| |
 |
|
FOTO DE
ARCHIVO. |
| |
|
|
Producto de un balazo por la espalda,
el día 12 de agosto de 2009, Jaime Facundo Mendoza Collío, de 24 años,
resultó muerto tras ser baleado por el efectivo de Carabineros de
Fuerzas Especiales de Santiago, Patricio Jara Muñoz, repeliendo la
acción de un grupo de familias pertenecientes a la comunidad Requen
Pillán que ocuparon el fundo San Sebastián. Quienes participaron de la
acción declararon que no hubo ataque alguno, que contaban solo con palos
y boleadoras, y que estaban arrancando del ataque policial.
Sin embargo, desde un primer momento
el alto mando de carabineros señaló que el actuar de Jara había sido en
‘legítima defensa’ al ser emboscado por mapuches, quienes lo habrían
cercado y disparado con escopetas ante lo cual se vio obligado a
responder con su pistola 9 milímetros. Igual situación ocurrió con las
autoridades de gobierno, en palabras del Subsecretario de Interior,
Patricio Rosende, quien señaló que el actuar policial fue “ajustado a
derecho y cuenta con todo nuestro respaldo”.
Más grave aún, ya en días anteriores
se había previsto un desenlace fatal, según se desprende de las propias
palabras del Ministro de Interior, Edmundo Pérez Yoma, quien ante las
ocupaciones de diversos predios en la comuna de Ercilla ordenó reforzar
la dotación policial en la zona, en particular de fuerzas especiales, y
luego declaró a la prensa que “…lo que ha pasado en estos 3 ó 4 días va
a terminar de inmediato”. Efectivamente, no pasaron más de 3 o 4 días y
se terminó con la vida de un comunero mapuche.
En días recientes se hizo pública la
autopsia de Jaime Mendoza Collío, realizada en el Servicio Médico Legal
de Angol, el que concluyó en que su muerte se debió a un impacto de
proyectil que entró por la espalda y salió por el costado derecho del
tórax, que la bala le destrozó el corazón, que el disparo se efectuó a
corta distancia y que el deceso se produjo en forma instantánea. Por su
parte, detectives de la Brigada de Homicidios de Temuco no encontraron
evidencias de un enfrentamiento en el sitio del suceso. Luego, el hecho
ocurrió a dos kilómetros de donde se realizó la toma, por lo cual se
estima que el policía persiguió a la víctima hasta darle muerte. Así se
desvirtúa en forma contundente y en todos sus puntos las declaraciones
del gobierno y de la policía.
El ministro del Interior declaró que
la muerte de Jaime Mendoza Collío fue un ‘lamentable accidente’ y que
constituye un ‘hecho aislado’. Ni lo uno ni lo otro. No fue un accidente
en la medida que se disponen todos los elementos para reprimir las
movilizaciones mapuche, que se militariza y se invade con retenes y
presencia policial todo el territorio mapuche, y se asume que aquella
será la estrategia para salvaguardar el ‘estado de derecho’. No fue un
hecho aislado como tampoco lo son la muerte de Alex Lemún, asesinado por
el carabinero Marco Aurelio Treuer, de Matías Catrileo, asesinado por el
cabo Walter Ramírez Espinoza, de Zenén Díaz Necul, de Juan Domingo
Collihuin, de Julio Alberto Huentecura Llancaleo, de Luis Lican, de
Jorge Antonio Suárez Marihuan, de Jhonny Cariqueo Yáñez, todos casos que
han quedado en la más absoluta impunidad. No es un hecho aislado ni un
accidente porque lo sucedido forma parte de la política permanente del
Estado chileno en su relación con el pueblo mapuche.
Tampoco es un hecho aislado en la
medida que las comunidades que habitan las inmediaciones del cerro
Chiguaihue, donde fue asesinado Jaime Mendoza Collío, la lucha por
recuperar el territorio ancestral, así como la represión, la persecución
y la muerte, forman parte de su memoria histórica. Efectivamente. A
partir de año 1862 el Estado chileno decide ocupar militarmente el hasta
entonces territorio autónomo mapuche que se extendía entre el río Bio
bio y el Toltén, y lo hará formando líneas de fuertes a medida que el
Ejército avanzaba hacia el sur. Fundamental en ello fue el
adelantamiento de la línea de frontera hacia el río Malleco, el primer
gran objetivo del Ejército de la Araucanía, para lo cual a partir del
mes de Julio de 1867 se ordena la construcción de los fuertes de Curaco,
Perasco, Collipulli, Mariluan, Chiguaihue, Lolenco, Cancura y Huequen,
cubriendo así todo el valle central de la frontera norte del territorio
mapuche, a la vez que confiscar para el Estado un gran espacio
territorial en el que se irán paulatinamente integrando colonos,
chilenos y extranjeros. El territorio mapuche comienza así su camino de
usurpaciones, y la puerta de entrada será Chiguaihue.
