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INTENTO DE GOLPE DE ESTADO |
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Bolivia te rompe el
corazón. Tanto odio, tanta destrucción, tanta impotencia
escenificada en una especie de pueblada burguesa en contra de los
indígenas y los campesinos para mantener viejos privilegios, ante la
pasividad del gobierno, de su policía y de las fuerzas armadas. El
presidente Evo Morales, recientemente ratificado por dos tercios del
voto, debe tragar saliva ante cada nueva embestida para evitar dar
la orden que lleve al baño de sangre. |
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Por Santiago
O'DONNELL*
I
Azkintuwe |
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Manifestación en apoyo a Morales. |
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Foto de Agencias. |
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Dio
pena ver por televisión esta semana a jóvenes clasemedieros bolivianos
armados con palos, piedras, pistolas y escopetas tomando aeropuertos,
canales de televisión y todo tipo de instituciones públicas, destruyendo
mercados populares y apaleando a campesinos, en decenas de acciones de
choque repartidas entre Santa Cruz, Beni, Pando y Chuquisaca,
coordinadas y previamente concertadas por los gobernadores, con un
diplomático estadounidense actuando como facilitador, acciones que
culminaron con la masacre de quince líderes indígenas ametrallados a la
vera de un camino en Pando, asesinados por un escuadrón de la muerte que
respondería al gobernador, Leonel Fernández, hoy buscado por genocidio.
Bolivia te rompe el corazón. Tanto odio, tanta destrucción, tanta
impotencia escenificada en una especie de pueblada burguesa en contra de
los indígenas y los campesinos para mantener viejos privilegios, ante la
pasividad del gobierno, de su policía y de las fuerzas armadas. El
presidente Evo Morales, recientemente ratificado por dos tercios del
voto, debe tragar saliva ante cada nueva embestida para evitar dar la
orden que lleve al baño de sangre.
Bolivia está al borde de la guerra civil. Aunque el gobierno y los
líderes de la oposición acordaron sentarse a negociar esta tarde, las
rebeliones son muy difíciles de controlar una vez que se desatan, y su
propia inercia las lleva a radicalizarse. No hay salida política posible
cuando se desconoce la ley, las autoridades legítimamente elegidas y las
reglas de juego de la democracia. Cuando las disputas se dirimen a
través del uso de fuerza, ganan los que tienen más fierros.

Sin fuentes de ingresos y
con las rutas cortadas, la rebelión de los ricos no puede durar mucho
porque los empresarios pierden plata. Por dar un ejemplo, la feria de
Santa Cruz, la más grande del país, debía arrancar en dos semanas. El
año pasado reunió a 3000 empresarios de 40 países. Ahora quién sabe si
se hace, ni quién va a participar, ni cómo van a llegar con las rutas
cortadas y los aeropuertos tomados. |
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En Bolivia los
fierros pesados son de las fuerzas armadas. Por algo sus cuarteles y
destacamentos son prácticamente las únicas instituciones federales que
las patotas autonomistas no han atacado. Los militares en actividad han
dado muestras de lealtad al gobierno de Morales. Se trata de una
cuestión cultural. El 90 por ciento de los soldados bolivianos son
indígenas. El servicio militar es obligatorio, pero muchos blancos
consiguen libretas médicas. “El indígena que no hace cuartel (colimba)
es mal visto en su comunidad, como que no se hizo hombre. Evo es el
primer presidente que hizo cuartel desde la dictadura y eso los
militares lo respetan”, cuenta uno de sus asesores.
Cuando asumió en el 2006, Morales pasó por alto una promoción de
generales, presuntamente involucrados en una compra irregular de
misiles, para nombrar a su cúpula militar. Desde entonces no ha habido
intrigas ni complots dentro de la fuerza y la cúpula se ha mantenido
intacta, a pesarde los esfuerzos de algunos militares retirados
vinculados a la oligarquía cruceña. Los autonomistas dicen que no van a
devolver los edificios federales que tomaron, sino que los van a
reconvertir en entes provinciales, y así van a empezar a aplicar los
estatutos autonómicos que votaron el año pasado.
