido los mapuches los agresores de la fuerza pública. “La madrugada de este sábado comenzó a salir gente a resistir un nuevo allanamiento. La policía fue quien provocó un enfrentamiento. Poco a poco, fue llegando más gente y, prácticamente, salió toda la comunidad a defenderla, a tratar de impedir que allanaran las viviendas. Ese fue el ‘enfrentamiento’ del que habla la prensa y las autoridades”, señala.

“Un peñi recibió un impacto de perdigón en su cuello, otros tienen impactos en sus brazos y el tórax. Después de que se produjo el primer ‘encontrón’, Carabineros se retiró de la comunidad. Se desplazaron al otro lado del río Muco, que divide a la comunidad y colinda con un fundo. Mientras llegó la prensa, y cuando los voceros de la comunidad estaban dando declaraciones a la televisión local, Carabineros ingresó nuevamente, disparando, con más fuerza, lanzando gases lacrimógenos. Carabineros actuó indiscriminadamente, arrasó con todo incluyendo a los periodistas, que tuvieron que arrancar. Estaba muy oscuro ya y solo se oían disparos tras disparos. Las balas en la noche, en la oscuridad, pueden impactar a cualquiera”, indica Penchuleo.

“Según la versión de Carabineros los disparos que hicieron fueron en defensa propia… eso ya lo hemos escuchado antes”, señala. “Todo ocurrió porque hubo un atentado en el Fundo Brasil, que queda bastante retirado de nuestra comunidad, a más de 10 kilómetros hacia el norte. De alguna forma, se estaría tratando de inculpar a nuestra comunidad de haber tenido participación en los incendios. Pero es algo que no nos sorprende, llevamos más de un año en un proceso de reivindicación territorial en la zona y cosa que ocurre en el sector se nos atribuye responsabilidad”, subraya Penchuleo. “Además que en los años 80' la comunidad tuvo un rol bastante activo en la lucha contra la dictadura, por eso hemos sido estigmatizados. Todo lo que ocurra en los fundos de las cercanías se le atribuye a nuestra comunidad. Cosa que pasa viene Carabineros a tratar de allanar o de capturar a alguien”, denuncia.

“Hace dos meses tomaron preso a un primo mío, lo llevaron detenido y lo trataron de formalizar por lo ocurrido en San Leandro, un ataque incendiario. Estuvo detenido una noche, lo sacaron de su casa, destruyeron su casa, se llevaron los zapatos de toda la familia, y le ‘cargaron’ balas en los bolsillos. Dijeron que se las habían encontrado al momento de allanarlo, lo estaban vinculando a la CAM. Todo mentira. Las familias tienen problemas económicos para parar la olla y no van a andar comprando balas. Ahí, abiertamente, mucha gente dijo ‘se está cometiendo una injusticia’. Gente que vio estas arremetidas y que en primera instancia no estaba convencida de luchar, se sumó tras el montaje policial”, afirma Penchuleo.

El Lof Muco

La Comunidad Mateo Ñiripil está en el lof Muco. Los mapuches han ido recuperando también sus nombres, además de su negada historia. Ñiripil es la primera comunidad desde la carretera 5 Sur, a la altura de Pillanlelbun, antes de llegar a Lautaro. Saliendo de Pillanlelbun, al cruzar el río, sólo hay fundos de grandes empresarios o agricultores no mapuches. De allí que los comuneros, hace poco más de un año, iniciaran un proceso de recuperación territorial, reivindicando el fundo Tres Luces que pertenece a una Sociedad Anónima. “Esa familia es el segundo grupo económico que más hectáreas posee en la Región, después hay descendientes de alemanes, suizos y chilenos como los García”, señala Penchuleo.

A partir del 1883, diversos colonos suizos y alemanes se establecieron en las provincias de Malleco y Cautín, específicamente en las localidades de Victoria, Quino, Ercilla, Quillem, Lautaro y Nueva Imperial, entre otras. Entre los colonos estaban los Widmer Berthet, los Herdener Schneider. Sus descendientes son empresarios aún ligados al agro y la agroindustria en Osorno, Temuko, Lautaro y Collipulli. Otra familia fue la Truhan Grobet, cerca de Galvarino. Responsable de legalizar el despojo de aquellos años fue la tristemente célebre Comisión Radicadora. Para el año 1973, la Mateo Ñiripil recuperó sin embargo parte de su territorio.

“El gobierno de Salvador Allende pagó al dueño de ese tiempo, la señora Tomasa Rivas. Eso funcionó como un asentamiento en el sector. Pero, lamentablemente, todos saben lo que pasó. Vino la dictadura, el golpe militar. Pinochet les entregó nuevamente los fundos a quienes ya se les había pagado por ellos. Los comuneros fueron obligados a desalojar. Nuestra comunidad empezó a basar su lucha por la recuperación de la tierra en esos antecedentes y en otros que tienen que ver con el Título de Merced que otorgó el Estado. En este título aparece una cantidad determinada de hectáreas. Si las comparamos con las que tenemos hoy, no coinciden. Testimonios de nuestros ancianos señalan que, de acuerdo al Título que se le dio al lonko Mateo Ñiripil, se le expropió y usurpó más o menos una franja de 50 metros de ancho por unos 6 a 7 kilómetros de largo, todo lo que va desde la comunidad, el río Muco y hasta los límites de arriba”, subraya.

Recuperar la memoria

En la comunidad hay cuatro estudiantes universitarios, los primeros que lograron llegar a la educación superior. Han comenzado a recuperar la memoria y la historia del sector. “Hemos podido escarbar una historia que nadie conocía en la comunidad cabalmente. El objetivo es basar la lucha en nuestro derecho ancestral. Descubrimos que en la actual comunidad, muchas de las familias que permanecemos ahí habitaban toda la franja y ribera del río Muco, hasta llegar al puente en Pillanlelbun, todo ese sector era mapuche y muy poblado. El gobierno cuando erradicó, trasladó a mapuches hacia arriba y dejó unos pocos en el bajo, más cerca de Pillanlelbun. Entonces ahí se destruyeron y dividieron las familias. Todavía están los Pellipan de arriba y los Pellipan de abajo. Antes fue una sola familia. Dimos con que el Estado entregó todo eso a cuatro extranjeros franceses, que tocaron 70 ú 80 hectáreas cada uno, después los fundos fueron pasando de mano en mano. Los alemanes se empezaron a apoderar de todo. Herdener por un lado, Petersen por otro”, relata Luís.

Contaron su historia olvidada a la comunidad, en reuniones en la sede social, proyectaron documentales como “El Despojo” o “Wallmapu”, y la comunidad de a poco despertó. “Mucha gente se empezó a sorprender de esa historia que no sabían. Empezó ese ímpetu de decir ‘esto nos pertenece’, ‘esto se nos escondió’, ‘hay levantar la verdad’. Harta gente comenzó a militar más en el movimiento mapuche. Hoy, el 90 por ciento de la comunidad forma parte del movimiento mapuche. Simpatizan con lo que se hace y actúan cuando tienen que actuar, en marchas y reivindicaciones. Hay diferencias como en muchos lados, parte de la comunidad forma parte del Partido Mapuche, otros no, pero más allá de eso los jóvenes tratamos de actuar unidos. Si hay diez puntos y en uno estamos de acuerdo, funcionamos en ese punto, coincidir en lo que nos une, más que en las diferencias. Nosotros respetamos el derecho de cada uno a ser parte de la organización mapuche que mejor represente sus ideas, pero como comunidad vamos hacia un mismo lado”, finaliza.

 
 


 

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