Previamente, en el año 1865, llegan a
oídos de las autoridades militares asentadas en la Araucanía y
encabezadas en ese entonces por el coronel Basilio Urrutia rumores de
que se preparaba un gran levantamiento mapuche encabezado por Lonko
Kilapan, razón por la cual el jefe militar despachó una división de 800
hombres al interior, hacia Chiguaihue y Collico, bajo el mando del
teniente coronel don Pedro Lagos quien informará luego: “… me puse en
marcha hacia ultra Malleco con 800 hombres, que los componían 150 de
infantería de línea, 28 de granaderos a caballos, los escuadrones 3º y
4º del departamento i 5º y 6º del de Laja. Esta fuerza se unió en los
rincones de Chiguaihue con una de 200 hombres. Todo el tiempo de la
campaña que termina hoy, se ocupó la división en castigar a los
indígenas que favorecen i apoyan a los cristianos malhechores,
destruyendo sus habitaciones i sementeras i tomando sus haciendas.
Varias indias viejas tomadas en los bosques, se pusieron en libertad
comunicándoles el pensamiento de US. a fin de que fuera trasmitido a las
reducciones indíjenas i llegara así al conocimiento de todos, esto es,
que la autoridad se halla dispuesta a castigar i perseguir en todo
sentido a los que cometen depredaciones en las poblaciones i campos de
cristianos”.
Los hechos de sangre se multiplican en la zona, y el 5 de enero de 1869
se produce una descomunal lucha a 2 kilómetros al norte de Chiguaihue,
en la ribera derecha del Malleco, luego de la cual las fuerzas de
Kilapan se retiran maltrechas y con no pocas bajas. Las armas de fuego
del ejército chileno hacían la diferencia, al igual que en la
actualidad. Aunque algunos historiadores sostengan que no hubo tal
guerra y que se trató de un encuentro de civilizaciones, una empresa de
Pacificación, el informe del Estado del Cuartel General del Ejército de
Ocupación, al 31 de Diciembre de 1870, señala que “el ejército constaba
de 2.455 hombres, de los batallones 2º, 3º y 7º línea, tercer escuadrón
de cazadores a caballo, regimiento de granaderos, escuadrones número 2 y
3 de Nacimiento i partidas de observación de la 1ª y 2ª secciones.
Guarecían estos cuerpos las plazas i fuertes de Chiguaihue, Lolenco,
Cancura, Collipulli, Mariluan, Perasco, Curaco, torre 5 de Enero,
Huequen, Tigueral Rucapillan, Angol, Colhue, torres de Maipú, de Alcázar
i Las Heras, puente del Malleco, Coronado, Esperanza i trabajos del
canal”. Si aquellas no son instalaciones de guerra ¿qué son?
Ahora bien, con la ocupación militar
viene de la mano la hijuelación del territorio mapuche, la fundación de
pueblos donde antes hubieron fuertes, y comenzó a llegar al área un
número importante de colonos que -tal como lo hicieron los españoles 300
años antes- venían en busca de riqueza y bienestar y a ocupar un
territorio ajeno, el territorio mapuche. Dicho proceso permanece vivo en
la memoria de los descendientes de aquellos que fueron despojados de sus
dominios y reducidos en sus espacios, como es el caso de don José
Eugenio Curipan, actual viviente de Ranquilco, en las cercanías de
Chiguaihue:
“Empezó a llegar gente cuando llegó Collipulli…Y ahí empezaron a
arrinconar todo para acá, cuando llego también ese caballero McKay, ahí
fue cuando a nosotros nos empezaron a arrinconar, ahí nos dejaron
encerrados a nosotros acá, y anteriormente llegábamos hasta el río
Malleco por el Norte, eso decían los antiguos”. En el mes de mayo de
1878 se rematan en la ciudad de Santiago, lejos de la Araucanía y de sus
legítimos dueños, 77.776 hectáreas ubicados al sur del Malleco, de
Chiguaihue, Los Sauces, Purén, Lumaco, Curaco. En forma paralela, en el
año 1876 se parcelaban las tierras que iban desde Chiguaihue hasta
Huequen y Pidenco, por un total de 48.000 hectáreas.