Pero no es lo mismo tomar el edificio de la dirección impositiva que
capturar los ingresos que esa oficina percibía antes de la toma, por la
sencilla razón de que el gobierno redireccionó a los grandes
contribuyentes para que paguen sus impuestos y tributos directamente en
La Paz. Así como los estatutos fueron declarados ilegales de antemano
por la Corte Electoral y desconocidos por la comunidad internacional, lo
mismo pasa con las instituciones que surgen de su aplicación.
Sin fuentes de ingresos y con las rutas cortadas, la rebelión de los
ricos no puede durar mucho porque los empresarios pierden plata. Por dar
un ejemplo, la feria de Santa Cruz, la más grande del país, debía
arrancar en dos semanas. El año pasado reunió a 3000 empresarios de 40
países. Ahora quién sabe si se hace, ni quién va a participar, ni cómo
van a llegar con las rutas cortadas y los aeropuertos tomados.
Lo más triste es que todo este caos se desató porque el gobierno impuso
un recorte promedio del seis por ciento en sus transferencias a las
prefecturas para pagarle una modesta jubilación a los más pobres, la
llamada Renta Dignidad. Y no es que las prefecturas venían sufriendo la
codicia del gobierno central, sino todo lo contrario: además de contar
con uno de los sistemas fiscales más federales del mundo, la
estatización de los hidrocarburos que decretó el gobierno que hoy
combaten había triplicado sus ingresos en menos de tres años.
El problema principal que tienen los autonomistas es la creciente
popularidad de Evo Morales. El presidente que llegó al gobierno con poco
más de la mitad de los votos había prometido una reforma redistributiva
pero necesitaba algún tipo de acuerdo con la oposición para sumar los
dos tercios en la Asamblea Legislativa que iba a modificar la
Constitución. Pero en el referéndum revocatorio del mes pasado Morales
sumó más del 67 por ciento de los votos. Si repite la performance en el
referéndum constitucional de principios del año que viene, entonces su
Constitución habrá sido refrendada por mayoría absoluta, reelección
incluida, sin necesidad de hacer concesiones.
Este es el escenario que desespera a los autonomistas. Su única
esperanza es que Morales muerda el anzuelo y desate una represión feroz
que los ponga en el lugar de víctimas, para así justificar su
insurrección. Pero hasta ahora Morales ha hecho prevalecer su paciencia
aymara, su muñeca de gremialista y su visión de estadista, prefiriendo
mostrarse débil antes que entrar en la espiral de violencia.
Pero en un punto Morales es prisionero de su propio éxito. Cuanto más
avanza con sus reformas, más crece su popularidad. Cuanto más crece su
popularidad, más se aísla la oposición autonomista. Cuanto más se aísla
la oposición, más arriesga. Perdida por perdida, sale a quemar las
naves. El objetivo ya no es imponer el programa propio sino incendiar el
proyecto del gobierno en un acto de destrucción mutua. Para lograrlo,
los autonomistas no dudan en recurrir a lo más bajo de la política: el
racismo, la xenofobia, el macartismo, la demagogia, el nacionalismo
barato, los insultos, las patotas, los palos, las palizas, los saqueos,
las masacres.
Entonces el pueblo agredido quiere reaccionar y el jefe de Estado
intenta contenerlo. Pero no es fácil esperar que actúe la Justicia, que
funcionen las instituciones, que se calmen las aguas para recuperar lo
robado y rehacer lo destruido. No es fácil sentarse a ver cómo las
llamas del odio se devoran rutas, oficinas, estaciones, mercados, vidas
humanas y la esperanza de un futuro mejor. Te rompe el corazón /
AZ
* Escritor y periodista
argentino. Gentileza
www.pagina12.com.ar
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