En contraste con ello, en los faldeos
del cerro Chiguaihue a mediados del siglo XIX existía una importante
población mapuche, un lof cuya máxima autoridad era Lonko Pillan, y que
se extendía entre el río Malleco y el Huequen. Sin embargo, luego de ser
ocupado militarmente el territorio las familias mapuche son perseguidas,
y el antiguo territorio mapuche es hijuelado y rematado a particulares,
quienes dan origen al fundo Chiguaihue. En contraste con ello, a las
familias mapuche se les entrega Título de Merced, en los cuales solo les
es reconocido en dominio los lugares en que tenían la ruca y los huertos
familiares, despojándolo del resto, del gran territorio. No obstante lo
anterior, en la memoria de las familias mapuches el territorio antiguo
continúa presente, así como continúa presente como se perdió ese
territorio antiguo. Don José Garrido Marileo, comunero de Requen Pillan,
habla con las palabras de su abuelo, José Marileo Huaiquimil, de quien
obtuvo la siguiente enseñanza:
“El conocimiento de nosotros es el de
los ancianos, y ellos conversaban de que todo este territorio era de los
mapuches anteriormente, era del río Malleco al río Huequen, y ahí
comenzaron a llegar los colonos, ahí acorralaron a las comunidades, y
donde las dejaron en un solo lugar le pusieron reducción, porque por no
decirle que están reducidos le pusieron reducción, eso era el territorio
mapuche acá, porque nosotros estábamos acorralados… Se ha encontrado
harto resto de alfarería, cosas de donde hacían loza los antiguos,
piedras también, boleadoras, en toda esa parte que está dentro del
fuerte Chiguaihue hacia acá, del río Malleco hacia acá. Ahí quedan
huellas de la primera expedición que hizo el ejército, hay un puente
colgante ahí, unas fosas, en que se nota que ellos ahí hicieron su
expedición, son lugares como para protegerse.”
Todo ello fue sustraído del dominio mapuche y es adjudicado a
particulares en la década de 1870. Lorenzo Curipan señala la
intencionalidad que había detrás, y relata que “Según contaba el finado
de mi padre, antes de nuestra generación estaba Manuel Pillan, cuando
llegaron los colonos, él era el que mandaba en esta parte, después ya
hicieron como división de las familias, … el mismo Estado los reducía,
para entregarle tierra de a poquititos, engañarlos, como lo están
haciendo ahora.” En definitiva, en la antigua jurisdicción de Manuel
Pillan comienzan a convivir, a partir del proceso de reducción
territorial, dos realidades: las familias mapuches en títulos de merced,
reducidas, sin posibilidad de acceso a los recursos que les permitían la
supervivencia material y cultural, los bosques, las aguas; y los
colonos, quienes se adjudicaron en remate fiscal las tierras que se
sustrajeron a las familias mapuche, dando al fundo Chiguaihue, un fundo
emblemático en la historia mapuche de Malleco.
¿Cómo se origina el fundo Chiguaihue? El primeros propietario de las
hijuelas que luego darán forma al fundo Chiguaihue es Juan Mackay, quien
adquirió las tierras citadas en remate fiscal en el año 1897, bajo un
manto de legalidad se formó la propiedad particular no mapuche en
Chiguaihue: se parceló el territorio, se remataron las hijuelas,
adquirió varias hijuelas colindantes (lo que estaba prohibido por ley),
las inscribió ante el Conservador de Bienes Raíces, y luego, sumando el
conjunto de ellas, se dio forma al fundo Chiguaihue. Un clásico en
cuanto a la forma de constituir la gran propiedad latifundaria en el
territorio mapuche.
A ello se enfrentó, y se enfrenta hasta nuestros días, la legitimidad de
origen del fundo Chiguaihue. Las familias mapuche señalan que previo a
la radicación ocupaban la totalidad del espacio territorial donde se
asentó dicho predio, no sólo donde se encontraban las rukas, los huertos
familiares, es decir, lo cercado, sino también los bosques, las aguas,
los cerros, todo lo que en conjunto conformaba al hábitat mapuche,
aquello que se sustrajo de su dominio. También señalan las familias
mapuche del sector que nunca se desprendieron de dichos espacios, que el
Estado chileno, en un acto unilateral revestido de legalidad lo declaró
‘sin ocupación’ y lo remató a los particulares, pero que los mapuches
nunca enajenaron sus derechos, y por el contrario, dichos derechos se
han mantenido como la base de sus demandas territoriales.
Ya hijuelado el territorio el primer conflicto con particulares se
producen en la década de 1930, ya no con Juan Mackay sino con la familia
Anguita, sucesores del dominio del fundo Chiguaihue, a cuyos miembros
demandaron y denunciaron ante el Juzgado de Indios de Victoria.
Efectivamente, los comuneros de Requen Pillan, representados por Antonio
Curipan Curipan, Juan Paine Mellio y Juan Lican Curipan, demandan a
Roberto Anguita, a quien acusan de ocuparle “indebidamente sendos
retazos de terreno en su parte Oriente y Sur, sin que puedan precisar la
extensión. El señor Mackay, hará como ocho años, al cerrar propiedad en
la parte colindante, les privaba como de 150 hectáreas de la mejor
montaña y piden la restitución”. Vecinos de los anteriores son las
familias de Chequenco, encabezadas por José Millacheo Levio, quien el 2
de mayo de 1929 comparece ante el Juzgado de Indios de Victoria, en el
cual “viene en insistir en su reclamo contra don Roberto Anguita,
agregando que este caballero le está sacando, por medio de sus
empleados, toda la leña y vendiéndola. Expresa que en cambio a los
comuneros de su reducción no se les permite sacar la leña existente".
La relación de las comunidades
mapuche vecinas y colindantes al fundo Chiguaihue con los propietarios
de dicho predio ha tenido una constante: la lucha por los bosques y la
leña. Poco tiempo después, el 24 de Octubre de 1930, las familias de
Chequenco presenta ante el Juzgado una orden de amparo , declarando que
“hanse venido a quejar de que don Roberto Anguita les ha impedido que
sigan explotando la montaña que está dentro de su propiedad,
amenazándolos de balazos si persisten en ello”, prueba evidente de las
amenazas y de la violencia ejercida sobre las familias mapuche por la
familia Anguita.
Treinta años después, a fines del año 1961 y antes de que se iniciara el
proceso de Reforma Agraria, las familias mapuche comienzan a reivindicar
tierras usurpadas que se encontraban dentro del fundo Chiguaihue,
ocupando el predio una y otra vez, hasta lograr su recuperación. La
prensa de la época señalaba que la familia Silva Correa, ahora
propietaria del fundo Chiguaihue, “...se adueñó de 175 hectáreas de las
tierras indígenas, precisamente el sector de montaña, desde donde
sacaban leña y producían carbón. Junto a ello, los mapuches denuncian
que en la parte usurpada, que se suma a las 4.000 hectáreas del fundo
Chihuaihue, se encuentra el cementerio de la comunidad, prueba
irrefutable de la pertenencia indígena de dichas tierras”.
La ocupación de las tierras fue
resistida por el propietario, resultando herido uno de los mapuches, el
que murió posteriormente a los sucesos, como lo consigna la prensa:
“...en dichos hechos fue baleado, por parte de Ignacio Silva Correa,
quien estuvo 4 días detenido, un mapuche de apellido Collío, el que
falleció en el mes de octubre de 1961”, continuando así con el historial
de muerte de las comunidades del sector. Silva Correa, asesino de Carlos
Collío, estuvo detenido sólo 4 días. Sin embargo, los comuneros mapuche
volvieron a ingresar al predio una y otra vez, dando así el puntapié
inicial a lo que sería un largo y sostenido proceso de movilizaciones y
acciones mapuche dirigidas a la recuperación y ampliación de sus
dominios.
La comunidad Requen Lemun, en Agosto
de 1969 recuperó -por la vía de la ocupación- las tierras del Fundo
Chiguaihue, acción en la que participaron 200 familias exigiendo la
aplicación de la Ley de Reforma Agraria. Don José Garrido Marileo
recuerda que “Para la recuperación de tierras en esos años, recuerdo yo
que el 20 de Agosto del 69, como a las 9 de la noche ingresamos al
territorio, en la parte de Loma Cuel y ahí nos dirigía en ese tiempo los
dirigentes de cada comunidad, y aquí en esta comunidad era Segundo
Mendoza Minañir. Yo recuerdo de ese día que fue un tiempo de mucho
sufrimiento, fue un año tan lluvioso cuando ingresamos al fundo
Chiguaihue que nuestros viejitos casi se murieron… las personas hacíamos
fuego y se hacía también rogativa y todo para poder calentarse las
personas. Ahí después ya pasamos un tiempo, como 2 o 3 meses sería,
cuando ya después se organizó todo lo que era en ese tiempo el Sindicato
Patronal, los patrones, ahí llegaron todos después para el desalojo,
para sacarnos”.
Se comenzaba a configurar un nuevo cuadro, en el que también
participarían los propietarios de los predios organizándose para
defender sus intereses. El 30 de Agosto de 1969 llegaron hasta la
entrada del predio Chiguaihue cientos de dueños de fundos, provenientes
de Traiguén, Victoria, Collipulli, Angol y Los Ángeles, hecho que dará
paso posterior a la formación de grupos de defensa y luego de retoma y
amedrentamiento sistemático hacia los mapuche. Su presencia organizada
en Chiguaihue constituía una señal de advertencia. Don Alejandro
Riquelme Díaz, actuales viviente de Chiguaihue, recuerda que “Llegaron
como a las 2 de la tarde, estábamos reunidos, entonces llegaron los
‘patronales’ a ver donde estaba la parte de la tierra tomada y cuanta
gente había, y al día siguiente fue el desalojo. Ahí llegaron todos los
patronales, carabineros, venían todos en vehículos, era una ‘melga’
harto larga, los dejaron ahí en la Escuela de Chequenco, de ahí venía la
melga, porque en ese tiempo estaba malo el camino así que llegaron de a
pie casi la mayoría, al campamento donde estábamos nosotros.” José
Curipan relata que ese día “llegaron hartos, camiones llegaron también,
llegaron de a caballo, eran hartos, y aquí estábamos. Así que peleamos
con ellos al final, a palo no más… ellos eran más de 300, nosotros
éramos como 250, más o menos. Eso sí que la pelea no duró mucho, lo que
pasó es que se arrancaron ellos, éramos más valientes nosotros, los
corrimos a palos no más, ellos a caballo y nosotros a pie no más.”
Hacia el mes de Julio de 1970 otras comunidades se plegaban al
movimiento y eran tomados los predios Alaska y Pidenco, también
emplazados en Ercilla. La acusación del gobierno demócrata cristiano,
ocupando un argumento siempre utilizado para desvirtuar las acciones del
movimiento mapuche, se hizo sentir de inmediato: “La ocupación de
Chiguaihue, Alaska y Pidenco fue realizada por elementos extraños, la
mayoría de los cuales pertenecen a reducciones indígenas de la comuna de
Ercilla. Los actores de esta ocupación ilegal son aproximadamente 250
personas”. Acto seguido, se decretó vigilancia policial permanente del
predio Chiguaihue y se declaró el Departamento de Collipulli Zona de
Emergencia, encargando su vigilancia al Regimiento ‘Húsares de Angol’.
Nada nuevo, incluso parece sacado de las políticas respecto de los
mapuche de los gobiernos de la Concertación.
Finalmente, el fundo Chiguaihue es
expropiado y las comunidades dan forma al exitoso Asentamiento Miguel
Cayupan. Sin embargo, la presencia y trabajo mapuche en el predio no
tuvo larga duración. Llegaba el 11 de septiembre de 1973 y con él el
Golpe de Estado, la represión y la muerte en la Araucanía. Don José
Garrido Marileo recuerda que esos días “fueron duros, muy duros,
llevaron varia gente detenida ese tiempo. Fue algo terrible, porque a
los peñis los llevaban igual que verdaderos animales dentro de los
vehículos, de las tanquetas y vehículos grandes que tenían, y el
Presidente de la Comunidad, Segundo Mendoza Millañir, estuvo 2 meses
desaparecido, estuvo por Traiguén, y por un milagro de Dios se salvó”.
A la familia Silva Correa la sucedió
en el dominio del fundo Chiguaihue la Forestal Mininco, y con dicha
empresa continuarán los conflictos, y si bien a partir del año 1998 el
antiguo predio, ahora parcelado en diferentes predios más pequeños, es
demandado, ocupado y desalojado en múltiples ocasiones, éstas acciones
alcanzan su punto cúlmine el día 7 de noviembre de 2002, momento en que
alrededor de 40 personas (la mitad compuesta por ancianos, mujeres y
niños) de la comunidad Montitui Mapu, también emplazada en los faldeos
del cerro Chiguaihue ocupan el fundo Santa Alicia, parte del antiguo
Chiguaihue. No pasó mucho tiempo hasta que la Prefectura Carabineros
recibió la denuncia y comisionó al mayor de Carabineros Marco Aurelio
Treuer Heysen para visitar el lugar y verificar la efectividad de la
denuncia, para lo cual se hizo acompañar por 3 carabineros equipados con
chalecos antibalas, casco y armamento de servicio. Carabineros
comenzaron a disparar y uno de esos disparos, percutado desde la
escopeta Winchester calibre 12 que portaba el mayor Treuer, terminó con
la vida del joven mapuche Alex Lemún Saavedra.
Los mapuche llevaron a Lemún en una
carreta de madera tirada por bueyes hasta el cruce de la comunidad
Requén Bajo, donde lo recogería la ambulancia del Hospital de Angol. Los
padres de Alex Lemun declararon que cuando se enteraron de los hechos
llamaron a carabineros, pero éstos cortaron la comunicación. Luego de
agonizar durante 5 días, Alex Lemun falleció. El 9 de septiembre de 2003
la Corte Marcial decidió que se retiraran los cargos aceptando la
versión ofrecida por Treuer en su defensa, o sea, que él había oído un
disparo de arma de fuego proveniente de los comuneros y una bala había
pasado cerca de él y sus hombres, por lo que decidió utilizar munición
real para protegerles. Sin embargo, aparte de la policía ningún otro
testigo respaldó la versión de los hechos presentada por Treuer, no se
encontraron pruebas materiales que demostraran que los mapuche habían
disparado realmente un arma ni se halló ningún casquillo de bala, aparte
de los usados por la policía. Las pruebas periciales demostraron que
Alex Lemun no disparó arma de fuego alguna. El 17 de septiembre de 2004
se sobresee la causa definitivamente, y el asesino de Alex Lemun goza de
la más absoluta impunidad.
Luego, el 10 de mayo de 2005 el joven
mapuche de 17 años Zenén Díaz Necul, perteneciente a la comunidad Lonko
Mahuida, también de Chiguaihue, fue atropellado por un camión en el
marco de una movilización mapuche en la ruta 5 sur, en el sector del
viaducto del Malleco, en una manifestación que se realizaba en torno a
las reivindicaciones territoriales de la comunidad y en repudio a los
abusos perpetrados por guardias privados de Forestal Mininco contra
lugares y símbolos sagrados como el rewe. El conductor del camión no
respetó el corte de carretera y pasó por encima de los manifestantes
dando muerte al joven mapuche, contando con la complicidad de
carabineros que se encontraba en el lugar, quienes efectuaron disparos y
reprimieron violentamente la protesta, alegando que el camionero ‘se dio
a la fuga’, en un trato clara y groseramente discriminatorio.
En definitiva, el asesinato de Jaime Facundo Mendoza Collío no es ni un
hecho aislado ni un accidente: es parte una historia de conflictos entre
las comunidades mapuche aledañas al cerro Chiguaihue y el Estado
chileno; de una historia en que la muerte ha ocupado un lugar más de una
vez; una historia en que los organismos del Estado han dedicado sus
esfuerzos a defender los intereses de los particulares, sean estos
latifundistas o empresas forestales. El asesinato de Jaime Facundo
Mendoza Collío ocurre en el mismo lugar en donde durante la Ocupación
Militar de la Araucanía se levantó el fuerte Chiguaihue y fue puerta de
entrada para el Ejército de Ocupación, de cuyos hechos existe una
memoria viva en las comunidades mapuche del sector; en el mismo espacio
territorial donde fue asesinado en el año 1962 Carlos Collío, por el
entonces propietario del fundo Chiguahue Ignacio Silva Correa, en
momentos en que las comunidades del sector levantaban una ruka en sus
tierras ancestrales; no es un hecho aislado porque ocurre en el mismo
territorio donde fue asesinado Alex Lemun, también por demandas
territoriales. Finalmente, tampoco es un hecho aislado porque forma
parte de los resultados de una política de Estado para enfrentar las
movilizaciones de demandas territoriales mapuche desde antaño: la
represión.
VOLVER
|